Si de escándalos rockeros se trata, hay una línea de decadencia clara que va de los desenfrenos dionisíacos de un Mick Jagger y Neil Young a las jaranas previsibles de un Pete Doherty o Justin Beiber. Sin embargo, con 19 años, hay que reconocer que este último se esfuerza por innovar: en sus giras por Latinoamérica lo consigue con creces. Justamente, con unas hojas de marihuana y una bandera canadiense burdamente dibujadas en un puente en Bogotá, Beiber logró convocar el escándalo por una razón muy previsible: las “grafiteó” custodiado por la policía bogotana.

“A nosotros nos matan, a los famosos los protegen”, dice uno de los 50 jóvenes que, con sus aerosoles en ristre, protagoniza una protesta de colores, recordando que hace un año un joven murió baleado por un policía que lo sorprendió dibujando en un puente similar.

Por su parte, Luis Páez, de Graffiti Art Bogotá, revela que en Bogotá éste es un arte clandestino, “porque la percepción ciudadana y de la policía es que quienes lo realizamos somos delincuentes o vagos”. 

La causa, especula, puede estar en las llamadas “barras bravas” seguidoras de los equipos de fútbol: “Ellos pintan frases, escudos, manchan las paredes durante sus actos violentos y eso daña no sólo la propiedad privada y pública, sino nuestra imagen”.

El artista explica que pintar paredes es una contravención que tiene una pena máxima de 12 horas de retención en una sede policial. Sin embargo, los uniformados “nos agreden físicamente, nos hacen lavar los baños y nos quitan el dinero que llevamos”. 

A pesar de las dificultades, los grafiteros bogotanos hacen un trabajo de alta calidad en opinión de Christian Petersen, un australiano radicado en Colombia que decidió plasmar sus imágenes en este país. Desde hace dos años realiza un Graffiti Tour por las obras más destacadas de la capital. “Estos (grafitis) son increíblemente fieles en su retrato de la sociedad colombiana actual”, afirma. 

Mientras la discusión continúa, los dibujos del cantante canadiense fueron borrados para descontento de las “Beliebers” colombianas. En busca de aquietar aguas, el secretario de gobierno, Guillermo Jaramillo, advirtió que si Justin Bieber vuelve al país será sancionado. Por supuesto no lavará los baños de la sede policial, pero deberá “realizar trabajo comunitario o dar un concierto gratuito”. Y, claro, como máximo, pintar los muros de la habitación del hotel. Menos fácil la tendría en Argentina, nación en la cual dejó a no pocos nacionalistas irritados. No por grafitear la bandera de Canadá, sino por usar como un trapo para el piso la bandera albiceleste en su concierto de Santiago de Chile. Por bastante menos, Morrisey, el líder de The Smiths, tuvo que autoexiliarse del Reino Unido.