Buenos Aires. La microbiología aplicada a productos agropecuarios conecta a China con Argentina, en el marco de la asociación estratégica integral que mantienen ambas naciones y que busca incrementar el intercambio bilateral.

Las múltiples conexiones entre Beijing y Buenos Aires tienen un capítulo sobre desarrollo agropecuario en el que juega un importante rol la empresa Rizobacter Argentina, una compañía con 38 años en el mercado, que tiene una facturación anual de US$100 millones, de los cuales el 20% corresponde a las exportaciones.

"Envía productos a países como Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Turquía, Ucrania, Rusia y China, y cuenta con más de 400 empleados, es una empresa bien tecnológica y bien profesional", destacó, en diálogo con Xinhua, el director ejecutivo de la compañía, Ricardo Yapur.

En diciembre pasado, una comitiva de la Academia de Ciencias de la provincia china de Heilongjiang visitó la empresa, ubicada en la ciudad de Pergamino, 180 kilómetros al noroeste de Buenos Aires.

La idea era sellar un acuerdo para la investigación y desarrollo conjunto de tecnologías microbiológicas que permitan mejorar la producción en suelo chino.

"Vinimos a Argentina únicamente para visitar y conocer la planta de Rizobacter. Estamos muy interesados en conocer la tecnología que está desarrollando esta empresa y todo el trabajo entorno a la producción sojera, principalmente en la relación soja-rhizobium", destacó entonces Wang Gang, vicepresidente de la mencionada Academia.

En ese marco, Yapur explicó a Xinhua que Rizobacter "básicamente está fabricando microorganismos, que son inoculantes para soja, un cultivo de bacterias que se aplica sobre la semilla y que en el momento en que la semilla germina, infectan la raíz, producen un nódulo y ese nódulo se fija el nitrógeno del aire".

"El aire que nosotros respiramos tiene 79% de nitrógeno, no asimilable para los seres vivos. Esta bacteria lo que hace es asimilar ese nitrógeno, incorporarlo al torrente circulatorio de la planta, en forma de aminoácidos para formar proteínas, y esa proteína, cuando se muele el grano, sirve como alimento de peces, de cerdos, de aves, de vacas", detalló.

El directivo remarcó que "el valor relacionado con la sustentabilidad es muy importante, porque este nitrógeno que se fija se incorpora directamente en las raíces, sin contaminación de aire, ni de agua ni de suelo, se fija la cantidad que la planta necesita, sin procesos costosos en términos de energía".

"Es una tecnología totalmente adoptada en Argentina, donde el 90% de los productores utilizan inoculantes, porque la tecnología y la información dicen que fija el nitrógeno suficiente para producir muy buenos rendimientos. El aumento de rendimiento está en el orden de los 150 kilos de soja por las sojas fertilizadas en aquellos suelos que vienen de soja y ya tienen población naturalizada", subrayó.

Yapur, además, enfatizó los beneficios económicos que trae aparejada la iniciativa.

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"El uso de esta bacteria, que no tiene ninguna contaminación y es muy bueno para la cultura orgánica, cuesta entre US$5 y US$10 por hectárea, cuando la urea, que requiere altas presiones y temperaturas, lo que se logra quemando petróleo, cuesta US$150 por hectárea", comparó.

La empresa cuenta en su establecimiento con la posibilidad de realizar ensayos, control de calidad, selección de cepas y probar distintas cosas que pasan en el campo, como temperatura y luz.

La compañía, líder en Argentina, produce inoculantes para asegurar la fijación biológica de nitrógeno), proceso indispensable para el desarrollo de las leguminosas.

"Su propuesta comercial incluye desde tecnologías tradicionales hasta las más evolucionadas orientados a prolongar la supervivencia bacteriana como nunca antes se había hecho en formulaciones líquidas", destaca la firma en su sitio en internet.

Lo hace con la aplicación de la tecnología osmoprotectora, "que promueve un alto rendimiento metabólico y fisiológico de las bacterias y garantiza la supervivencia y concentración bacteriana sobre las semilla y el envase, disminuyendo el impacto de fungicidas e insecticidas sobre las bacterias y mejorando sustantivamente el desempeño de los inoculantes y su incidencia sobre los rendimientos".