Ciudad de México. En México, el homicida es impulsivo y violento; el violador es frágil, el secuestrador se caracteriza por su capacidad calculadora y el narcotraficante que no se droga suele ser dominante y seductor.

“Un delincuente de cuello blanco oculta sus emociones, es manipulador y seductor, y la mujer homicida es emocional y explosiva”, reveló Amada Ampudia Rueda, académica de la UNAM y coordinadora de un proyecto con el que se desarrolló un modelo de diagnóstico de la personalidad del delincuente mexicano.

Los expertos de la UNAM, en colaboración con la Universidad de Salamanca, España, desarrollaron un esquema con el que, a lo largo de diez años, evaluaron a 4.500 internos de cárceles ubicadas en Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas y Michoacán, cuya información obtenida ayudará a prevenir la incidencia delictiva y a reducir los índices de reincidencia.

A decir de la experta, al cruzar variables como edad, sexo y escolaridad, determinaron que existe una tendencia mayor a delinquir en la etapa productiva, entre los 18 y 40 años, y que si un preso se adapta al medio penitenciario entonces está lejos de la readaptación social.


Revelan carácter del criminal mexicano

En México, el homicida es impulsivo y violento; el violador es frágil; el secuestrador se caracteriza por su capacidad calculadora; el narcotraficante que no se droga suele ser dominante y seductor; un delincuente de cuello blanco oculta sus emociones, es manipulador y seductor, y la mujer homicida es emocional y explosiva.

Ésa fue la clasificación que elaboraron sicólogos de la UNAM en colaboración con colegas de la Universidad de Salamanca, España, luego de diez años de llevar a cabo una investigación en la que analizaron la personalidad de reclusos en cuatro estados del país.

A una década de ese trabajo en cárceles mexicanas, diseñaron un modelo de evaluación y diagnóstico de la personalidad delincuencial mexicana, a través del cual determinaron que los homicidas son los más agresivos y suelen irrumpir de manera violenta sin ningún control.

Esa misma agresión se percibe en los secuestradores, pero éstos tienen mayor visión y por tanto son más calculadores, de modo que pueden estallar, pero no perder el control.

Por su parte, las mujeres homicidas son más emocionales, pero también más explosivas. “Agreden de manera exagerada porque tienen ese potencial; pueden ser más verbales, pero también muy impulsivas. Tienen alteraciones cognitivas intensas, de reacción extrema, después de que aguantaron muchos años de agresiones”, concluyó el diagnóstico dirigido por la académica de la Universidad Nacional, Amada Ampudia Rueda.

En esa clasificación de personalidad delincuencial, la coordinadora del proyecto también explicó que los presos que traficaban drogas, pero no las consumían, tienden a ser dominantes, manipuladores y seductores.

En cambio, los sentenciados por robo son observadores, muestran conductas obsesivas y sobresalen por su meticulosidad, mientras que un violador es sensible y frágil.

Por su parte, los delincuentes de cuello blanco difícilmente expresan sus emociones, son manipuladores, fríos, seductores y observadores, además de que “tienen rasgos sociopáticos, son impersonales, no se conectan fácilmente con los otros y siempre buscan su beneficio”.

De acuerdo con ese esquema de evaluación, los especialistas lograron establecer esos perfiles delincuenciales; sin embargo, la profesora Ampudia Rueda aclaró que tampoco se puede estigmatizar y decir que todos los generadores de violencia son así, por lo que es indispensable tener cautela al usarlos.

La sicóloga que dirigió el proyecto de investigación explicó que ese esquema de evaluación y diagnóstico se comenzó hace una década, con la aplicación y validación de diferentes pruebas de medición en 10% de la población sentenciada con mayor incidencia delincuencial de cárceles ubicadas en Chihuahua, Sinaloa, Zacatecas y Michoacán.

Para crear ese modelo y establecer un diagnóstico, la especialista de la Máxima Casa de Estudios detalló que se consideraron diferentes variables como antecedentes familiares, tipo de delito, nivel de peligrosidad y actitud hacia la institución, ya que ello influye en las conductas delictivas.

“Evaluamos aproximadamente a 4.500 internos para determinar nivel de peligrosidad, reincidencia, tipo de delito y otras variables”, detalló la sicóloga Ampudia Rueda, al agregar que ese modelo podría ayudar a disminuir o controlar la conducta delictiva en esos reclusos.

Dijo además que con la definición de perfiles de la personalidad delincuencial se busca abonar en el conocimiento criminológico que permita prevenir la incidencia de delitos y aminorar los índices de reincidencia.

Además, en ese modelo de diagnóstico de la personalidad del delincuente mexicano también se desarrolló un programa de prevención en grupos, ya que hacerlo de manera individual sería muy costoso.

Los criminales surgen por diversas causas

Los expertos que participaron en el proyecto también determinaron que la conducta delictiva “no es por generación espontánea”, sino que surge por diversos factores asociados a la situación sociodemográfica, lo mismo que los motivos de incidencia y reincidencia.

Al cruzar variables como edad, sexo y escolaridad, determinaron que existe una tendencia mayor a delinquir en la etapa productiva, es decir, entre los 18 y 40 años de edad, y si un preso se adapta al medio penitenciario y adopta conductas para sobrevivir, entonces está lejos de la readaptación social.

Instrumentos para elaborar los perfiles

El estudio que diferencia al homicida del secuestrador o del violador utilizó diversos instrumentos de medición que se aplican en sicología, como el Inventario Multifásico de la Personalidad de Minnesota, desarrollado en Estados Unidos y adaptado para la población de México por los especialistas Emilia Lucio e Isabel Reyes Lagunes junto con Amada Ampudia.

De acuerdo con las expertas en ese método de medición, se pueden observar diferentes niveles de agresión en los tipos de delitos, como las características de peligrosidad, reincidencia, simulación y elementos de la estructura misma de la personalidad.

Pero además se utilizó la prueba de inteligencia llamada Wechsler, que fue adaptada y estandarizada para medir funciones cognitivas en mexicanos, así como cuestionarios para determinar variables sociodemográficas, violencia, agresión, reincidencia y adaptación al centro penitenciario.

En colaboración con Fernando Jiménez y Guadalupe Sánchez Crespo, de la Universidad de Salamanca, los sicólogos de la UNAM también desarrollaron un instrumento que mide reincidencia, peligrosidad y sicopatología, el cual podrá utilizarse en México.

Crean indicadores de la conducta agresiva y violenta

El mismo equipo de trabajo también diseñó hace algunos años una evaluación sobre la conducta agresiva y violenta en hombres y mujeres homicidas, detectando que ellos tienden a negar la agresión, mientras que ellas aceptan más los aspectos de la hostilidad.

En un trabajo de campo efectuado entre 200 presos en cárceles mexicanas, 100 hombres y 100 mujeres, los sicólogos hallaron que las mujeres se muestran enojadas, sensibles a desaires y rechazos, pero son cautelosas en los contactos sociales, mientras que los hombres son impulsivos, con actitud persistente y marcada irresponsabilidad hacia las normas, reglas y obligaciones sociales, así como baja tolerancia a la frustración e incapacidad para experimentar culpa.

El estudio también concluyó que las mujeres no poseen estrategias apropiadas para tratar la agresión y por ende sus habilidades de enfrentamiento y manejo de la agresión son bajas, lo cual a su vez propicia que su agresión reprimida las haga explotar y cometer un acto “extremadamente violento”.


Lingüística forense, al servicio de la justicia

La lingüística forense resuelve problemas como la detección de fraudes o la filtración de información dentro de las empresas, la autoría de un texto o el plagio, entre otros casos.

De acuerdo con un comunicado de la UNAM, en el Instituto de Ingeniería, el Grupo de Ingeniería Lingüística (GIL), que encabeza Gerardo Sierra Martínez, se aboca no sólo a esos problemas, sino que ha emprendido estudios de fonética forense para, por ejemplo, determinar cómo una prótesis dental cambia la forma de hablar de una persona y qué serie de trucos se pueden hacer para aparentar otra forma de expresarse.

De esta forma se pretende detectar, de manera temprana, la enfermedad de Alzheimer mediante el análisis de textos escritos que proporcionen indicios de que una persona tiene retrocesos en su forma de escribir, en el léxico, la gramática o en cómo compone.

En lingüística forense, explicó Sierra Martínez, se plantean temas como argumentación jurídica, fonética forense, detección de paráfrasis, perfil lingüístico, lenguaje de procedimiento judicial, lenguaje legal y atribución de autoría.

Asimismo, se resuelven problemas que no pueden ser abordados por una sola persona, por ejemplo, el análisis de 20 mil o 100 mil correos electrónicos de una empresa para detectar si hay filtración de información o se incurre en un fraude.

Un problema típico a resolver dentro de esta área es descubrir quién escribió un documento o dijo algo. Por ejemplo, de un mensaje que deja un grupo criminal se puede averiguar el perfil del o los autores por la forma en que se escribe: conocer el género, el grupo etario, el nivel socioeconómico y cultural, y si fueron una o varias personas.

Las investigaciones se han realizado con patrocinio del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y la Dirección General de Asuntos del Personal Académico de la UNAM, y se han aplicado para una firma de abogados que solicitó dictámenes de fraudes o para empresas de manejo de información.

Además se ha tenido un acercamiento con las policías y procuradurías de justicia para ofrecer cursos sobre fonética forense, pues esas instancias tienen buenas herramientas y dispositivos, pero en ocasiones no se les sabe sacar provecho.