Toronto. Algunos países del Grupo de las 20 mayores economías del mundo desean elogiar la decisión de China de alterar su tipo de cambio en el comunicado de una cumbre de líderes este fin de semana, pero Pekín se opone a que su divisa sea mencionada, dijeron fuentes del G-20.

Pekín anunció el sábado pasado que pondría fin una paridad de facto del yuan respecto al dólar estadounidense, que había estado en vigor por cerca de dos años. Washington y otras capitales habían presionado por largo tiempo a China para que permita que su moneda se aprecie.

"(El tema) fue discutido en términos de acoger la medida", dijo una fuente. "Los chinos no quisieron una referencia al asunto y no hubo un párrafo que instara a una apreciación real", aseveró.

Una segunda fuente, un funcionario del G-20 que participa en los preparativos de la cumbre, dijo que en las negociaciones sobre el comunicado delegados felicitaron a China por su anuncio acerca del yuan, pero algunos países destacaron la importancia de que Pekín siga adelante hacia una moneda más flexible.

Aunque China no esté mencionada explícitamente en el comunicado, los países del G-20 podrían incluir una referencia menos específica a la importancia de las monedas flexibles en la declaración, indicó la segunda fuente.

El yuan terminó la semana un 0,5% más fuerte frente al dólar estadounidense, después de la nueva política aplicada por el Banco Popular de China.

El banco central chino dijo que manejaría al yuan frente a una cesta de monedas. Mantuvo efectivamente una paridad frente al dólar entre el 2005 y el 2008.

El principal negociador de China en las discusiones previas al G-20, Cui Tiankai, dijo una semana atrás que el yuan era un asunto soberano para China y que no se discutiría en foros internacionales.

Eso indicó que a Pekín le incomoda establecer un precedente en el cual el G-20 mencione al yuan, aún si la línea del comunicado busca alabar la nueva política.

Estados Unidos quiere que China permita al yuan subir más rápido para estrechar un déficit comercial, que se ha convertido en un dolor de cabeza político para el Gobierno dle presidente Barack Obama.

Algunos legisladores estadounidense quieren que el Gobierno acuse formalmente a China de manipular su moneda, lo que potencialmente abriría las puertas a una disputa comercial.