Eugenio Figueredo trabajaba en una automotora sobre la calle Ejido. Desde allí atendía y recibía a todo el mundo en una pequeña oficina donde estaban colgados los banderines de la Conmebol y la FIFA. Eran tiempos donde Figueredo iniciaba su romance con las autoridades del fútbol mundial. Y creció en el ambiente directriz, como él mismo dijo alguna vez, “repartiendo tarjetas de visita”.

Figueredo no es un paracaidista en el fútbol: fue futbolista de Huracán Buceo donde se desempeñó como lateral derecha. Incursionó incluso como periodista hasta que llegó a la presidencia del club del Buceo entre 1971 y 1972.

Luego de ser delegado del club durante muchos años, logró su cometido de ingresar en los cuadros de la Conmebol donde, desde 1993 hasta 2013, fue vicepresidente de una de las presidencias más largas de la historia, la de Nicolás Leoz.

En 1997 accedió a la presidencia de la Asociación Uruguaya de Fútbol. En aquel entonces, el ex presidente de Defensor Sporting, Eduardo Arsuaga, dijo que su desembarco fue a pura promesa: “En 1997 dijo que tenía una empresa americana para traer US$20 millones”.

Estuvo al frente de la AUF hasta el año 2006. En ese período la selección uruguaya clasificó al Mundial de Corea y Japón 2002, pero su campaña al frente de la AUF estuvo plagada de inconvenientes. La acusación más dura de su ejercicio la realizó el presidente de Liverpool, José Luis Palma, que lo acusó de negociar “a escondidas de los clubes” los derechos de televisión que posee Tenfield.

En 2014 suplantó a Leoz como presidente de la Conmebol donde fue nombrado como presidente del Comité Organizador del Mundial de Brasil de 2014.

Figueredo tiene ciudadanía estadounidense. El encargado de aquella automotora, tiene una propiedad en Los Ángeles.