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Sochi, los Juegos de Invierno más caros y polémicos de la historia olímpica
Viernes, Enero 31, 2014 - 09:15

En los Juegos de Invierno de Sochi el deporte y la nieve han pasado a un segundo plano, desbancados por la amenaza terrorista, las críticas por la discriminación de los homosexuales y el boicot de algunos mandatarios occidentales.

Al igual que ocurriera en 1980, cuando Occidente boicoteó por vez primera en la historia de las Olimpiadas los Juegos de Verano que se celebraron en Moscú, el Kremlin tampoco ha podido eludir en esta ocasión la polémica.  

Vladimir Putin es un dirigente que no deja indiferente a nadie y despierta pasiones allá donde va, sean positivas o negativas. Cuando no es Siria, es Irán o si no la represión de la oposición, el terrorismo y su tratamiento hacia los homosexuales. "Hacemos los Juegos para que sea una gran fiesta del deporte, no solo para los ciudadanos de nuestro país, sino para todos los amantes del deporte en el mundo", comentó en un discurso hace unas semanas.  

Pocos recuerdan que el balneario ruso del mar Negro superó en la carrera por convertirse en sede olímpica a Salzburgo, la candidata de un país con larga tradición en deportes de invierno como Austria.  

Putin viajó expresamente a Guatemala, en febrero de 2007, para inclinar la balanza en favor de Sochi, ciudad que cautivó a los miembros del COI por su extraordinaria localización geográfica entre el mar Negro, donde las temperaturas rondan estos días los 12 grados centígrados, y las escarpadas montañas del Cáucaso, sepultadas bajo un blanco manto de nieve.

El camino no ha sido fácil, ya que la organización de Sochi 2014 se ha visto salpicada por numerosos escándalos de corrupción, expropiación de tierras, contaminación del medio ambiente, abuso de los trabajadores, mala planificación y, en resumen, multiplicación del coste de los US$12.000 millones iniciales a los actuales US$50.000 millones.

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Por poner un ejemplo, los anteriores Juegos de Invierno organizados por la ciudad canadiense de Vancouver salieron por US$8.300 millones, mientras Sochi también supera a Beijing 2008, cuyo coste ascendió a más de US$42.000 millones.  

Además, expertos, técnicos y deportistas ha reconocido que el legado de los Juegos está en el alero, ya que varias de las instalaciones no tendrán ningún uso ni darán usufructo al término del certamen deportivo, mientras su mantenimiento costará la friolera de unos US$2.000 millones anuales.

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Pero Putin no estaba dispuesto a que nada ni nadie le estropeara un proyecto que, al igual que el Mundial de Fútbol de 2018, es el símbolo del nuevo desarrollismo ruso. Para ello, convenció a los oligarcas a que invirtieran en la construcción de infraestructuras, aunque las contrapartidas no están nada claras.  

De hecho, a diferencia de Atenas en 2004 o Brasil con el Mundial de Fútbol de 2014, el COI no le hizo ni una sola advertencia o reclamación al comité organizador de Sochi 2014. Todo fueron elogios.

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La ceremonia de inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos de Sochi, lugar de descanso de los dirigentes rusos y soviéticos, tanto en verano como en invierno, se celebrará en el estadio de Fisht, que tiene capacidad para más de 40.000 espectadores y será sede del Mundial de Fútbol de 2018.  

A poca distancia y a escasos metros de la costa se encuentran, entre otros, el pabellón "Shaiba" (7.000 asientos) que acogerá los partidos de hockey sobre hielo y el palacio de invierno "Aisberg" (Iceberg), donde competieron los patinadores.

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El resto de instalaciones para las pruebas de esquí, salto, biatlón, bobsleigh o snowboard están, como no podía ser de otra forma, en las montañas (Krásnaya Poliana).  

Como el clima de Sochi es subtropical, algunos deportistas ha advertido de que en la ciudad rusa no habrá suficiente nieve, pero los organizadores han almacenado 16 millones de metros cúbicos, en previsión de que las temperaturas sean demasiado altas.  

Además de clásicos depósitos y de los camiones que recogen la nieve que cae de las cimas de las montañas de la zona, existen cientos de cañones junto a los pistas que aprovechan el agua de los lagos para fabricar nieve.  

Por otra parte, el Centro Meteorológico de Rusia prometió "una alfombra de nieve en todas las instalaciones", aunque recordó que los "profesionales prefieren la nieve artificial".

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OBSESIÓN POR LA SEGURIDAD

Con todo, la obsesión de Putin es la seguridad, lo que amenaza con convertir a Sochi en un dolor de cabeza para deportistas, aficionados y los mandatarios que se decidan a visitar Rusia.  

El Servicio Federal de Seguridad (FSB, antiguo KGB) ya tenía preparadas medidas extraordinarias, pero ha tenido que reforzarlas debido a los dos atentados suicidas cometidos por la guerrilla del Cáucaso Norte a finales de año en la ciudad rusa de Volgogrado.  

En julio del pasado año el líder de la guerrilla caucasiana, el chechén Doku Umárov, amenazó con abortar los Juegos, que tachó de "bailes satánicos sobre los huesos de nuestros antepasados". "Como muyahidines estamos obligados a impedirlo por cualquier medio permitido por Alá", afirmó.  

En prevención de posibles ataques, decenas de miles de policías y efectivos del Ministerio del Interior serán desplegados en Sochi, a lo que se sumarán buques de guerra, baterías antiaéreas y drones.

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Paradójicamente, la mayor sombra que se cierne sobre los Juegos de Sochi no es el terrorismo, sino la discriminación contra los homosexuales. De poco ha valido que Putin insistiera en que todos los deportistas y aficionados serán bienvenidos "independientemente de su nacionalidad, pertenencia racial u orientación sexual".  

"Los Juegos transcurrirán en plena consonancia con la Carta Olímpica sin discriminación de ningún signo", afirmó Putin.  

Rusia, que presume de ser la nueva reserva moral frente al relativismo de Occidente, ha sido muy criticada por la aprobación de varias leyes contra la propaganda homosexual y la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo que, según las minorías sexuales, restringen sus derechos fundamentales.

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Algunos deportistas han expresado su temor a la discriminación durante los Juegos, mientras que varios activistas homosexuales y premios Nobel incluso, han llamado a boicotear los Juegos.  

El alcalde de Sochi, Anatoli Pajomov, intentó zanjar la polémica, al asegurar que los homosexuales son bienvenidos mientras "no intenten imponer sus comportamientos a otros", pero le echó aún más leña al fuego al proclamar que, en Sochi, "no hay ni un solo homosexual".

Algunos dirigentes occidentales han aprovechado esas controversias extradeportivas para rechazar la invitación para viajar a Sochi y hacerle un feo al Kremlin.  

Con todo, Putin, un gran aficionado al deporte, cree que las medallas (98), los récords y las pasiones que genera el deporte, acallarán las críticas nada más echen a andar los Juegos.

Autores

EFE