Bogotá. “Aparecen en elecciones unos que llaman caudillos, andan prometiendo escuelas y puentes donde no hay ríos, y al alma del campesino llega el color partidiso, entonces aprende a odiar hasta a quien fue su buen vecino, y todo por esos malditos politiqueros de oficio... Aparecen en elecciones unos que llaman caudillos...”.

La canción, "A quién engañas abuelo", escrita por Arnulfo Briceño e interpretada por Garzón y Collazos, éxito de los 70, sí que refleja la más reciente campaña por la presidencia de la República. Si algo hicieron muy bien los candidatos Juan Manuel Santos y Óscar Iván Zuluaga, en su intensa carrera por el liderazgo político del país, fue hacer promesas por doquier.

Acabar con la guerra, con la pobreza y la desigualdad decía uno, crecer el PIB al 7% con más inversión en el campo, con más seguridad democrática, decía el otro. Iban de aquí para allá en correría por los votos, de los que tanto dan las promesas.

Por eso, después de los 7.813.115 que obtuvo Santos en la segunda vuelta, generosa cifra que le dio para hacerse al segundo período de mandato, hay que hacer caja y sacar cuentas de, a grosso modo, cuánto costarán sus promesas. Se las hizo a campesinos, profesores, indígenas, ambientalistas, estudiantes, médicos, deportistas...

A bogotanos, atlanticenses, cordobeses, sucreños, santandereanos. Con casas, reformas políticas, acueductos, infraestructura y regalías. A ancianos y a taxistas.

A los campesinos, el sector más golpeado por la falta de competitividad, prometió subsidiarles “la compra de abonos y fertilizantes para reducir costos de producción. Se asignará a las Unidades Agrícolas Familiares (UAF) un auxilio de $500 mil. El subsidio será anual y se hará efectivo a través de un bono”, detalló su campaña tras las declaraciones del reelegido presidente.

Eso, cuentas más cuentas menos, para Rafael Mejía, presidente de la SAC, es muy difícil de calcular, pero fue enfático en que “tan sólo en riego y drenaje se necesitarían como $40 billones. Acá lo que nos interesa es que se garantice el incremento del presupuesto del agro. Cuando hablamos de bienes públicos, se debe diferenciar bien qué ministerio hará qué cosa”.

Aunque en medio de las discusiones por la escasa movilidad que se tiene en la capital del país ya se ha hablado por todos lados del Metro, fue el mismo presidente Santos quien aseguró que la Nación estaba comprometida con financiar “hasta con el 70% de los costos que demande (su) construcción”, y recalcó que el gobierno “apoyará (también) la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente”.

Para cerrar con broche de oro, afirmó que contribuirá con la financiación de nuevas estaciones del Transmilenio.

Así las cosas, de acuerdo con William Camargo, director del IDU, la primera línea del metro está valorada en $6,8 billones y el 70% de eso sería $4,76 billones. Una suma importante para la capital colombiana.

Además, cada estación del sistema de transporte masivo para Bogotá, que aclaró el mismo Transmilenio necesitaría una troncal como la de la Avenida Boyacá para ponerlas porque en las líneas actuales no hay espacio, requiere una inversión de $6.000 millones por cada una de ellas. Promesas. Muchas promesas para seguir sumando.