Lisboa. La presión sobre la deuda soberana de Portugal continúa estable y osciló durante la última semana entre el 5,8% y el 5,9%, a la espera de un nuevo examen de la troika al cumplimiento del programa de ajustes acordado con las autoridades.

Este miércoles, cuando está previsto que aterricen en Lisboa los técnicos de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), los intereses que penalizan los títulos lusos a diez años subían ligeramente, pero se mantenían por debajo de la barrera del 6%, tal y como ocurre desde hace dos semanas.

Esta tendencia contrasta con la volatilidad que se registraba hace meses en el mercado secundario -donde se compran y venden las obligaciones adquiridas en subasta pública-, en el que la deuda portuguesa a este mismo plazo llegó a cotizar al 17% en el peor momento de la crisis, a principios de 2012.

A dos y cinco años, los títulos lusos se vendían este miércoles a una rentabilidad del 3,2% y del 4,8%, respectivamente, lejos de las tasas superiores al 20% que se registraron hace ya casi dos años.

La evolución de los intereses exigidos por los inversores para comprar obligaciones portuguesas es seguida con atención por los analistas, que consideran este mercado secundario una referencia para prever qué tasas necesitaría ofrecer el país en el caso de emitir este tipo de deuda directamente en el mercado primario.

Portugal, que desde que solicitó la ayuda financiera de la UE y el FMI en mayo de 2011 ha podido evitar este tipo de subastas de deuda a largo plazo -con vencimiento superior a dos años-, debe volver a hacerlo en los próximos meses ya que en junio de 2014 dejará de recibir los fondos de su rescate.

Sin embargo, la mayoría de expertos y agencias de calificación dudan de las opciones del país para financiarse de forma independiente -es decir, a tasas sostenibles- y no descartan todavía la posibilidad de que necesite un segundo rescate, hipótesis que rechaza de plano el Gobierno luso del primer ministro, Pedro Passos Coelho.

Para aliviar las necesidades financieras de Portugal en 2014 y 2015 -y restar así presión para conseguir los fondos necesarios en el mercado-, el Tesoro luso lanzó ayer una operación de intercambio de deuda que le permitirá aplazar el pago de bonos por valor de 6.637 millones de euros que vencían en los próximos dos años.

De esta forma, el país cambió estos títulos por otros con vencimiento en 2017 y 2018, aunque para ello acordó una tasa de interés notablemente superior.