En un balance anticipado de la actual edición de Dakar, la sexta desde que se corre en Sudamérica desde que el rally llegó a estas tierras tras dejar África por la convulsionada situación política de ese continente, el francés ratificó que a la dureza del camino se le sumó un factor climático inusual en la Argentina, lo que dificultó aún más la prueba.

Recalcó que la competencia llega a su última etapa con el 48 por ciento de los pilotos que largaron el 5 de enero en Rosario, porcentaje que no se daba desde 2006, cuando el Dakar aún se corría en tierras africanas, y sostuvo que eso que demuestra la dureza de esta edición.

“No hay dudas -reconoció- de que fue una edición dura, pero tampoco podemos anticipar todo. En las etapas en Argentina hemos tenido temperaturas demasiado altas y por eso tomamos la buena decisión de acortar la quinta etapa entre Chilecito y Tucumán. La lluvia también complicó las cosas”.

Lavigne evitó referirse ahora al Dakar 2015, aunque dijo que “hay muchas expectativas y proyectos en la región”.

Lamentó la polémica en torno al equipo MINI, que ordenó al múltiple campeón Stéphane Peterhansel trabajar para que Nani Roma se alce con la victoria final, algo que se encargó de hacer saber el propio piloto francés.

“No entiendo la estrategia de MINI, creo que tiene que trabajar bien la comunicación dentro del team. Tienen que arreglar las cosas entre ellos”, sentenció Lavigne.

A su vez, dejó en claro que es imposible prohibir las órdenes de equipo. “Es muy difícil de incluir en el reglamento del Dakar algo así porque es algo muy difícil, muy complicado de regular y si nadie habla (como hizo Peterhansel) no te enterás”.

Pero enfatizó: “Al Dakar no le gustan este tipo de cosas: no van con la competición del rally ni el espíritu Dakar”.