Sala de Inversión. Y finalmente la Reserva Federal de los Estados Unidos, comenzará (en enero) a reducir el plan de estímulo monetario, aviso que muchos esperaban y otros no tanto, por los coletazos que podría provocar en los emergentes y en las economías más débiles.

Este proceso que en la jerga se conoce como “tapering” podía impactar en los precios de muchos activos a escala global.

Se trata del recorte de su programa de compras de bonos que viene llevando a cabo, al que llamaron flexibilización quantitativa (quantitative easing), para que suban de precio y bajen las tasas de interés.

Mientras mayor sea la cotización de los títulos, menor es el rendimiento hasta su vencimiento y, por lo tanto, más bajo será el nivel al que la economía tomará como referencia para diferentes clases de préstamos y depósitos.

La reducción de este programa se realizará en forma gradual y flexible, por lo que a partir de enero, la Fed reducirá sus recompras desde los US$85.000 a los US$75.000 millones por mes. Si bien es un cambio relevante, no se trata de una modificación abrupta de su política monetaria.

Si este estímulo se equipara con presionar el acelerador de un automóvil, la primera etapa del tapering equivaldría a reducirla. El accionar de la entidad sigue siendo claramente expansivo, pero en menor magnitud y aún está lejos apretar el freno, es decir, implementar medidas restrictivas o que tiendan a bajar considerablemente el ritmo de crecimiento.

Además, sus autoridades han sido claras en cuanto a que la trayectoria de este proceso dependerá de la evolución de las variables económicas en los próximos meses. Esto significa que podrían incrementar o recortar su accionar en función de cómo vayan las cosas en los Estados Unidos.

Los mercados están siempre buscando anticipar sus movimientos, por lo que están descontando un cambio de política monetaria en los próximos meses. Estas medidas influirán sobre los precios de los activos en la medida en la que resulten sorpresivas frente al consenso, que ya está reflejado en los precios.

El impacto más claro debería ser sobre la cotización de los bonos ya que la menor demanda por parte de la Fed, afectaría negativamente su valor. Pero, por otro lado, estas variables ya han sido asumidas, por lo que su nivel actual ya podría tener incorporado, al menos en parte, el efecto del tapering.

En cuanto a los mercados de divisas, la reducción de los estímulos de la Fed impactaría positivamente sobre el dólar, en especial frente al euro, la libra esterlina o el yen, entre otras monedas fuertes.

Un mayor crecimiento en los EE.UU. y un menor incentivo de la entidad, elevarían las tasas de interés de sus activos en comparación con los de otros países que cuentan con un riesgo comparable, lo que podría incrementar su demanda y generarle presión compradora al billete verde y vendedora a sus pares a medida que los inversores reposicionan su portafolio.

En lo que respecta a las materias primas, el proceso de tapering tiende a afectarlas negativamente ya que una apreciación del dólar suele hacer caer sus cotizaciones, sin importar el sector del que se trate.

Todo lo contrario ocurre con las acciones, ya que los tiempos de reducción de estímulo monetario generalmente producen un incremento en la actividad económica y favorece a rubros más cíclicos como el de la tecnología y el consumo discrecional y deja rezagados a otros más estables como el de servicios públicos o salud.