Singapur, Xinhua. Los ministros de los 12 países involucrados en las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP), por sus siglas en inglés) no pudieron llegar a un pleno pacto en su reunión de cuatro días que terminó el 10 de diciembre en Singapur, lo que hizo perder la esperanza por Washington de que se cerrase un acuerdo a finales de 2013.

Unos días atrás, el 7 de ese mismo mes, los 159 miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) alcanzaron en su novena reunión ministerial celebrada en Bali, Indonesia, un tratado tras 12 años de negociaciones multilaterales comerciales enmarcadas en la Ronda de Doha.

Las dos conferencias, con diferentes agendas y resultados, reflejaron la complejidad y las dificultades en la configuración de las reglas del comercio global.

Durante las décadas de los 80 y 90, las economías asiáticas, en particular los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN, siglas en inglés), se embarcaron en la combinación de medidas tanto multilaterales como unilaterales para reducir las barreras del comercio de bienes, servicios e inversiones.

No obstante, la falta de progresos en la liberalización multilateral y la reforma nacional ha originado, desde el año 2000, una proliferación de los tratados de libre comercio (TLC) en el marco de la ASEAN.

Según un informe del Banco Asiático de Desarrollo, "si bien estos tratados exigen a las partes concernientes que eliminen los aranceles entre sí, no han lidiado eficazmente con las barreras reguladoras y otras no arancelarias, tales como estándares de productos, acuerdos de reconocimiento mutuo, servicios, inversiones, derechos de propiedad intelectual, adquisición gubernamental o movimiento de empresarios, los cuales son más importantes que los aranceles para la integración económica regional.

Esta es probablemente parte de la razón por la que cuatro miembros de la ASEAN -Brunei, Malasia, Singapur y Vietnam- decidieron incorporarse al TPP, proyecto que también incluye a Australia, Canadá, Chile, Japón, México, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Perú.

Etiquetado como "un acuerdo del siglo XXI" por sus defensores, el TPP es muy ambicioso. Una vez concluidas las negociaciones, se convertiría potencialmente en un bloque de libre comercio que abarcaría un 40% de la economía global.

Además, tiene como propósito reducir los aranceles de bienes y servicios prácticamente a cero entre las diferentes economías, y abordar cuestiones más allá del comercio tradicional e inversión, tales como los estándares laborales y ambientales, la propiedad intelectual y la ventaja competitiva de las empresas estatales.

Como principal fuerza motriz de las negociaciones, Estados Unidos insiste en tratar dichas "cuestiones del siglo XXI", y pide a sus socios del TPP que se comprometan a un acuerdo de alto estándar.

Sin embargo, las negociaciones han resultado muy difíciles desde el principio, debido a los diferentes intereses económicos, así como a los distintos niveles de desarrollo económico.

Teniendo en cuenta lo complejo del pacto y la presión política a la que deben hacer frente los gobiernos participantes para ganar la aprobación nacional, muchos analistas consideraron poco realista el objetivo de cerrar un acuerdo antes de que termine este año.

En una reciente entrevista con Xinhua, Sarah Tong, destacada investigadora del Instituto de Asia Oriental de la Universidad Nacional de Singapur, comparó el TPP con el Acuerdo de Asociación Económica Integral Regional (RCEP, siglas en inglés), un pacto de libre comercio entre los diez países de la ASEAN y sus socios del TLC (Australia, China, la India, Japón, República de Corea y Nueva Zelanda) que se tiene previsto ultimar para 2015.

La académica señaló que el RCEP parece más natural y fácil para entender para las economías de Asia-Pacífico, ya que ofrece a los miembros beneficios concretos en ámbitos como las cadenas de suministro y la integración económica regional.

Después de beneficiarse mucho de los tratados de comercio bilaterales y la integración económica regional, lo que las economías de esta región necesitan es avanzar en la integración, es decir, sumar todos los factores y, en el proceso, lidiar con las inconsistencias, dijo la investigadora.

En comparación con el RCEP, el TPP parece haber adoptado una forma de arriba hacia abajo, en la cual los objetivos están fijados primero y luego se hace una deducción para dejar fuera las metas inalcanzables por el momento o permitir a los miembros que elijan las excepciones a las obligaciones. Como consecuencia, el TPP enfrenta muchas más dificultades, agregó.

Frente a las afirmaciones de que el TPP está diseñado para contener la creciente influencia de China, el país ha mantenido una actitud abierta hacia él.

Yu Jianhua, ex representante adjunto de negociación de comercio internacional del Ministerio de Comercio de China, dijo en una conferencia de prensa el pasado mes de octubre en Bali que Beijing insiste en que las diferentes economías deben seguir el principio de apertura, inclusión y transparencia a la hora de negociar los TLC.

En su entrevista con Xinhua, el director ejecutivo de la Secretaría del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), Allan Bollard, manifestó que es importante que las diferentes arquitecturas regionales de cooperación económica, como el TPP y el RCEP "puedan llegar a convergir".

"Si ellos divergen, sería un problema. No queremos ver que una parte de las grandes economías de la región va en una dirección y otra parte va en una dirección diferente", afirmó Bollard.