El Senado uruguayo ha despenalizado a través de una ley pionera la producción y venta de marihuana, que pasará a estar controlada por el Estado, con lo que el país se suma a otros que ya la regularon.

Impulsada por el presidente de Uruguay, José Mujica, como una alternativa a las formas tradicionales de lucha contra el narcotráfico, el proyecto de ley obtuvo el visto bueno de la Cámara de Diputados en julio.

Hasta ahora, el consumo de marihuana no está penado por ley en Uruguay pero sí su venta y cultivo.

Con la nueva legislación, se legalizará la compraventa y el cultivo de marihuana, y se establece la creación de un ente estatal regulador de la droga.

La iniciativa uruguaya ha estado rodeada de polémica en este tiempo. Ha recibido el apoyo de personalidades como el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa o el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Jose Miguel Insulza.

Pero también ha sido muy criticada, en especial, por el Gobierno de Brasil por temor a una influencia negativa en la región.

Además, la Junta Internacional de la Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU ha advertido de que la ley uruguaya violará la Convención sobre Estupefacientes de 1961, adoptada por 186 países, incluido Uruguay.

La marihuana es un preparado compuesto por diferentes cantidades de hojas, tallos, semillas y secreciones de la cannabis sativa, planta fácilmente reconocible por sus hojas dentadas en forma de palma abierta.

Esta planta contiene sustancias psicoactivas cuyo consumo -al igual que el de su resina, el hachís- está asociado a fines recreativos, medicinales e incluso religiosos.

Según el último Informe Mundial sobre las Drogas 2013 de la ONU, el cannabis es la droga más consumida en el mundo, al contar con entre 129 y 230 millones de usuarios (personas que la tomaron al menos una vez en 2011).

El mayor productor mundial de cannabis es Marruecos, con 47.500 hectáreas.

México y EEUU son los países en lo que se incauta más volumen, alrededor del 70 % de las 5.700 toneladas de marihuana interceptadas en todo el mundo en 2011.

En Europa, el país que más resina de cannabis y plantas de marihuana incauta es España, según la JIFE.

La legislación sobre la marihuana en el mundo es diversa. Su uso con fines médicos está bastante admitido (Canadá fue el primer país que lo reguló, en 2001), pero su uso recreativo está mucho más limitado.

Hay países que castigan no solo el cultivo y el tráfico, sino también el consumo, en tanto que en otros el consumo de pequeñas dosis es legal o simplemente se tolera.

Este es el caso, por ejemplo, de Holanda, donde desde los años 70 funcionan los llamados coffee shops, en los que los mayores de 18 años pueden comprar y consumir cannabis en un máximo de 5 gramos por persona.

En 2012, el gobierno holandés prohibió la venta de drogas blandas en los coffee shops a los turistas extranjeros, aunque tras una pelea legal, la medida quedó sujeta al criterio de cada gobierno local.

En EEUU, el uso de pequeñas cantidades de marihuana con fines recreativos fue aprobado en noviembre de 2012 en los estados de Colorado y Washington. Los votantes de Portland aprobaron recientemente una ordenanza similar para esa ciudad del estado de Washington.

Asimismo, 18 estados y Washington DC han legalizado el consumo con fines terapéuticos o lo han despenalizado si es en pequeñas cantidades.

En Europa, el consumo de marihuana con fines recreativos y en pequeñas cantidades está despenalizado o no supone excesivos problemas legales en países como Bélgica, España, Portugal o Alemania.

En otros se considera delito y se castiga con diversas sanciones, si bien en algunos casos, como ocurre en Finlandia, es posible eludir la prisión acudiendo a terapia de desintoxicación.

El consumo personal de pequeñas cantidades de marihuana está admitido también en países como México (hasta cinco gramos), Argentina (la Corte Suprema de Justicia despenalizó en 2009 el consumo de marihuana en adultos, siempre que se realice en privado y no implique riesgos para terceros) o Chile (donde está permitido el consumo, pero el cultivo está prohibido). En cambio, se castiga con duras penas de prisión en lugares como China o Kenia.