Científicos cubanos vaticinan la próxima reaparición del fenómeno climático El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un complejo proceso de interacción océano-atmósfera que tiene impacto sobre el clima en la región.

El investigador del Centro del Clima del Instituto de Meteorología de Cuba, Ramón Pérez, explicó que desde finales de enero comenzó a incrementarse la temperatura superficial del mar en varias porciones del Pacífico ecuatorial.

Estas anomalías fueron expandiéndose aún durante abril y mayo, hasta cubrir todo el sector centro-oriental.

De manera paralela, se observó un incremento de los vientos del oeste en el Pacífico occidental, condiciones que generalmente anteceden al desarrollo de un ENOS, y que prevalecieron también en junio.

De acuerdo con el experto, el principal impacto sobre Cuba suele producirse durante el periodo poco lluvioso del año, en especial de enero a abril.

En estos meses aumentan los totales de precipitaciones por encima de los valores normales, unido en algunas ocasiones a la presencia más frecuente de fenómenos naturales significativos, como lluvias intensas, brotes de tormentas locales severas e inundaciones costeras notables.

El doctor en ciencias recordó lo sucedido en el invierno 1982-1983, cuyos efectos han sido hasta el momento los más importantes reportados en la isla a causa del también llamado Niño "diabólico" del clima.

Durante esa temporada surgieron 26 bajas extratropicales en el Golfo de México, lo que constituye una cifra récord.

Algunas de ellas se desarrollaron a muy baja latitud, y desataron sucesivos episodios de fuertes precipitaciones con acumulados de tres a cinco veces superiores a los históricos, en particular en el occidente y centro cubanos.

También en marzo de 1983 hubo vientos del sur con fuerza de huracán, mientras el 18 de ese mes ocurrió el mayor brote de tornados que haya sido reportado en Cuba, con siete.

En el caso de las inundaciones costeras por penetración del mar, buena parte de las más significativas registradas en el litoral norte de La Habana durante los últimos seis lustros, tuvieron lugar en años con presencia del ENOS.

Así sucedió el 17 de marzo de 1983, el 6 de febrero de 1992, y el 13 de marzo de 1993, asociada esta última a la llamada Tormenta del Siglo.

Aunque el ENOS 1997-1998 fue catalogado como el más intenso del siglo XX, en la Mayor de las Antillas los daños no fueron tan violentos como se esperaba.

Lo anterior pone de manifiesto que no siempre genera iguales efectos, aun cuando por la magnitud del aumento de la temperatura del mar en el Pacífico ecuatorial alcance el rango de fuerte, señaló el especialista.

Pérez apuntó como otro impacto sobresaliente la tendencia a deprimir la actividad ciclónica en la cuenca del Atlántico, incluido el mar Caribe, pues genera fuertes vientos del oeste en la atmósfera superior.

Estos vientos son capaces de entorpecer el desarrollo de las tormentas tropicales y huracanes, al impedir que la energía pueda concentrarse en la columna de aire en la altura.

No obstante, advirtió, ello no implica que sea nula la probabilidad de que un ciclón tropical afecte al país; de ahí la necesidad de no bajar la guardia y aplicar con suficiente tiempo las medidas dirigidas a reducir las vulnerabilidades y proteger la vida y los recursos de la economía.

Subrayó el experto que todavía es prematuro decir cuán fuerte será el nuevo evento en fase de gestación, y menos aún prever desde ahora sus efectos sobre el clima cubano para el venidero semestre noviembre-abril; por eso, el Centro del Clima se mantiene al tanto de su evolución.

El ENOS es un complejo proceso de interacción océano-atmósfera, caracterizado por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del mar en una amplia franja del océano Pacífico ecuatorial, que se extiende desde su porción central hasta las costas de Sudamérica.

Ese fenómeno ocurre acompañado de una inversión a gran escala de los centros de alta y baja presión ubicados en el océano Pacífico oriental y occidental, respectivamente, la denominada Oscilación del Sur.

El nombre del fenómeno fue acuñado hace mucho tiempo por los pescadores peruanos, quienes notaron que las aguas habitualmente frías del litoral de ese país andino se tornaban cálidas cada cierto número de años en los días cercanos a la celebración de la Navidad cristiana, es decir a la fecha del nacimiento del niño Jesús.

Ese calentamiento provoca la emigración de muchas especies, entre ellas la anchoveta, lo que afecta de forma considerable el sector de la pesca, además de provocar alteraciones sensibles en el hábitat de los ecosistemas marinos.

Si bien en los últimos 30 años el ENOS se ha convertido en tema público recurrente por desatar sequías extremas en diferentes regiones del planeta y lluvias torrenciales en otras, existen registros muy documentados sobre su aparición que datan de 1470, y de varias centurias atrás.