Allí dieron rienda suelta a sus cuerdas vocales Frank Sinatra, Luciano Pavarotti, Liza Minelli; pero también la Orquesta de Bodas y Funerales de Goran Bregovic; Belle & Sebastian y Sui Generis. En el mismo lugar se agarraron a golpes boxeadores célebres y militantes políticos menos famosos en los lanzamientos o cierres de campañas presidenciales. Se trata del equivalente argentino del Madison Square Garden, el Luna Park: un estadio cubierto que ya es parte de la mitología urbana en Buenos Aires. Y que ahora pasó a pertenecer a la Iglesia Católica. Más exactamente, a Cáritas y a la Orden Salesiana.

Casi parece un milagro del nuevo Papa Francisco, pero es el resultado de la voluntad testamentaria de la dueña del 95% de sus acciones, Ernestina de Lectoure. Con nueve décadas y media de vida y sin herederos directos, expiró en febrero de este año, pero hace pocas semanas se supo que había donado la totalidad de su paquete accionario (además de varios locales comerciales en la comercial avenida Santa Fe y diez cuentas bancarias) a la Iglesia. 

Durante algunos días, el fantasma de una venta y la construcción de una torre de oficinas (el centro deportivo y de espectáculos se encuentra en pleno centro de la ciudad, a dos cuadras de la Casa Rosada) alteró algunos ánimos; sin embargo, el Arzobispado anunció que “lo más probable es que se ceda el manejo del predio a una empresa privada, para que siga funcionando como hasta ahora”. Los rockeros ateos, aliviados.