Rodrigo Baires Quezada. Edmundo Orellana fue el último ministro de Defensa que le fue fiel a Manuel Zelaya. Exdiputado, abogado y experto constitucionalista, fue uno de los que abogó por hacer una Constituyente en 2009 y uno de los principales detractores de cómo el entonces presidente quiso llevarla a cabo. 

Por ello renunció a su cargo antes del golpe de Estado de 2009. Hoy, cinco años después, sigue siendo una persona allegada a Mel Zelaya, a quién admira por su capacidad política pero que critica abiertamente.

Zelaya sería el gran ganador de las elecciones de este domingo en el país más violento del mundo, el segundo más pobre de América Latina, el más infiltrado por el narcotráfico y que cuenta con un Estado en bancarrota.

“Mel no pierde en estas elecciones”, asegura. ¿Por qué? Porque su capacidad de negociación, en un sistema acostumbrado al “acuerdismo”, al pacto centenario de los partidos Nacional y Liberal, lo hacen un de los políticos con más poder. “Y todo se lo debe al golpe”, dice. 

Según Orellana, la semilla del golpe la sembró el mismo Zelaya, quien intentó seguir vivo en la política en un país donde los presidentes pasan al olvido una vez terminado su período. 

En ese afán, se olvidó de negociar y entró en confrontación con todos los sectores posibles, despertando miedos cuando quiso terminar de tajo con un sistema en el que se sentían cómodas las élites conservadoras y tradicionales de la política y del empresariado hondureño. “Y los miedos se disparan en todos cuando Zelaya se aproximó demasiado a Hugo Chávez”, recuerda.

-¿En todos? ¿Incluso en la izquierda?

-Honduras no es un país donde se sienta la presencia de una izquierda pujante, fuerte y propositiva. Más bien, es uno de los países en la región donde menos presencia tiene.

-¿Pero el acercamiento de Zelaya a Chávez era un acercamiento a la izquierda?

-No, eso era solo una percepción, porque Chávez tenía una política solidaria que ofrecía petróleo en condiciones más favorables (para los países) que cualquier otro país o empresa petrolera. Igualmente tenía un programa asociado a Petrocaribe que permitía participar de algunas utilidades o beneficios que generaba la explotación petrolera. 

Y Mel, viendo que la factura petrolera era lo que más le exigía canalizar recursos y además que se encarecía con la comprar de dólares, vio la oportunidad de librarse de dos costos económicos negociando con Venezuela.

-Pero tocar la industria petrolera y a sus distribuidoras no suena muy pragmático.

-Se afectó a las importadoras. Y negociar con Venezuela no significaba que no podían seguir importando, sino que, bajo estas nuevas condiciones, no podían competir. Además, modificó la fórmula del precio de los combustibles para beneficiar al Estado antes que a las compañías. Eso, desde luego molestó a las empresas, que comenzaron una campaña a la que se unieron todos los demás, porque se aprovecharon de ese temor. ¡Chávez era comunista y se iba a robar a los niños!

-Pero siendo Honduras un país donde la izquierda, desde principios de los años 80, prácticamente no tenía ningún peso, ¿cómo es posible que el fantasma del comunismo siguiera pesando casi tres décadas después?

-¡Olvídese! Aquí la gente es temerosa, muy religiosa, muy conservadora. Aquí todo lo innovador es un pecado y cualquier cosa diferente que se proponga para el sistema es satanizada y neutralizada.

-¡Pero ésta era una decisión únicamente económica!

-Era una decisión que le permitía un mayor flujo de caja. Incluso algunos empresarios pensaron que estaba bien porque veían que con el pago del petróleo en especie se podía colocar productos hondureños en la región. Se hicieron negociaciones y todo iba bien hasta que tocaron los intereses de las petroleras y se generó ese ambiente de temor, al que se unieron todos los que militan bajo la bandera del conservadurismo.

-¿Y esa bandera es un eje transversal en los partidos políticos?

-Claro. El Partido Liberal (PL) nunca tuvo una mayoría de izquierda. Los pocos amagos de izquierda que hubo, como la izquierda democrática, nunca llegaron a cuajar. Siempre ascendieron en el partido una gran cantidad de militantes que se decantaron por la derecha o por el centro derecha. 

Incluso, dentro del Partido Nacional (PN) existieron brotes de la izquierda. El mismo presidente Porfirio Lobo Sosa fue un militante del Partido Comunista y estuvo en la escuela de cuadros en Moscú. Lobo era más de tendencia de izquierda y comunista que Mel Zelaya, que no tiene ninguna formación ideológica en ese sentido.

-¿Ambos finqueros, ambos de Olancho (en el Oriente hondureño, cercano a la selva fronteriza con Nicaragua), pero Lobo con una visión de izquierda en sus años de juventud?

-Los dos son ganaderos y terratenientes. Diría que entre las familias Zelaya y Lobo se reparten todas las tierras de Olancho. Hablamos de gente que tienen en común el mismo origen, la misma formación familiar pero en algún momento Pepe escogió por el lado izquierdo, y Mel se mantuvo en su mismo ambiente tradicional.

-¿Y fue este acercamiento a la izquierda chavista la que disparó el golpe de Estado?

-No, fue que Mel agregó un grado de tensión entre los poderes del Estado. Confrontó al Congreso Nacional, a la Corte Suprema de Justicia (CSJ), al Tribunal Supremo Electoral (TSE), a las iglesias y a los partidos políticos.

-Incluyendo al mismo Liberal, el que lo había llevado a la presidencia.

-Sí, y eso le generó una cantidad de anticuerpos con los que ya no pudo.

-¿No fue ésta una mala decisión política? Digo, el Congreso lo manejaba el Liberal, donde el presidente era Roberto Micheletti, que era a la vez el candidato que al que el mismo Zelaya ungió.

-Pero no era quién había ganado las primarias del Liberal y con Micheletti se tenían diferencias personales.

-¿Personales?

-Sí, porque no era algo ideológico. Esta gente, estos políticos, no son gente de ideología. Ni siquiera cuando hablamos que son derecha es que sean ideológicamente de derecha. Están en una posición tradicional porque la inercia los llevó ahí y se mantienen en ella. Entre ellos había resentimientos personales por el control del PL y en el fondo Mel tampoco apoyaba su candidatura. Y después, Zelaya dispuso, por ejemplo, que no iba a aprobar un nuevo presupuesto de la nación porque esto significaba que los diputados se iban a recetar parte de él para financiar sus campañas.

-¿Cómo así?

-Es que así ha sido siempre. Desde el Congreso se financian muchas candidaturas de los diputados. El que se porta bien recibe una cuota para su candidatura. Él opta por no mandar un nuevo presupuesto y dice públicamente que no lo hace porque financia las campañas.

-Ese tipo de medidas pueden ser populares para los votantes, pero cierran toda opción política electoral a futuro porque rompe con la forma tradicional de hacer política en Honduras. ¿A qué aspiraba Zelaya en ese momento? ¿Se miraba como el reformador del sistema electoral hondureño?

-Él es un hombre pragmático y un líder nato que se aproxima al pueblo fácilmente. Y algunas medidas, como aumentar el salario mínimo o negar el presupuesto al Congreso, lo hicieron más popular.

-Bien, pero el aumento del salario mínimo arrastró todos los salarios haciendo insostenible las finanzas del Estado y la macroeconomía del país, en general; pelearse con el Congreso le ganó más enemigos políticos, incluso en su partido.

-Pero es lo que siente el pueblo es que si antes tenía mil lempiras (US$48), hoy tenía casi dos mil lempiras (US$96).

-¡Pero no era responsable hacerlo si arrastraba a la economía completa!

-Sí, se llama populismo. El efecto que tuvo en la economía fue terrible. El problema es que en una economía sana, esto no debía de generar problemas porque, al tener más dinero la gente, se generaba más movimiento en el mercado.

-Se gasta más en bienes y servicios y el dinero circula. Bien, esa es la teoría, pero Honduras también generó una carga económica para el Estado porque el aumento se tradujo en salarios más altos para el sector de salud y educación, por ejemplo.

-Claro, y aquí en Honduras no hay un mercado sano. Los empresarios hondureños viven de la contratación que pueda hacer el Estado y no de inversiones propias. El Estado es el gran contratante. Sin dinero en el Estado, no hay nada.

-Aun así, a finales de 2008, Zelaya tenía su popularidad por los suelos: solo 1 de 4 hondureños aprobaba su gestión.

-En Honduras, cuando el presidente está a punto de terminar su período se queda solo, así como le pasa a Lobo en la actualidad. Él no representaba un peligro para nadie, ni para el candidato, ni para el partido ni para el sistema. Estaba terminando su período pero se resistía a morir políticamente. Estaba en un proceso agónico y propuso la constituyente.

-Pero la constituyente era algo que se venía proponiendo desde hacía años.

-Se propuso antes de la campaña electoral. Yo era uno de los que proponíamos hacer una nueva constitución que respondiera a la dinámica económica, social, política y cultural de esta Honduras. Nuestra constitución es una mezcla de la del 1957 y del 1976, pero que copiaron y fusionaron mal y que el desafortunado resultado fue ser un adefesio jurídico. Y el asunto fue cuál era el mecanismo más adecuado para hacerla. Yo era de la opinión que jurídicamente no se podía porque la misma constitución no lo permitía.

-La constitución hondureña tiene esos amarres, los famosos artículos pétreos que definen que no se puede cambiar.

-Está hecha para que no la toquen nunca. Mi tesis ha sido que la constitución, más que jurídica, es política y que los problemas de ella se resuelven políticamente y no jurídicamente. Es decir, son los partidos, como representantes de la sociedad, los que de consenso toman la decisión de hacer una nueva Constitución. Yo propuse que el tema se resolviera políticamente, que Mel se acercara a todas las fuerzas políticas y que los convenciera de ello. Así fue que se hizo una ronda de aproximaciones que tuvieron como resultado que todo el mundo estaba de acuerdo con la constituyente.

-¿Todo el mundo?

-¡Todo el mundo! Hasta los más conservadores. Es más, el actual ministro de Seguridad y dirigente democratacristiano, Arturo Corrales, es el que propone a Mel que el mecanismo idóneo y viable para buscar una constituyente es poner la cuarta urna para proponer al pueblo que convoque a una constituyente. Y lo hace durante una reunión con los sectores más conservadores del país. Y Mel acepta, como lo acepta todo el mundo. El actual presidente de la República, a la sazón presidente del Comité Central del PN, le propone al hoy candidato nacionalista, Juan Orlando Hernández, que presente una iniciativa de ley para crear la cuarta urna constitucional. Era una idea atractiva. Nosotros le propusimos que ese era el momento que mandara su propio proyecto, pero Zelaya dijo que no, que era respetuoso del poder popular y que quería preguntarle al pueblo si estaba de acuerdo con hacer una constituyente.

-¿No era darle demasiada vuelta a algo que ya tenía el visto bueno de los sectores políticos?

-Sí. A Mel se le ocurrió buscar un mecanismo para preguntarle al pueblo si quería o no una cuarta urna en las elecciones de noviembre de 2009. Entonces, propone que se haga a través del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) como una consulta popular. Algunos miembros del gobierno le advirtieron que eso no se podía hacer porque el único que podía hacer consultas de ese tipo era el TSE. Pero él no quería utilizar ese mecanismo, quería utilizar un mecanismo que ofrecía el Ejecutivo. En ese momento hay un quiebre en el proceso: Fue cuando viene Chávez a Tegucigalpa y pronuncia un discurso en que le tira a todo el mundo. Y viene Mel y dice: “de mi dicen que soy de centro izquierda. Quiten lo de centro, dejen lo de izquierda, no más”. Eso, dicho a la par de Chávez, generó un temor que inundó el país.

-¿Le creyeron que era de izquierda? Él no es una persona de izquierda e, incluso en este momento, los posicionamiento de LIBRE no son de un partido de izquierda.

-Sí, pero en ese momento era de aprovechar que ese temor se incrementara, se potenciara, porque estaban los intereses de aquellos que habían sido afectados por Mel. Los empresarios de Honduras no perdieron en la época de Mel Zelaya, pero había algunos que ya no ganaban lo que antes ganaban, que es el caso de las petroleras. Entonces, al descubrir que él estaba violando la Constitución al querer proponer una consulta fuera del TSE, todos se pusieron de acuerdo.

-¿Eso no fue algo planificado?

-No, eso surgió después de que vino Chávez. Interpusieron la impugnación contra lo que estaba haciendo Mel y ahí se vio que la cantidad de gente que lo apoyaba era menor. En ese momento, se genera un conflicto al interior del mismo gabinete.

-¿Y es cuando usted deja su puesto?

-Le dije  que no podía hacer eso porque había una orden judicial. Le dije: “a mi juicio, esto no se puede hacer y como no estoy de acuerdo con ello, no puedo estar aquí”. Renuncié, pero otros se quedaron. En esas circunstancias se tensó tanto el ambiente. Él, no sé motivado por qué, cometió actos muy desafortunados, como el haberse ido a meter a la Fuerza Aérea.

-Lo cual fue un insulto a la tropa, a la oficialidad, a las Fuerzas Armadas como institución independiente, que hasta entonces era su aliada.

-Justo así lo vieron ellos. Y lo que terminó de ponerle la lápida fue cuando él despide a toda la cúpula militar. Si él hubiera tenido cuidado, primero hubiera hablado con algunos jefes militares para ver quién aceptaba manejar la sustitución. ¡No, Zelaya los descabeza y se queda sin cúpula militar! No tuvo ese buen tino y se quedó solo.

-¿Cuál era el problema de los militares para no acatar las órdenes de su jefe, del presidente?

-Los militares entran en confusión. Cuando ellos se plantean el problema de la legalidad o no de la consulta, hay quienes dentro de la oficialidad que dicen que no lo es. Pero ellos, por Constitución, no pueden apoyar la idea y son ellos mismos los que le proponen que lo haga con la Policía Nacional (PN) porque así no se mete a las Fuerzas Armadas, que es el garante de la Constitución. En ese punto, decide que se llevará a la cúpula de largo pero que pospondrá la consulta por 15 días.

-La segunda posición era interesante, ¿por qué no la cumple?

-No lo sé. Entre la toma de la decisión en su oficina y el momento en el que bajó al salón hubo un grupo de personas que le dijeron que no podía posponerla. Y decidió no posponerla.

-Entonces vemos a Mel colgado de un autobús con la bandera de Honduras hacia la Fuerza Aérea a rescatar la papelería de la consulta y a darle una bofetada a la oficialidad.

-De ahí en adelante las cosas no se pudieron detener. Había muchos intereses en su contra. Intereses de empresarios, de iglesias, de partidos y de algunas organizaciones no gubernamentales. Y además, en ese momento, se despertaron otras ambiciones. Realmente Michelletti quería ser presidente y vio la oportunidad de su vida. ¡Aunque sólo  fuera por tres días, él iba a ser jefe de Estado! Zelaya no supo defender sus posiciones sino que confrontó a sus opositores, eso unido al miedo, a las ambiciones y a la debilidad que tuvo la comunidad internacional, que no supo actuar a tiempo, hizo que al final estallara todo.

-Lo paradójico es que el golpe lo dieron para matar políticamente a Mel Zelaya, para neutralizarlo.

-¡Y lo revivieron! Él debería de estar agradecido con el golpe porque nunca en la historia de Honduras se ha visto que un expresidente se convierta en la opción popular, con un partido nuevo, con una presencia a nivel mundial. Ahora, Mel es un símbolo de la democracia.

-¿Y un símbolo de la izquierda hondureña?

-Sí, aunque no lo es. En esa época, después de golpe, era el único político que podía pararse en la Plaza de Mayo y todos los bonaerenses iban a saber quién era, o en el Zócalo y los mexicanos sabrían quién era. ¿Cuándo ha sucedido eso en Honduras? ¡Nunca! Y eso lo hicieron los que dieron el golpe. Pero además de eso, estuvimos siete meses aislados totalmente, con un enajenado como jefe de Estado, lanzando diatribas a toda la comunidad internacional. ¡El Estado hondureño perdió el juicio en ese momento!

-¿Y ya recuperó el juicio el Estado hondureño? ¿Qué es lo que depara el futuro para Honduras? Por ejemplo, ¿el pueblo hondureño es capaz de tomar las armas, de salir a las calles si el resultado electoral no les convence?

-No, no lo hizo durante el golpe, no lo va a hacer ahora. Los que tenían valor para hacer eso era la generación de los 50 y los 60 que combatieron a las Fuerzas Armadas con el golpe contra Villeda Morales, en 1963. Esa era la generación que pudo haber hecho algo así, pero esa generación ya está desfasada y no tiene actores en el escenario político. Y los jóvenes de hoy están más interesados en las redes sociales.

-¿Los partidos golpistas permitirán una victoria de Xiomara, la esposa del presidente derrocado?

-Es que mírelo de otra forma, los partidos que posibilitaron el golpe creen que de ganar Libre habrá venganza. Eso es lo que realmente temen. Ellos ya saben que Mel no es un comunista, que no es un izquierdista y que en Libre no prevalece la izquierda, que no será ésta la que maneje el partido ni que la que pudiera manejar eventualmente el gobierno.

-¿Quién será?

-Son los políticos tradiciones que llegaron del Liberal.

-Bueno, ahí está Juan Barahona, un representante del movimiento sindical y designado presidencial en la cúpula de LIBRE.

-Ése es un empleado público nomás.

-¿No habrá venganza?

-Eso es lo que creen los golpistas. Yo no sé el resto, yo puedo hablar por Mel, porque lo conozco bien, y él no es vengativo. Él podrá resentirse pero en algún momento se le pasa y ya. Es un hombre con una enorme capacidad para reciclarse y negociar.

-¿Es buen negociador político?

-Es un gran negociador, un político intuitivo. Mel es un animal político.

-En el caso hipotético que gane Xiomara, ¿qué poder real tendrá si no se tiene la mayoría en el Congreso?

-No va a tener mayoría y solo tendrían una posibilidad en el manejo del presupuesto del Congreso y, de nuevo, el poder de negociación de Zelaya es importante en este punto. Aquí en Honduras todo se compra y todos están a la venta. Muy difícilmente va a encontrar a uno que no esté dispuesto a venderse. De los que van de diputados se sabe que hay una gran cantidad que pueden comprar. Los que no pueden comprar ya no son importantes.

-¿Se puede ganar esta elección con una campaña que gira alrededor de una idea, la realización de una Constituyente, y no de propuestas concretas?

-El asunto es que a estas alturas se le puede preguntar a alguien de Libre qué va a contener la nueva Constitución y nadie le puede decir porque nadie sabe.

-¿La principal promesa de campaña del partido es una constituyente sobre la cual todavía no tienen definido qué puntos tendrán y que no está en sus manos poder aprobarla porque tiene que pasar por un Congreso en la que no tendrá mayoría?

-Así es. Si le preguntas que harán en salud pública, ellos responden que una constituyente. En educación, una constituyente, en seguridad, una constituyente. ¡La constituyente es todo y es nada!

-¿Aunque es algo que no se pueda lograr en el corto plazo?

-Igual, supongamos que ya lo tienen todo listo y hacen la constituyente. ¿Eso resolverá todos los problemas de Honduras? No. Querer hacer una Constitución y querer encasillar en ese molde un pueblo es cometer el mismo error que cometieron en los 80, cuando tiraron un molde y quisieron meternos a todos en él, con el agravante de que esa fue una camisa de fuerza, porque no la podemos cambiar nunca, no importa cuánto engordemos. Lo real es que estamos tan ceñiditos ya que va a llegar un día que vamos a explotar. Y por eso es que la constituyente es necesaria, pero hay que crear las condiciones previas para ello.

-¿Este próximo gobierno será el verdadero “gobierno de transición” después del golpe?

-Después del golpe, todo es transición en Honduras. El sistema político y electoral hondureño no se legitimó nunca porque las últimas elecciones nadie las reconoció. La comunidad internacional al final nos dio algo para que no nos muriéramos de hambre, pero la verdad es que este gobierno fue espurio porque nadie reconoció su legitimidad. Es hasta esta elección que eventualmente podríamos recuperar la legitimidad.

-Algunos seguidores de Libre aseguran que existe el fantasma del fraude rondando, que la decisión del TSE de no dar resultados inmediatos es una señal de que se está dando esto, ¿cuál sería la reacción ante esta posibilidad?

-A nivel internacional, seguiremos siendo un país con un gobierno que nadie legitime. A nivel nacional, ninguna. Aquí todo se va a resolver con negociación. Mel va a negociar; el Liberal va a negociar. Todos van a negociar. Todos negocian. Y lo mismo hará el próximo presidente del Congreso, porque se puede dar una configuración electoral nueva. Al principio va a tener una resistencia, pero poco a poco va a irla venciéndola en la medida que vaya controlando los votos.

-Otra hipótesis es que Xiomara no gane y pero que Mel se hará de la presidencia del Congreso a través de una negociación que ya se está dando.

-Es que mire, Mel no va a perder. En este momento, tiene el apoyo de aquellos que supuestamente lo estaban atacando y que apoyaron el golpe: empresarios, incluso de los que financiaron el golpe; algunas iglesias y militares, la policía. ¿Va a perder Mel? No, no va a perder aunque pierda Libre. Estoy seguro que va a seguir ganando y va a volver al escenario político con más fuerza que nunca. Más bien, el peligro para Mel es que gane Libre, porque al ganar y no tener respuestas para los problemas reales de la nación, no va a tener justificación.

-Le va a pasar factura rápidamente.

-Si, y usted sabe que las primeras prioridades del próximo gobierno no será educación, ni salud ni combatir la inseguridad pública.

-Será el hoyo financiero con el que se tendrá que enfrentar.

-Exacto. Va a ser el pagar deudas. Su primera preocupación será de dónde sacar el dinero. Ahorita no tienen dinero para pagar los salarios ni los aguinaldos de los funcionarios. Están sacando préstamos a corto plazo para pagar aguinaldos, préstamos que tendrán que pagar el próximo año.

-Esos compromisos asumidos por Porfirio Lobo más apuntan a que no quieren ganar las elecciones y dejar en problemas a un eventual gobierno de Xiomara Castro.

-No, lo que pasa es que ningún gobernante hondureño ve a largo plazo. Lo que les interesa es estar en el poder. Los mueve el poder y no sacar adelante este país.