Sala de Inversión. Con la teoría de juegos, se trata de estudiar y explicar el comportamiento y la interacción de los diversos agentes de un mercado, así como los incentivos que llevan a éstos a realizar sus procesos de decisión.

Aunque los mercados más desarrollados estén cada vez más conectados entre sí, es cada vez menor el contacto directo que existe entre los distintos agentes económicos. La proliferación de terminales de trading y Bolsas electrónicas lo han tornado un medio universal, aunque no por esto ha conseguido terminar para siempre con el tradicional intercambio a “viva voz”, o el “voceo”.

Se realiza un intercambio “a viva voz” cuando se lleva a cabo una expresión sin utilizar ningún intermediario y en presencia física de la contraparte como se realiza en la “baranda” o el recinto de operaciones. Si bien está en desuso, sigue conviviendo en algunas plazas importantes como el Chicago Mercantile Exchange (CME).

En ese tipo de negociaciones, prima la especulación y la interpretación de lo que una parte haga de la situación del momento y de la otra persona. En cada situación, se hace uso de la Teoría de juegos, que es el área de la matemática aplicada que utiliza modelos para estudiar interacciones en estructuras formalizadas de incentivos y que lleva a cabo procesos de decisión.

Las estrategias óptimas así como el comportamiento previsto y ya observado de los individuos se hacen presentes en la Bolsa así como en el juego propiamente dicho. De hecho, esta teoría fue desarrollada como una herramienta para entender el comportamiento de la economía, aunque luego se aplicó a muchos otros campos.

Frente a la presentación de una estructura de incentivo similar (ganar dinero en los mercados), los tipos de interacción pueden ser muy distintos, es decir, que se representan muchas veces un mismo juego y coincidirá en pocas oportunidades la misma combinación de decisiones.

En ese contexto de especulación extrema en el que los costos y los beneficios de cada opción no están fijados de antemano, la elección de la conducta óptima depende de las elecciones de otros individuos.

El matemático John Nash fue el desarrollador del “Equilibrio de Nash”, por el que recibió el Premio Nobel de Economía y, luego, sirvió de inspiración para la película “Una mente maravillosa” (2001), ganadora de cuatro premios Oscar, entre otros.

En la Teoría de los juegos, se combinan elementos de la matemática como las probabilidades, las estadísticas y la programación lineal con el análisis psicoanalítico. Para comprender la naturaleza de la cooperación humana, un ejemplo es el denominado “Dilema del prisionero”, descubierto por el matemático Albert Tucker que se basó en el análisis psicoanalítico del estudio transaccional.

Allí, analiza el egoísmo de dos o más agentes que perjudica a los jugadores. Todas las partes mantienen sus deseos de comprar barato y vender caro y, por más personas que confluyan a esa plaza, no mejorarán las ofertas y no se producirán transacciones por falta de información o por mercados erráticos y poco líquidos.

Todas esas “fricciones” llevan a que la especulación de un inversor respecto a lo que el otro haga lo frene a la hora de operar. Siempre se trata de decisiones a tomar en entornos donde interactúan distintos interlocutores.

Puede usarse esta teoría para dilucidar qué acciones se debe tomar dentro de tres cursos posibles con las tasas de retorno de los papeles, bonos y la tasa libre de riesgo. El inversor tiene que seleccionar una sola alternativa, lo que limita su alcance y su aplicación.

Para el caso de las acciones, por ejemplo, una persona debe decidirse entre el escenario 1, en el que existe 50% de chances de perder US$50 y otro 50% de no perderlo, y el escenario 2 en el que tiene un 1% de posibilidades de perder US$2.500, y un 99% de no perderlo.

Ambos casos cuentan matemáticamente con una pérdida esperada de US$25, pero el segundo suele parecer mucho más riesgoso que el primero ya que uno siempre está más preocupado por minimizar el efecto de ocurrencia de un evento extremo.

En ese tipo de decisiones, intervienen otros factores como el grado de aversión al riesgo: la diferencia entre la certidumbre equivalente particular y el valor monetario esperado es llamada la prima de riesgo.

Si ésta es positiva, el inversor está deseando arriesgarse, por lo que se le llama amante al riesgo. Si la prima es negativa, evitará contraerlo y se lo catalogará como averso él; y si es cero, se lo considerará neutral.

En el ejemplo, el concepto de riesgo asociado a un portafolio óptimo: la medida usada es la desviación estándar que deriva del modelo de distribución normal de los retornos: valores mas bajos indican que lo que se espera puede ser lo que se obtenga con menor amplitud posibles frente al caso opuesto de una mayor brecha en los escenarios que se le presentan.