Universia Knowledge Wharton. El concepto básico parece simple: compras acciones futuras de una marca; si la marca tiene buen rendimiento, el precio de sus acciones sube. En este caso, sin embargo, la marca en cuestión es una persona. Fantex, una empresa de San Francisco especializada en "construcción de marca", planea ofrecer ofertas públicas de ventas (OPV) de atletas. El primero en participar en una emisión será Arian Foster, running back [corredor] de Houston Texans. Después de la consumación de la OPV, Fantex informa que pagará a Foster US$10 millones por un 20% de sus ganancias futuras. La empresa recaudará los US$10 millones entre los inversores que comprarán las acciones cuyo precio inicial será de US$10. El valor de las acciones aumentará y disminuirá según el rendimiento de Foster. Fantex también anunció un segundo cliente: Vernon Davis, tight end [atacante] de San Francisco 49ers.

El concepto -nuevo, aunque no totalmente inédito- ha animado a algunos aficionados, porque promete ser una forma de expresar una conexión emocional con el deporte y con sus estrellas. Pero son numerosas las señales que indican que es necesario tener cuidado. "De un mal gusto terrible", fue como Felix Salmon, columnista de Reuters, se refirió al concepto en un artículo en que declaró Fantex "la mala inversión del día". Para él, el lenguaje usado por la empresa en su prospecto es "deliberadamente deshumanizador: no se trata al atleta como persona, sino como 'marca' todo el tiempo".

Shawn E. Klein, especializado en ética del deporte y profesor de Filosofía de la Universidad Rockford, dice que no debemos preocuparnos por la explotación de jugadores. "Los atletas que piensan aceptar este tipo de acuerdo ciertamente sólo tomarán una decisión después de consultar a su gerente de negocios, que es quien entiende mejor esas complicaciones financieras", dice. "Pero, de forma más específica, estamos hablando de adultos que son libres de tomar una decisión de este tipo, aunque se trate de una decisión mala. Puede ser una manera interesante para que un atleta, u otras estrellas, se apropien de parte de sus ganancias financieras futuras ahora, en lugar de distribuirlas a lo largo del tiempo o de protegerlos contra la pérdida de su poder adquisitivo futuro -y así no perder del todo posibles ganancias más adelante. Desde ese punto de vista, parece un beneficio en potencia".

Otra cosa muy diferente es saber si esta idea puede generar dinero para el inversor. En general, las OPV traen consigo "mucha incertidumbre", observa Luke Taylor, profesor de Finanzas de Wharton. "Cuando Twitter salió a bolsa, nadie sabía si la empresa conseguiría recaudar algún dinero. Hay empresas que deciden salir a bolsa y no les va bien, mientras que otras tienen un rendimiento espectacular".

En realidad, sin embargo, la OPV de Fantex está estructurada de tal manera que los jugadores están exentos de grandes riesgos asociados a su carrera, transfiriéndolos a otros, según diversos observadores. "Veo el atractivo que eso tiene para los jugadores, pero es difícil apreciar qué atractivo puede tener para el inversor", dice Cade Massey, profesor de Práctica de gestión de las Operaciones y de la Información. "Se trata de una inversión altamente idiosincrática y volátil".

Jesse David, socio de la empresa de servicios de consultoría Edgeworth Economics, que hizo una encuesta de las lesiones en la NFL, va un poco más allá: "Dudo en llamar a esto inversión. Es una apuesta arriesgada".

Activos precarios

El anuncio de las OPV de Fantex llega en medio de la confusión que asola al segmento deportivo y que tiene que ver con el coste físico que un atleta tiene que soportar para jugar en la Liga Nacional de Fútbol (NFL), tanto en lo que se refiere a lesiones súbitas, que pueden poner fin rápidamente a su carrera, como las condiciones degenerativas de largo plazo, como demencia y mal de Parkinson que, a veces, sólo se hacen evidentes años más tarde.

"Vamos a hablar con franqueza, ellos están mercadeando con seres humanos", dijo el delantero John Moffitt recientemente a New York Times después de dejar Denver Broncos -y de abandonar por completo la NFL- preocupado por el desgaste que el deporte supone para el cuerpo humano. "No quiero arriesgar mi salud por dinero", dijo. Foster y David, sin embargo, hicieron un cálculo diferente y, sin querer, probaron lo cierto de la afirmación de Moffitt. Poco después de que Fantex anunciara la OPV de Foster, el jugador se lesionó y tuvieron que operarle de la columna, lo que puso fin a la temporada para él. Fantex aplazó la OPV hasta, según anunció, "un momento apropiado en el futuro después de la evaluación de los eventos ocurridos". Alrededor de la misma época en que la cirugía decretaba el fin de la temporada para Foster, Davis tuvo una contusión. Fantex no se pronunció sobre el futuro de la OPV. Una portavoz de la empresa se negó a que un representante hablara en nombre de la compañía, citando el periodo de silencio de la OPV.

Cualquier inversor que apueste por el futuro de un atleta profesional debe estar preparado para fuertes emociones. Un análisis de las lesiones ocurridas en la NFL por parte de Edgeworth Economics constató que los jugadores sufrieron más de 16.500 lesiones entre 2004 y 2009 -1,5 lesiones por jugador al año. Un jugador tiene una oportunidad entre siete de sufrir una lesión que exija cirugía poniendo fin de forma prematura a su temporada.

Según Americus Reed, profesor de Marketing de Wharton, Fantex tiene ante sí una oportunidad, con tal de que consiga exponer sus intenciones bajo una óptica favorable. "El clima en torno a la NFL actualmente está bastante cargado en lo que concierne a la salud y a la seguridad del jugador, y la NFL es la única liga en que no hay garantías, excepto un pequeño incentivo de contratación", dice. "Cuando se construyen estas cifras en torno a un contrato de cerca de US$100 millones, eso no significa nada si el atleta no puede jugar. Por lo tanto, hay espacio para actitudes heroicas de Fantex en la búsqueda de formas innovadoras que permitan ampliar las oportunidades de ganar dinero fuera del campo, buscando al mismo tiempo acercar a los fans a sus ídolos favoritos en los deportes.

"¿Qué dicen los aficionados de los deportes?" La idea es interesante, y hay mucha gente entusiasmada con ella. Ha habido mucha conversación al respecto", observa Jason Sosa, profesor senior del departamento de Gestión de deportes de la Universidad Rice. "Pero en el momento en que las personas profundicen más y examinen la web de Fantex para ver cómo funcionan las cosas -cuando analicen el riesgo como consumidores equilibrados-, van a querer mantenerse lejos de aquello".

En cierta manera, no es muy diferente de invertir en una carrera de caballos. Lo que sucede es que los caballos no se emborrachan y mandan tuits irreflexivos, tampoco hacen comentarios racistas y homófobos. "En el momento en que el sujeto se dispone a ser una marca y a ser negociado como entidad pública, el peligro es mayor", dice Reed. "Si Fantex está dispuesta a salir en busca de patrocinadores, los atletas no podrán recurrir al argumento de desacoplamiento moral, del tipo usado por Tiger Woods: "Me equivoqué; soy humano". Ese tipo de modelo está fuera de lugar cuando el sujeto es una marca y yo invierto en él".

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Alinear intereses

Según Klein, especialista en ética, "parece improbable que el asunto crezca mucho, tanto en términos de número de atletas como en número de inversores. Pero no veo tampoco ninguna desventaja moral obvia, aunque no se convierta en un tarea más constante". Reed señala que los dos primeros clientes de Fantex no son nombres de primera línea del marketing deportivo -de la dimensión de un LeBron James o de un Kobe Bryant- y, por lo tanto, ellos sólo pueden ganar con el músculo de marketing de una empresa como Fantex.

Kenneth L. Shropshire, director del Proyecto de Negocios Deportivos de Wharton y expresidente de la Asociación de Abogados Deportivos, dice que para un jugador que necesita o que desea ese pago cuantioso inmediato en contraposición a ganancias futuras, el negocio puede ser bueno. El potencial, dice, se deriva del hecho de que los intereses de Fantex y del atleta están básicamente alineados: ambos están empeñados en generar oportunidades profesionales fuera del campo con patrocinios de productos y otros elementos de marketing. "Si fuera alguien que no tiene un plan o una visión de marketing de largo plazo, mejor evitar ese tipo de cosas. Esos individuos son emprendedores, y si usted es una persona emprendedora, este es el tipo personas con las cuales va a querer asociarse".

Cuando le preguntaron si invertiría en Fantex, Shropshire respondió cauteloso: "No es ninguna Kodak, ni tampoco otra empresa cualquiera que usted imagina que será siempre un éxito hasta que, de pronto, las cosas cambian cuando se encaminan hacia el mundo digital. Es preciso pensar en el declive de las habilidades, ya sea de manera natural, o por lesiones. Ese es el riesgo sobre el que el inversor debe estar al corriente. Creo que depende del tipo de apetito que él tiene como inversor. Arian Foster es un buen ejemplo. El día anterior a la lesión, parecía interesante. Al día siguiente, sólo nos queda esperar que quede bien".

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Cuantificar el riesgo

Pero, lesiones, huesos rotos y comportamiento público poco moderado son sólo parte de lo que convierte a las OPV de Fantex en un instrumento de inversión traidor, dicen los analistas. En los materiales que la empresa pone a disposición de los posibles inversores, ella llama la atención sobre la naturaleza "especulativa, arriesgada y compleja" de la manera en que se estructura el negocio. "Estos títulos no sirven para otras metas de inversiones, como crecimiento o renta. Señale abajo indicando que su objetivo de inversión en esta cuenta es especulativo", informa el contrato.

De hecho, desde varios puntos de vista, las cartas favorecen a Fantex. Los inversores, en realidad, no están comprando acciones de Arian Foster o de Vernon Davis. Ellos están comprando grupos de acciones "de negociabilidad restringida" o "vinculadas a una operación", cuyo rendimiento está sujeto -aunque no sea una exigencia- al rendimiento de los atletas. Los portadores no tienen derecho a voto y sólo pueden negociar sus acciones en la plataforma de Fantex. Fantex Brokerage es el agente, por lo tanto la empresa cobra tarifas (1% del volumen total del negocio) sobre las transacciones.

Además, una vez que los inversores están, de hecho, comprando acciones en Fantex, la seguridad de la inversión depende no del éxito de su atleta individualmente, sino de la salud de la empresa en general. En otras palabras, el atleta en quien el inversor pone dinero puede estar haciéndolo bien, pero el valor final de sus acciones está determinado por el rendimiento de todos los atletas del portfolio de Fantex, a menos que gestione bien su dinero poniéndolo y quitándolo en los momentos más oportunos.

Además, Fantex puede no estar disponible para todo el mundo. Las OPV de la empresa giran en torno a su capacidad de desbloquear las leyes de los Estados que regulan la venta de acciones [blue sky laws] creadas con el propósito de proteger al público de los fraudes.

Pero invertir no siempre tiene que ver con la lógica, tiene que ver también con la emoción. Fantex cuenta con la idea de que los fans del deporte percibirán que invertir en un nombre específico es un voto de confianza en aquel atleta, y tal vez incluso la expresión de una conexión personal. "Es posible imaginar a mucha gente con ese sentimiento", observa Reed. "En primer lugar, el fútbol americano es el deporte más importante de EE.UU. Cuando alguien va a un partido, ve a las personas pintándose el rostro en pie allá en medio del frío. Son personas que invertirían en jugadores. Pero Fantex necesita contar la historia de la manera apropiada; una historia humana que hará que los inversores quieran formar parte de ella. ¿Qué sucede cuando un jugador es negociado y deja su equipo predilecto? Creo sinceramente -en lo que se refiere a la demanda latente, por lo que se ve en el fervor de los fans- que ese es un modelo posible de explotar".

Para los muchos que se dejarán seducir por Fantex, la due dilligence [análisis detallado] está fuera de la ecuación. En lugar de eso, dice Massey, de Wharton, la opinión estará matizada: "Ellos van a razonar así: 'Yo estoy informado; veo a la persona jugar desde que estaba en la universidad; asistí a todos sus partidos. Todo eso alimenta la familiaridad, y la familiaridad alimenta el optimismo".

La estrategia de Fantex de apelar a la emoción en detrimento de la lógica se vuelve bastante visible cuando hacemos las cuentas, dice Carmelo Gordian, abogado de OPV de Andrews Kurth, oficina de abogacía de Austin, en Tejas. El contrato de Foster con la NFL es de US$23,5 millones hasta 2016, si él juega. Por lo tanto, para que Fantex consiga compensar los US$10 millones invertidos en él, Foster tiene que alcanzar la marca de US$50 millones. "¿Eso tiene sentido? Por eso yo creo que la empresa está jugando con la emoción de las personas", dice Gordian. "En el mundo actual, a causa de la tecnología, es posible llegar a una cantidad de gente y exponer tus ideas muy rápidamente. Se puede encontrar numerosas personas dispuestas a invertir US$250 y con eso Fantex recauda sus US$10 millones. Observe, sin embargo, lo que sucedió con Arian Foster. Nadie sabe cuando volverá a jugar".