París. El diseñador de Dior, John Galliano, hizo olvidar cualquier pensamiento sobre la crisis económica con su escandalosa colección de ajustados corpiños y faldas que evocaban la extravagancia de la compañía en la década de los años '50.

La nueva colección, diseñada para el invierno de 2011, pareció apostar por la primavera, con un contraste de colores primarios y el exceso de telas onduladas.

Las modelos calzaron sandalias con pinchos y algunas llevaron sobre la cabeza trozos de celofán rojo y amarillo, emulando arreglos florales.

El desfile recordó la línea "Tulip", diseñada por Christian Dior en 1953, cuando la casa de alta costura era la base de la moda francesa.

"Este espectáculo fue muy divertido, después de haber visto esta mañana en las noticias el derrame de petróleo (en el Golfo de México) y todo", dijo Joyce Samuels, clienta de Dior desde hace 40 años.

Los diseños de esta casa siguen figurando entre las modas más caras del mundo.

Un vestido de noche o un traje pueden costar alrededor de US$40.000 dólares. Los expertos estiman que no hay más de 300 clientes en este tipo de mercado, muchos de los cuales viven en Rusia, en países árabes y Asia.

El valor surge del prestigio de la prenda y la mano de obra que se requiere para hacer un traje o un vestido. Las obras de Galliano no son una excepción, con corpiños hechos con plumas y vestidos pintados a mano.

"Uno ve en estos vestidos el trabajo de los artesanos (...) su obra es evidente", dijo Sylvie le Louam, consumidora de alta costura. "Esto es arte", indicó.

Las casas de moda están centrando su atención en los mercados emergentes y las celebridades para vender su ropa. Los actores estadounidenses Jared Leto y Jessica Alba asistieron al espectáculo, al igual que clientes de Hong Kong, Tailandia e India.

"La gente adinerada de esos países tiene la necesidad de ser reconocida y de tener un estatus", señaló Jean-Jacques Picard, un asesor del grupo de bienes de lujo LVMH.

"La alta costura es, junto con las joyas, el mejor modo de transmitir que uno pertenece a los privilegiados sin tener que decir una palabra", explicó Picard.