Después de no poca controversia, el 9 de septiembre un tribunal del estado de Quintana Roo entregó la licencia de construcción a un proyecto que pretende ser el mayor centro de negocios chino fuera de China (además del segundo outlet para productos chinos en el mundo, después de uno existente en Dubái): un consorcio integrado por un 90% de inversionistas mexicanos y 10% de inversión extranjera, a través de Chinamex, construirá 3.042 locales comerciales, 722 viviendas y dos bodegas de 20.000 m2 en un terreno de 561 hectáreas. En otras 365 hectáreas el grupo se ha comprometido a llevar a cabo un proyecto sustentable de conservación de la llamada selva baja. 

El desarrollo, que empezará a funcionar a inicios del 2015, costará US$180 millones en su primera fase. Llamado Dragon Mart, pretende ser una de las principales plataformas logísticas para exportar mercancías de China a Estados Unidos y Latinoamérica, y creará –según el consorcio– de 8.000 a 8.500 empleos directos e indirectos. No todos están contentos. Organizaciones ambientalistas como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) denuncian que el desarrollo tendrá un efecto devastador en los arrecifes de coral. Guadalupe Velázquez, de Voces Unidas de Puerto Morelos, explica que “está en peligro todo el sistema que nos permite disfrutar de aguas claras y arrecifes de corales”. A lo que se suma “una deforestación de 220 hectáreas que ya está documentada”. 

Por su parte, Francisco Funtanet, presidente de la Confederación de las Cámaras Industriales (Concamin), dice que “el megaproyecto representará perjuicios incalculables en las inversiones, el empleo, el medio ambiente y los consumidores”. Otras organizaciones, como el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (Ceesp) y el mismo gobierno de la ciudad de Cancún, han expresado también su rechazo al megaproyecto. Los inversores descreen de las críticas, pero detrás de ellas está un hecho que perturba la relación chino-mexicana: con un intercambio de alrededor de US$60.000 millones por año, la balanza comercial está a favor de los asiáticos a una razón de 10 a 1.