Lo poco que conoce George Friedman del Perú, es suficiente como para que el especialista en inteligencia estratégica y presidente de la compañía de inteligencia Stratfor dibuje al país como una de las próximas potencias manufactureras del mundo. Para el asesor de Obama, el Perú se encuentra ante una oportunidad única de avanzar hacia el desarrollo, siguiendo la estela de China o Japón, y con una clase emprendedora como uno de los principales motores. Friedman insta a las clases trabajadoras del Perú y del resto de países de la región a valerse por sí mismas y dejar de esperar a que el gobierno les provea todo, y no ve peligro en las protestas de la clase media latinoamericana, a la que no considera revolucionaria. Durante su visita a Lima invitado por la Cámara de Comercio, América Economía pudo conversar en exclusiva con el escritor de origen húngaro sobre el futuro del Perú y de América Latina, que si bien no es muy importante para Estados Unidos, puede convertirse en una región importante para el mundo.

-Usted ha asegurado que el Perú puede ser una de las 16 futuras potencias manufactureras. ¿Cuál es su punto de vista sobre el país?
-No lo conozco muy bien como país, pero sí conozco sus estadísticas, que me muestran un país muy prometedor que a largo plazo puede seguir el camino de China o Japón. El Perú puede convertirse en una seria potencia económica.

-¿Qué necesita para lograrlo?
-Es un proceso que está empezando. Lo más importante es que el país mientras mantenga sus relaciones mineras y petroleras construya una clase de empresarios indigenistas formada por pequeños emprendedores. Así es como China y Japón empezaron.

-¿Cuáles son las principales debilidades del país que podrían obstaculizar este proceso?
-Hay tres: infraestructura, seguridad y la forma como el país mira a su gobierno para lograr el progreso. Existe la idea de que el gobierno tiene que proveer al país de grandes proyectos y todo el país los espera, pero el Perú debería prosperar por sí mismo. Lo que necesita el país son 10.000 cosas en realidad.

Si bien el terrorismo se ha reducido considerablemente en el Perú, queda una facción de Sendero Luminoso en la selva vinculada al narcotráfico.

-¿Cree que puede suponer un problema para el país en el futuro?
Parece que se va a mantener en un nivel reducido. No creo que sea una amenaza para el desarrollo del país, aunque tampoco veo una solución fácil del problema. No va a iniciarse una guerra, pero sí es algo sobre lo que hay que estar preocupado para poder asegurar que no es un obstáculo al proceso de emprendimiento del país.

-En su libro Los próximos 100 años predice el colapso de China. ¿Hasta qué punto podría afectar este declive a los países latinoamericanos teniendo en cuenta que para muchos es el principal socio comercial?

-Si los países dependen solo de China y de la venta de minerales la van a pasar mal, pero no solo por el proceso de descenso chino sino también porque se está viendo una desaceleración en Brasil. El Perú y otros países están alineados con una generación de países con crecimiento económico que está cesando. Los países tienen que realinearse y convertirse en una nueva generación de crecimiento.

-¿Qué medidas concretas deberían tomar el Perú y los países sudamericanos para evitar las consecuencias del fin del milagro chino?
-China fue un milagro, pero no eterno. Muchas economías como el Perú aún están orientadas a la exportación minera, y China ha sido el mayor consumidor de minerales en el mundo. El país y su gobierno deberían abrirse a otros países manufactureros del mundo y fijarse en el desarrollo chino y sucederlo.

-¿A qué países debería dirigirse?
-El único país que va a continuar creciendo es Estados Unidos. Claramente el tratado de libre comercio (TLC) con Estados Unidos es actualmente la relación económica más importante que tiene el Perú. En Europa también hay países con los que es interesante hacer negocios, como Alemania. China, por otro lado, quiere tratados de libre comercio, pero hay que ver cómo se lleva a cabo. El país debería hacer negocios con cualquiera, aunque ahora Estados Unidos es su mercado más interesante.

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-En su libro incide en el potencial de México en los próximos años, pero ¿qué otro país latinoamericano cree que podría seguir su estela?

-México es único porque es parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés), y en el norte está muy desarrollado y avanzado. También tiene una parte en el sur que es más pobre, pero con cien millones de personas y las fronteras abiertas a Estados Unidos tiene una posición especial si se compara con el resto de países. Cada uno de ellos en la región tiene su particularidad. Brasil en algún momento reanudará su crecimiento; Argentina y Venezuela tienen sus problemas; Colombia trabaja aún con su problema con las FARC, y Chile es muy pequeño. El Perú tiene una posición privilegiada porque en este momento su estabilidad puede permitirle empezar su camino hacia el desarrollo económico. En Colombia y Brasil ya ha pasado. El país, junto con República Dominicana y Nicaragua, que son más pequeños, tiene la posibilidad de convertirse en una potencia industrial.

-¿Ve posible que algún país supere la trampa del ingreso medio? ¿Cuál cree que es la clave para lograrlo?
Cuando se habla de la clase media latinoamericana se suele hablar de profesionales, y rara vez de emprendedores. Es realmente importante que emerja una clase media real, que incluya a estos emprendedores, que provienen de las clases bajas. La solución para muchos países como el Perú está en los pequeños empresarios y emprendedores de barrio que ascienden. Ese es el proceso de constitución de una verdadera clase media.

-¿Cree que es un proceso que se está viendo en el Perú, donde se habla de una clase media emergente?
-El proceso está en su estadio más temprano. Creo que aún faltan siete u ocho años para que esta clase, que vende seguros, carros… realmente emerja.

-¿Hasta qué punto la informalidad puede ser un limitante para esta emergencia?
-Estados Unidos sobrevivió a su clase informal, y el Perú lo hará. El país necesita trabajadores disciplinados que trabajen en la industria y cuyo trabajo conllevará que se requieran más trabajadores. No hay ningún obstáculo para este desarrollo, a menos de que el Estado intervenga en el proceso.

Visión latinoamericana
-¿Cree que las protestas despertadas en Brasil y Chile son la antesala de algo mayor?
-No creo, porque la gente que protagoniza estos movimientos luego se va a su casa a ver la televisión. En EE.UU. tuvimos revuelta estudiantil, pero acabó porque los estudiantes se graduaron. La clase media mientras tenga una posición interesante no es revolucionaria. La verdadera cuestión es si la clase trabajadora pierde su posición, lo que es el origen del fascismo, pero no creo que sea un problema actualmente. Creo que el tema importante es qué hacer con los pobres, una discusión que ha sido común entre la izquierda latinoamericana durante mucho tiempo. Todo el mundo tiene un plan respecto a los pobres. Los intelectuales de la clase media en la región creen que son su proyecto especial, pero ha llegado el momento de que los pobres busquen su plan por sí mismos.
En China la gente empezó pequeños negocios, vendiendo ropa a empresarios que luego vendían a su vez a Walmart. Estos empezaron a trabajar con sus familiares, y hoy son los grandes negocios que se ven en el país. Lo mismo sucedió en Japón. Creemos que se producirá el mismo proceso en las futuras potencias manufactureras.

-Pero con el crecimiento del poder adquisitivo la nueva clase emergente querrá que sus hijos estudien en la universidad.
-Los chinos motivan a sus hijos para que sean ingenieros, y hacen MBA y todo lo demás. Si envías a tus hijos a la universidad a estudiar historia del arte puede que no sea útil, pero en cambio sí lo será si los mandas a estudiar algo beneficioso para el negocio familiar como textiles. Lo importante en el hecho de que las próximas generaciones vayan a la universidad es que lo hagan alineadas con el desarrollo económico del país. Los ricos suelen mandar a sus hijos a estudiar cosas bonitas, pero que no son útiles, pero en China y Japón los jóvenes estudian lo que conduce la economía.
-¿Qué cree que es Latinoamérica para Estados Unidos? ¿Cree que es una región importante para este?
-Creo que los americanos tienen un interés limitado en Latinoamérica. Hay interés en México, pero Sudamérica para nosotros no es más que una cuestión comercial. Con el tiempo puede convertirse en una región muy importante, pero creo que una de las cosas interesantes de la región es que sus ciudadanos creen que a los americanos les preocupa América Latina más de lo que realmente lo hace, y ese es uno de los desajustes que hay. Si Brasil crece nos parece perfecto, hacemos negocios con los brasileños y lo mismo si crece el Perú.

-¿Cree que la izquierda latinoamericana de Maduro, Morales y Kirchner va a ir desapareciendo o, por el contrario, hay riesgo de que surja en otros países de la región?
-Existe el mito de que los problemas en la región son causados por Estados Unidos y es una necesidad, porque si no existieran los países serían responsables de su propia situación. Algunas élites intelectuales y políticas no pueden aceptar esa responsabilidad. La izquierda latinoamericana ya no es marxista ni comunista, sino antiamericana. Hasta que la región no acepte sus responsabilidades por su propia situación habrá izquierda porque esta cuenta con una gran excusa para explicar la carencia de desarrollo en sus países. Creo que es interesante que el Perú se haya hecho responsable de sí mismo, y es un punto fuerte para el país.

Política de espionaje
-Brasil y Francia han reaccionado frente al descubrimiento de Estados Unidos. ¿Cree que para Estados Unidos puede ser un obstáculo su política de inteligencia?
-Estados Unidos fue atacado el 11 de septiembre. ¿Cómo luchamos contra alguien que planea atacarnos? Asegurarnos de que no haya ningún ataque hacia nuestro país es crucial. Desearía que hubiéramos interceptado las llamadas telefónicas de quienes atentaron en Boston. Los políticos se han molestado mucho al descubrir que los americanos usan tecnología para escuchar llamadas, pero siempre se ha hecho. Yo estoy particularmente molesto con los franceses porque ellos usan la misma información que tenemos nosotros y hacen lo mismo. La única diferencia entre Estados Unidos y el resto de gobiernos del mundo es que nuestra tecnología es mejor.

-¿No cree que le pueda conllevar problemas diplomáticos en un futuro?
-Todo país que quiera detener sus relaciones comerciales y diplomáticas con EE.UU. es libre de hacerlo. El país nunca ha escondido lo que hace. Tenemos una Agencia Nacional de Seguridad (NSA), y todo el mundo sabe que esta recolecta la información y la descifra. Es una ley nacional. Lo interesante es que cuando Snowden fue a Moscú todos los gobiernos, que sabían lo que estaba pasando, dijeron estar sorprendidos, pero ¿ha ocasionado esto algún problema a Estados Unidos? No conozco a ningún país que esté preparado para romper sus relaciones diplomáticas con el país, dejar de comerciar y recibir a sus turistas. Desearía que no tuviéramos que hacerlo y me preocupa que el gobierno pueda hacer un mal uso, pero ¿qué más podemos hacer?