El futuro: ése es el gran reto del sector energético colombiano. Los expertos consideran necesario establecer una hoja ruta de hacia dónde quiere ir el país en la materia, cómo lograr esas metas y en qué plazo alcanzarlas. Así lo detalló Renato Céspedes, coordinador técnico de Colombia Inteligente, iniciativa que nace de entidades que trabajan con el sector eléctrico y que ha ido sumando a las empresa más importantes del sector, por lo que prácticamente tienen como asociados al 80% del sector eléctrico, en sus distintas modalidades.

Para poder entender hacia dónde debería ir la estrategia de largo plazo de esta industria, es bueno conocer la realidad energética de Colombia, la cual consta de una gran cantidad de fuentes limpias -aproximadamente 70% de su matriz energética-, mientras que el 30% es básicamente de origen térmico, siendo la mayor parte basada en gas y otra en petróleo.

“Esa realidad quiere decir que el sector eléctrico colombiano es muy limpio, con una huella de carbono importante (destacada por su bajo tamaño) y el país además de ser autor-productor, que produce lo que necesita, exporta una parte. Esa es una realidad muy importante para el país, pero también es una realidad que ha frenado un poco la búsqueda de otras fuentes renovables como eólicas y solares. Por eso, posee una ventaja y una desventaja; esta última, en el sentido de que no se han explorado mucho otras fuentes de energía, porque no ha habido necesidad”, detalla Céspedes.

Al mismo tiempo, a juicio del profesional, el sector eléctrico colombiano se ha posicionado como uno de los más organizados y mejor desarrollados de la región, porque en Colombia se compra y se vende energía eléctrica en un mercado abierto, donde hay generadores, consumidores, y niveles de competencia interesantes, lo que ha sido un modelo para otros países, acota el experto.

Cuatro ejes. Pero a pesar del buen momento, Colombia Inteligente ha hecho un análisis a través del cual reconoció cuatro ejes estratégicos que podrían mejorar la competitividad del sector. Uno de los ejes a solucionar es el acceso universal, es decir, llegar con energía eléctrica, no necesariamente interconectada, pero sí con una solución de electricidad a todos los colombianos.

"Tenemos todavía, aproximadamente, a dos millones de colombianos que viven en zonas muy apartadas o relativamente cercanas que reciben un suministro de energía relativamente muy pobre, por pocas horas. Entonces, lo que necesitamos es resolver ese problema", explica el también doctor en Ingeniería Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional de Grenoble (Francia).

El segundo eje tiene relación con la calidad de la energía, para evitar cortes. "Normalmente las zonas o las veces en que se interrumpe el servicio todavía son excesivas. Por eso, aún estamos lejos de los patrones que queremos llegar. Las mejoras practicas internacionales están en el orden de minutos; nosotros estamos todavía a nivel de usuario y por año", añade.

El tercero corresponde a la competitividad: los expertos consideran que se puede prestar un servicio de buena calidad a mejores precios, lo que atraería a Colombia industrias que usan intensivamente la energía eléctrica, dado que los costos de la electricidad han sido, a su juicio, uno de los factores que ha frenado que arriben más industrias.

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"La competencia se traduce también en mayor eficiencia, o sea, en menores pérdidas comerciales, porque hay gente que utiliza la energía, pero no la paga, y esas pérdidas, obviamente, son un freno a que existan más negocios, mejores inversiones; que mejoren la calidad, porque las empresas no reciben el valor del producto que ponen en el mercado", destaca el coordinador técnico de Colombia Inteligente.

El cuarto punto es la sostenibilidad ambiental, porque si bien Colombia no posee una gran huella de carbono y un impacto considerable por efecto de esta industria, según Renato Céspedes es necesario incluir este punto en la hoja de ruta que se establezca para el país. Un ejemplo donde este factor impactaría es en el transporte eléctrico masivo, dado que en el caso de aplicarse este sistema, el medio ambiente sería mucho más limpio. "En los países industrializados ese tema ya está superado; en Colombia, en realidad, se está comenzando con planes para electrificar las rutas, que sean específicas de autobuses que sean convertidos a electricidad... Colombia se está centrando en la movilidad eléctrica masiva, con metros, líneas de transvías o similares, para poder transportar grandes cantidades de personas.

"Además tenemos que tener medición inteligente. En Colombia, el medidor (de electricidad) es propiedad del usuario y no de la empresa. Ese tipo de barreras hay que discutirlas y tal vez cambiar el modelo, porque eso nos permitiría poner tarifas diferentes a la hora de mayor consumo, hora de punta, contra horas de valle; si pudiéramos poner ese tipo de tarifas diferenciales, dependiendo de la hora en que se consume, seguramente cambiaríamos el patrón de consumo y podríamos bajar esos picos que realmente se vuelven muy costosos mantener. Entonces, solamente al cambiar el hábito de cuándo consumimos, podríamos tener una ventaja importante... Pero eso todavía en el sistema eléctrico no se puede hacer, fundamentalmente, porque el medidor es del usuario", se lamenta Céspedes.

A raíz de lo anterior, está dentro de los planes trabajar con el regulador (el gobierno) para que se hagan los cambios necesarios de una transición, la que a juicio del experto, es muy probable que ocurra en el mediano plazo en Colombia. Y para esto ya se están dando pasos concretos: en 2014 serpan estudiados los impactos de esta reforma, a través de un proyecto patrocinado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

"Presentados esos análisis tendríamos la suficiente evidencia para el regulador y, con el apoyo del gobierno, se darán las políticas para este tipo de cambios, que pueden ser puntuales inicialmente, pero que ya marcarían una ruta definitiva hacia nuevos esquemas, nuevos modelos de tarifa, nuevos modelos de mercados", enumera Céspedes. El proyecto del BID vendría a complementar un plan inicial que desarrolló Colombia Inteligente en 2012, por lo que ahora se contemplarán análisis de beneficios-costos y una serie de posibilidades que "definitivamente pensamos serán el mapa de ruta colombiana hacia las redes inteligentes".

"Tenemos que mirar al largo plazo. Por ejemplo, de aquí al 2030 ver cuál va a ser la canasta energética que va a construir Colombia, es decir, qué porcentaje de renovables, qué porcentaje viene de eólica, de solar; todo ese análisis hay que hacerlo y no se ha hecho, porque no tenemos esa visión de largo plazo", finaliza.