Río de Janeiro. El gobierno brasileño planea licitar el tren de alta velocidad entre Río de Janeiro y Sao Paulo, que será el primero de su tipo en América Latina, a finales de 2014 o comienzos de 2015, dijo este jueves el ministro de Transportes, César Borges, en una teleconferencia con corresponsales extranjeros.

Borges aseguró que el gobierno trabaja actualmente en la remodelación del modelo de licitación para aumentar el interés de la iniciativa privada en el proyecto y poder adjudicarlo tras las elecciones presidenciales de octubre de 2014 en Brasil.

"Esperamos lanzarla (la licitación) a finales de 2014, tras el proceso electoral, o a comienzos de 2015. El gobierno considera el tren de alta velocidad como una necesidad para el desarrollo del país y se empeñará en el proyecto con determinación", dijo.

El Ejecutivo que preside Dilma Rousseff postergó en agosto pasado la licitación para el tren de alta velocidad debido a que tan sólo un consorcio de empresas francesas había manifestado interés formal en disputar la respectiva subasta y para atender la petición de consorcios de España y Alemania, que solicitaron un plazo mayor.

Borges admitió que la licitación también fue postergada debido a que una de las empresas que formaban parte del consorcio francés era cuestionada por su supuesta participación en una adjudicación fraudulenta de un contrato de trenes en el estado de Sao Paulo.

Para el ministro, el gobierno tendrá tiempo para demostrar que el tren tendrá alta demanda tanto de pasajeros como de carga y que no presentará problemas para financiarse con sus operaciones.

"Estamos reformando el modelo para que pueda atraer un mayor número de inversores. Vamos a mostrar que hay carga suficiente para transportar en esa línea y una gran demanda de pasajeros", dijo.

Según Borges, los estudios mostrarán que las ciudades de Río de Janeiro, Sao Paulo y Campinas, las tres principales atendidas por el tren, son grandes centros de cargas y tienen una demanda reprimida.

"Ese tren impedirá que en el futuro tengamos que construir nuevos aeropuertos o carreteras para atender esas tres ciudades", resaltó.

El proyecto, con un coste calculado en cerca de US$17.177 millones, prevé la construcción de un tendido ferroviario de 511 kilómetros entre Río de Janeiro y Sao Paulo, de donde saldrá un segundo tramo de 97 kilómetros hasta la vecina Campinas.

Borges dijo igualmente que Brasil está comprometido con un ambicioso proyecto para ofrecer concesiones y licencias para modernizar sus carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y puertos debido a que necesita una "moderna logística" que aumente la competitividad del país.

"Se trata de un proceso bastante abierto para permisos y concesiones en todos los medios de transporte", manifestó.

El programa, indicó el ministro, será ejecutado en cinco años y prevé atraer inversiones por 250.000 millones de reales (unos US$108.700 millones), por lo que exigirá una enorme concentración de inversiones en poco tiempo.

"Y deseamos que el capital extranjero, principalmente las grandes operadoras, participen en el proceso. Ya tenemos dos empresas españolas operando carreteras y ya recibimos inglesas, estadounidenses, francesas y de otros países interesadas", afirmó.

Tras la concesión este año de tres carreteras federales y de los aeropuertos internacionales de Río de Janeiro y Belo Horizonte, Borges subrayó que el proceso proseguirá en 2014 con la licitación de otras dos carreteras federales.

Sobre las concesiones de ferrocarriles, aseguró que tan sólo espera la autorización del Tribunal de Cuentas de la Unión para poder lanzar las respectivas licitaciones en febrero próximo.

En ese sentido, citó Borges, el objetivo del gobierno es poder contar con un sistema moderno de ferrocarriles, con velocidad de hasta 80 kilómetros por hora, que atraviese cerca de 7.000 kilómetros de norte a sur del país, y con líneas de este a oeste que lo atraviesen en diferentes regiones.

En cuanto a las concesiones de carreteras, afirmó que en los tres contratos hasta ahora firmados se logró que las operadoras redujeran la tarifa de peaje determinada por el gobierno en cerca del 50%.

"En esos procesos nuestra intención es que sean atractivos para los inversores, no queremos limitarle las ganancias a las empresas, pero también que las tarifas sean bajas para que no castiguen a los usuarios ni la producción brasileña", afirmó.