Aunque la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile fue un trámite carente de suspenso para muchos chilenos, ya que se sabía con demasiada seguridad que Michelle Bachelet sería reelegida, la primera vuelta sí despertó mucho más interés al tratarse de una elección con nueve candidatos, inéditos comicios que generaron un vibrante intercambio comunicacional en la web y, sobre todo, en las redes sociales.

Enfrentados a la fragmentación del voto, los candidatos debieron pensar con más ahinco en sus estrategias digitales, las que sin excepción incluyeron sitio web, contenidos multimedia e información minuto a minuto del accionar de los candidatos, a través de las redes sociales.

Y así fue. Múltiples cuentas en Twitter, fanpages en Facebook y videos que se hicieron virales fueron algunos de las herramientas a través de las que los políticos intentaron incentivar el voto en una población que, por primera vez, lo debía hacer voluntariamente.

Pero la estrategia no funcionó o sólo un poco. La abstención que se produjo fue cercana al 50%, pues poco más de 6,5 millones de personas votaron dentro de un padrón electoral superior a los 13 millones. Ante este panorama desértico, AméricaEconomía.com consultó al experto en nuevas tecnologías, futurólogo y autor de diversas obras sobre el impacto de éstas en la sociedad, Ben Hammersley.

“Primero, en los medios sociales a veces pareciera que hay más gente de la que realmente está. Tenemos que entender que la gente que habla aquí es un número relativamente bajo”, resalta el también periodista británico, sobre la base de su experiencia como reportero en The Guardian. Y agrega: “la segunda razón, es que hablar por Twitter o Facebook es muy fácil y lo puedes hacer desde cualquier parte: tu casa, el autobus, el trabajo, la playa, donde sea; en cambio, para votar necesitas ir a un lugar especial en una fecha determinada y no siempre es posible ir. Hay que pensar cuán fácil es participar en las redes sociales, y por ejemplo, decir algo chistoso en Twitter”.

En cuanto a la participación, un rol clave en las elecciones chilenas la representaban los jóvenes, quienes se incorporaban en millares a un padrón electoral predominantemente adulto en años anteriores. Por esto es que las nuevas tecnologías y su repercusión en los jóvenes parecían un poderoso imán para los políticos que deseaban captar sus votos. Sin embargo, Hammersley descarta ese factor y afirma taxativo: “creo que la razón por la que la gente joven no vota no es por el factor internet, de encontrar algo interesante allí o no, sino que no votan porque están cansados de la actual generación de políticos”.

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Hammersley, también embajador del primer ministro británico para una ciudad tecnológica en Londres, es claro y no duda en criticar severamente las estrategias políticas que se basan exclusivamente en captar votos por la web, descuidando los otros aspectos más tradicionales y esenciales de una campaña. “Si quieres ganar una elección, necesitas políticas por las que la gente quiera votar. Si usas Twitter, Facebook o apps, no importa, los jóvenes no son estúpidos; los veinteañeros o treintañeros no son tontos, no votan porque usan videos, sino porque tienen políticas que les interesan”.

-¿Es posible que los políticos o candidatos puedan seducir a los jóvenes con algunas de las herramientas de internet?

-Es una muy mala idea, y de hecho creo que tiene menos posibilidades de ganar, porque los jóvenes los verán y dirán ¿esto es una broma? No tiene políticas y sólo pretende o finge ser cool con esto, pero no hay nada valioso. Si les puedo dar un consejo a los políticos, en cualquier parte del mundo, no importa dónde estén, respecto a cómo hacer que la gente joven vote por nosotros... haciendo una página de Facebook o algo así, la respuesta es ¡no! No importa. La manera de hacer que los jóvenes voten por ti es representando a la gente joven, teniendo políticas relevantes para ellos, y las clases políticas de los países ya no hacen eso. No se trata de presentaciones, medios o redes sociales, internet, sino de políticas, economía, trabajo, educación y esas materias.

-Aun así, ¿se pueden utilizar las herramientas de internet de alguna manera inteligente o útil, en algún nivel de la política o cuando ya estás en el poder?

-Quizás, sí. Eso requeriría un tipo diferente de políticos. He hablado con muchos, y muchos están muy entusiasmados por comunicarse con la gente, responderles y conversar; lo dicen y hay muchas herramientas para eso, pero nunca conocí un político que escuchara cuando la gente le respondía. Hay muchos que tienen sus propias ideas y creencias bien arraigadas, pero no van a decir cuando lleguen al poder: ¡tenemos estas ideas, ¿qué opinan ustedes?! Porque eso no es lo que el sistema democrático dicta.