Sala de Inversión.  La compra de cualquier activo siempre supone riesgos, en este sentido todo inversor debe cubrirse ante posibles pérdidas para evitar lamentos en el futuro.

Por eso, la mayoría recurre a las distintas versiones de los llamados “stop loss”, una herramienta que sirve para disminuir el riesgo en la compra de cualquier activo.

En su versión más tradicional, se trata de una orden de venta que se coloca a un precio inferior al actual para protegerse ante una posible caída en la cotización. Si esto ocurre y alcanza el nivel fijado, se ejecuta y la posición se cierra, con lo que se protege al inversor si la bajada se acentúa.

Otra alternativa es el stop market, en el que se carga sólo el valor de activación para asegurarse de que se ejecutará en forma inmediata a precio de mercado al mejor comprador de ese momento. El problema es que uno se desprenderá de su activo incluso cuando se opere por debajo del elegido y puede no garantizar la cotización a la que se realizará como en casos de brechas intradiarias profundas o una apertura muy por debajo del último cierre.

Para eso, existe el stop limit, en el que se deben colocar dos cifras, la de activación y la del límite de venta. Así, se asegura el precio al que se desprenderá de él en caso de que se mueva en niveles inferiores al fijado, pero no que se realizará la transacción.

Una tercera opción es utilizar el trailing stop, que sirve para maximizar los beneficios cuando el mercado se mueve como uno estima y pone un freno que se ajusta a las necesidades para sacar el máximo provecho a cada orden.

Por ejemplo, si se compran acciones de Apple (AAPL) a 550 dólares y se coloca el stop loss en 500, se podría configurar una de 30 dólares. Si todo sale como uno espera y alcanza los 580, el stop se moverá automáticamente a 530.

Esta herramienta es ideal para beneficiarse de la tendencia y fue diseñada para que pueda dejar correr las ganancias y reducir las pérdidas al mismo tiempo, pero ajustadas a las necesidades personales de cada uno.