A fines del año pasado la familia Guilisasti, principal accionista de viña Concha y Toro (tiene el 26,8% de la propiedad), recibió el Premio ESE a la Familia Empresaria 2012 por parte de la Universidad de Los Andes. Durante sus 130 años de existencia la compañía, y sus controladores, se han habituado a acumular este tipo de éxitos y galardones. Por algo Concha y Toro se ha transformado en una de las empresas top ten del mundo en la industria vitivinícola mundial; una de sus marcas -Casillero del Diablo- goza de reconocimiento internacional y la viña se dio el lujo de convertirse en uno de los sponsors del Manchester United, el equipo británico más ganador de las últimas tres décadas.

Pero el premio ESE llegó justo cuando la sociedad pasaba por un momento al que ni ellos ni el mercado están acostumbrados: débiles resultados en 2012, pérdidas durante el primer semestre de 2013, caída de las ventas y una fuerte reducción de su Ebitda. Como consecuencia, la acción se depreció en Chile y cayó aún más fuerte en Nueva York, y si bien en noviembre Feller Rate ratificó la clasificación de la empresa en “AA-”, semanas antes la clasificadora de riesgo Humphreys había bajado la nota asignada a la solvencia de sus bonos desde “Categoría AA” a“Categoría AA-”.

¿Qué pasó con esta estrella que suele brillar fuerte en el firmamento de las multilatinas chilenas? Cual plagas bíblicas, Concha y Toro empezó a ser azotada por una serie de factores adversos que se concentraron en el tiempo, comenzando con la desaceleración global y recesión -en el caso europeo- post crisis sub prime, circunstancia que perjudicó el dinamismo de los principales mercados de la compañía.

Las dificultades se agudizaron con el terremoto del 27 de febrero de 2010. A la empresa el sismo no le provocó mayores daños, pero sí a la industria chilena, que vio correr ríos de vino por la destrucción de bodegas y barricas: perdió 125 millones de litros, lo que representó el 20% de su stock, y afectó con severidad la vendimia que estaba a punto de empezar. Resultado: el inventario disminuyó y los precios de la uva y del vino a granel subió. Este último se elevó más de 30% al mes siguiente del sismo.

Concha y Toro, que es un gran poder comprador de materia prima, tuvo que pagar más por ambos insumos. “El precio del vino subió y se mantuvo alto desde el 2010 al 2012, y como las viñas son empresas de inventarios muy largos, lo que haya pasado en esos años todavía le afecta”, explica Carlos García, analista de Humphreys.

Una segunda variable relevante fue que el peso chileno se apreció. Pese a la diversificación de mercados, que le resta dependencia del dólar (que representa el 35% de sus ventas), las otras monedas también perdieron terreno frente al peso, especialmente el euro, y por ello la competividad de la compañía se vio comprometida.

Por añadidura, varios factores coyunturales vinieron a empeorar el panorama, entre ellos una huelga de 44 días protagonizada por los trabajadores de las plantas de embotellado de la compañía que se extendió entre mayo y junio de este año e impidió el embarque de 1,1 millón de cajas de vino ya embotellado y que, por ende, no se facturó.

La tormenta perfecta tomó más fuerza cuando las heladas que se registraron en la zona central de Chile a fines de septiembre y principios de octubre, tocaron los viñedos de Concha y Toro. La empresa calcula que aproximadamente 8% de su producción se perdió con el evento climático, si bien es un dato preliminar y la verdadera magnitud del daño se conocerá recién en el curso de la vendimia 2014.

 A estas adversas situaciones durante el 2013, dice  Marcos Barrientos, CEO de GilgalMarkets,  la compañía ha debido sumar “el aumento del nivel impositivo. Todo esto ha mermado sus utilidades durante el 2012 y el presente año”.

El mal tiempo amaina

Sin embargo, ya en el segundo semestre comenzaron anotarse los signos de una eventual recuperación. El tipo de cambio, por ejemplo, ha marcado una tendencia al alza dando un respiro a la industria del vino chilena en general. En paralelo, gracias a una buena vendimia en 2012 y a otra cosecha extraordinaria en 2013, el costo de la uva y del vino a granel se está aplacando.

El contexto internacional también pone de su parte. Ciertos datos externos apuntan a una mejoría de las condiciones de negocio de la viña, como el hecho de que Europa está saliendo de su recesión, sumado al dinamismo evidenciados por mercados como Estados Unidos, México, Brasil y Asia, en los cuales se ve un interesante aumento del consumo de vino.

El conflicto con los trabajadores, entretanto, acabó gracias a una negociación que se tradujo en un contrato colectivode tres años de duración, documento que, afirma Blanca Bustamante, subgerente de Comunicaciones Corporativas de Concha y Toro,  puso el acento en aplicar políticas de capacitación y desarrollo a los empleados de la compañía, lo que provee un horizonte de calma sindical a la firma durante este período.

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Con este escenario a la vista, Cristián Jadue, analista senior de Consumo de Santander GBM, señala que “la empresa vivió una suma de factores negativos, algunas no manejables como el precio de la materia prima y una huelga, pero son variables que no deberían repetirse. Nosotros prevemos tiempos mejores, con un precio promedio del dólar en el 2014 de CL$505 versus los CL$475 de este año”.

Pero los balances de Concha y Toro siguen encendiendo alarmas debido al sostenido aumento de los gastos en administración y distribución, por un lado, y de sus niveles de endeudamiento. El primero de estos ítems, por ejemplo, subió un 7,0% a diciembre de 2012, un alza que se añadió a las registradas en años previos. No obstante, una mirada en profundidad revela que bajo este par de circunstancias a primera vista adversas, parecen subyacer las fortalezas futuras de la viña.

Primero, porque los mayores gastos asumidos por Concha y Toro se deben a una apuesta de largo plazo: desde 2001 la empresa se encuentra abocada a la apertura de filiales en mercados clave que se encarguen directamente de la comercialización de sus productos.

Este rumbo tuvo su punto de partida en el Reino Unido y continuó en los países nórdicos (Suecia, Finlandia y Noruega), Brasil, Singapur (para abastecer Asia), México, y desde 2011, en Estados Unidos (a través de Excelsior Wine Company, consorcio entre VCTUSA, Inc y BanfiVintners). En 2012 se abrieron nuevas unidades de negocio México, Canadá y Sudáfrica, mientras que en 2013 se abrió una oficina en China.

Este paso estratégico, dice Blanca Bustamante, “ha significado invertir fuerte en la puesta en marcha de las filiales y en contratar personas; esto explica el alto nivel que muestran los gastos en administración y ventas”.

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Se trata de una jugada que está rindiendo frutos, puesto que, según la ejecutiva, en esos mercados es donde se ve más crecimiento en las ventas de la compañía, y a la vez son los que ofrecen mayores oportunidades comerciales, en especial para los productos prioritarios, representados por etiquetas premium como Casillero del Diablo, Don Melchor y Marqués de Casa Concha.

Si bien estas oficinas aún le reditúan mayores ingresos, “en el futuro las ventas de Concha y Toro deberían subir y también se prevé que aumente el precio del vino, por eso en el largo plazo los números de la empresa se ven muy bien”, dice Carlos García, de Humphreys.

Hoy, casi el 70% de los volúmenes comercializados por la empresa se mueven por obra y gracia de esta fuerza de venta propia, que la viña no descarta agrandar mediante la incorporación de nuevas filiales de distribución en algún mercado importante. Pero no de momento: las principales inversiones ya se hicieron y ahora deben madurar.

La mayor deuda de Concha y Toro, en tanto, está en parte ligada a la adquisición de la bodega estadounidense FetzerVineyards en abril de 2011. Con ella la compañía sumó una tercera operación a las que ya mantenía en Chile y Argentina (con Trivento), y potenció la distribución de sus productos en el enorme mercado norteamericano. Como muestra de que el endeudamiento asumido para comprar Fetzer a la larga significará un beneficio, los analistas mencionan que en dos años la bodega californiana ha llegado a representar casi el 11% de los ingresos de la empresa, siendo un proyecto que todavía se encuentra en etapa de maduración.

Sale el sol

Existe un factor adicional que podría favorecer a la viña. A diferencia de Chile, que ha tenido buenas vendimias los últimos dos años y cuenta con inventarios, el resto del mundo está sufriendo una escasez cada vez mayor de vino. La tendencia comenzó en Francia y de a poco se ha ido expandiendo a otros productores del Viejo Mundo, en particular Italia. Estos países productores, que fueron golpeados por la crisis, han enfrentado caídas en su consumo interno y en sus exportaciones, y en algunos casos se han viso obligados a arrancar plantaciones. De hecho, la cosecha de 2012 fue históricamente baja en Europa, continente que todavía produce cerca de un 60% de los caldos del mundo.

Frente a este escenario, Morgan Stanley Research emitió recientemente un informe en el cual afirma que en ningún lugar la producción se está expandiendo lo suficientemente rápido como para satisfacer la sed de los consumidores estadounidenses y chinos, cuya demanda está creciendo consistentemente. “El Nuevo Mundo, que incluye a los EE.UU., Australia, Argentina, Chile, Sudáfrica y Nueva Zelanda, todavía representa menos del 30% de las exportaciones mundiales de vino, y menos aún de la producción mundial de vino”, puntualizó la entidad financiera.

Para la compañía esta puede ser una buena noticia. “Si la producción mundial cae, los precios de los vinos deberían subir, incluso aunque solo fuese en el Viejo Mundo, habría una menor oferta igual a nivel global y los ingresos de Concha y Toro podrían verse favorecidos”, opina Cristina Acle, analista senior de Banchile.

Sumados los pro y los contras, el encargado de la relación con inversionistas de Concha y Toro, Matías Rojas, dice que los factores que estuvieron golpeando los balances de la empresa están todos en proceso de recuperación. Asume que el riesgo cambiario, los rigores climáticos y otros imponderables podrían traer de vuelta los nubarrones, pero tal como están planteados hoy, “el 2014 debería ser un año bueno para la empresa y todo augura que vamos a tener mejores márgenes”.

El cielo se empieza a abrir para la mayor exportadora industrial no cobre ni celulosa de Chile, y empieza a ver los rayos del sol.