En 2011, una espectacular imagen nocturna de la Península Ibérica desde la Estación Espacial Internacional copó decenas de titulares. La fotografía mostraba no sólo la belleza del planeta, sino también la gran contaminación lumínica de grandes urbes como Madrid, Lisboa, Barcelona, Sevilla o Valencia.

La contaminación lumínica es un término que agrupa al conjunto de efectos adversos producidos por la luz artificial. Los excesos de iluminación o el uso de iluminarias inadecuadas, según el Instituto de Astrofísica de Canarias, están detrás del fenómeno que produce un enorme gasto energético, la perturbación de hábitats naturales o la emisión de gases contaminantes. Estos efectos, sin embargo, podrían reducirse en el futuro con el desarrollo de farolas bioluminiscentes.

Un investigador de la Universidad de Sevilla ha patentado un procedimiento para utilizar bacterias o algas como dispositivos para iluminar nuestras calles. Aunque la bioluminiscencia es un fenómeno muy conocido, por el cual microbios como Vibrio fischeri brillan con luz propia, el ingenio de este científico ha permitido crear una tecnología que pueda ser utilizada a escala industrial.

La invención consiste en desarrollar un dispositivo que emplee poblaciones de microorganismos, sean bacterias o algas unicelulares, que emitan luz por sí mismos. Esta actividad ocurre porque estos seres vivos son capaces de transformar la energía química en energía luminosa mediante complejos mecanismos moleculares. De esta manera podríamos disponer de farolas bioluminiscentes sin consumir energía eléctrica ni emitir residuos.

Como reconoce el científico a la Agencia SINC, “estos microorganismos no tienen la potencia que puede tener una farola, pero introducidas en un medio de cultivo adecuado son perfectas como iluminación de emergencia o en espacios naturales”. Su idea de farolas bioluminiscentes ha sido desarrollada gracias a una colaboración de la Universidad de Sevilla con la Universidad de Columbia (Nueva York), dando lugar a dos patentes para cultivar y fabricar el dispositivo bacteriano con Vibrio fischeri y con un tipo de alga unicelular, Pyrocystis fusiformis.

La ingeniosa estrategia planteada por este científico abre las puertas a un futuro donde la contaminación lumínica no sea protagonista en nuestros cielos. El uso de farolas bioluminiscentes no nos brindará imágenes tan bellas de la Península Ibérica, pero ayudará a mejorar la sostenibilidad del planeta.