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Poca morfina y mucho dolor en México
Martes, Junio 5, 2018 - 08:00

Por Maribel Ramírez Coronel, Periodista en temas de economía y salud para El Economista.

Evitar el dolor de una persona es y debería verse como uno de los derechos humanos fundamentales. Sin embargo hay una completa insensibilidad al respecto en particular en países de ingresos bajos y medios, México incluido.

Existiendo hoy en día opciones medicinales accesibles para mitigar los dolores, millones de personas viven y terminan los últimos momentos de su vida con dolor.

La falta de acceso a medicamentos para controlar el dolor es la injusticia más insidiosa que existe: podría resolverse sin mayores esfuerzos pero simplemente no se le da la suficiente importancia.

En el caso de México desde hace 10 años se vienen empujando acciones en favor de que haya cuidados paliativos en el país. En el 2008 se definió una NOM específica, para el 2013 se diseñó un plan para incluirlo en la Ley General de Salud, para el 2014 se definieron criterios para la atención del enfermo terminal con cuidados paliativos y ese mismo año se firmó un acuerdo de obligatoriedad encabezado por el Consejo de Salubridad General, que lleva el doctor Jesús Ancer.

Sin embargo, falta instaurar un esquema integral en el sistema nacional de salud para cuidados paliativos y atención al dolor. Son pocos los hospitales que tienen conformada un área específica y que el director general aplique una adecuada estrategia de implementación con educación, capacitación al personal y difusión, además de disponibilidad de opioides como morfina y adyuvantes.

En México el consumo promedio de morfina por muerte con dolor sigue entre los más bajos del mundo; incluso por debajo de países como Uruguay y Costa Rica. En el 2013 el consumo mexicano de morfina era de 2.350 miligramos frente a 6.600 mg de Brasil y 35.499 mg de Inglaterra, situación que con la supuesta obligatoriedad no ha variado mucho.

Y en este caso, no es que se requieran grandes sumas de dinero para ello. Incluso sería sencillo de llevarse a cabo porque con la participación de familiares pueden establecerse esquemas para manejo de dolor en el hogar y en la comunidad; además, programas de este tipo fomentan el sentido humanitario y de solidaridad. Es cuestión de decisión y planeación.

Una de las principales impulsoras para hacer conciencia sobre el tema en México y el mundo es la doctora Felicia Knaul, catedrática de la Escuela de Medicina de la Universidad de Miami, sobreviviente de cáncer y fundadora de Tómatelo a Pecho. En cada oportunidad pone el asunto sobre la mesa, y ha buscado impulsar un grupo mixto permanente que sea vigilante del cumplimiento de los compromisos del sector público y privado en manejo del dolor y cuidados paliativos.

Un factor crucial es la disponibilidad de especialistas bien capacitados y superar las restricciones en el acceso a los opioides, algo que incluso entre los médicos sigue estigmatizado como si la adicción a una droga le importara al paciente más que su propio dolor. Otro factor es la falta de personal médico capacitado para prescribirlos y supervisar su uso. En México hay unos 250 médicos que realizaron cursos exclusivos en cuidados paliativos. Son pocas las facultades y escuelas de medicina acreditadas y no acreditadas que incluyen cuidados paliativos en sus planes de estudio.

Además, se necesita integrar a otros profesionales de la salud en un modelo integral de cuidados paliativos, como las enfermeras y los psicólogos.

Definitivamente, como dice la dra Knaul, es uno de los retos más importantes para el sistema de salud mexicano y sus pacientes ante el aumento en la prevalencia de enfermedades crónicas, como cardiovasculares, cáncer, VIH, neuropatías y diabetes, entre las que más generan dolor en ciertas etapas.

Tal parece que para que se cumpla esa obligatoriedad en los hechos lo que falta simplemente es ser sensible con el dolor del otro.

Autores

Maribel R. Coronel