México es el cuarto país que más gente lleva a las salas después de India, Estados Unidos y China. Ahora, sus espectadores comienzan a ver películas mexicanas.

Ya no hay más una María Félix, ni un Pedro Infante, ni alguien parecido al famoso Cantinflas. La época de las estrellas rutilantes que vivió México entre 1936 y 1958, cuando el país tenía una de las industrias del cine más grandes del mundo, se ha ido. Y tal vez no se repetirá nunca. Sin embargo, el cine azteca podría estar al borde de un nuevo florecimiento masivo: este año el público se ha inclinado, de a millones, por el cine local, creando esperanzas de una nueva época dorada.

Todo comenzó con Nosotros los nobles, una comedia blanca, sin grandes pretensiones, que -a pesar de que no hace grandes cuestionamientos sociales- parece haber tocado una fibra profunda en los mexicanos. La ópera prima de Gary Alazraki se convirtió, en julio, en la película más vista en la historia del cine mexicano, con una taquilla de alrededor de US$25 millones.

“La película rompió mitos que se habían estandarizado en la psique de las productoras mexicanas: que a la gente no le gusta ver cine mexicano, que no se puede competir con Hollywood, que las distribuidoras están en contra del cine mexicano. Eso justificaba el fracaso de muchas producciones”, explica Alazraki.

Tan sólo tres meses después, el film No se aceptan devoluciones, del director y actor Eugenio Derbez, rompió el récord que había alcanzado Nosotros los nobles. La comedia, muy cuestionada, llevó en tan sólo 10 días a más de ocho millones de espectadores a las salas de cine y recaudó alrededor de US$27 millones. 

A este par de éxitos comerciales se le pueden sumar películas como No sé si cortarme las venas o dejármelas largas, de Manolo Caro, y Tercera llamada de Francisco Franco, que -aunque no han tenido el éxito de las películas mencionadas- están atrayendo a un número de espectadores inédito en los últimos años. 

El cine independiente no se ha quedado atrás. Dos films: Heli y La jaula de oro triunfaron en Cannes. La primera con resultados sorprendentes. Por si eso no fuera suficiente, el éxito de los directores mexicanos en el exterior, como Alfonso Cuarón, también atrae a los espectadores. 

Es que México tiene de donde “sacar” espectadores para una industria cinematográfica propia: es el cuarto país que más gente lleva a las salas después de India, Estados Unidos y China. Según la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica y del Videograma (Canacine) en 2012 se vendieron 229 millones de entradas. Así, el éxito en 2013 de las películas mexicanas parece augurar el reflorecimiento de una industria que hace mucho que no levantaba cabeza. El desafío mantenerla en alto.