Después de las sangrientas protestas del fin de semana en Nicaragua, los militares por primera vez terciaron en el conflicto entre el Gobierno y los manifestantes a través de un comunicado. En su declaración, las Fuerzas Armadas enfatizan que "el diálogo es la única forma de prevenir efectos irreparables sobre nuestra gente, nuestra economía y nuestra seguridad”. Las conversaciones para llegar al término del conflicto se llevarán a cabo esta semana con la mediación de la Conferencia Episcopal.

"Con la declaración del fin de semana, el Ejército deja en claro que no se le puede instrumentalizar para que Daniel Ortega y su esposa mantengan el poder”, dice Sabine Kurtenbach, del Instituto de Estudios Latinoamericanos de Hamburgo, GIGA.

La opinión de los militares es interesante debido a que, según Kurtenbach, el papel del Ejército en Nicaragua difiere significativamente de los militares en otros países de América Central. Hay dos razones históricas para este decisivo actuar: "Por un lado, todo el aparato represivo del régimen de (Anastasio) Somoza se disolvió después de 1979. Ya entonces se inició una despolitización de los militares. En segundo lugar, los sandinistas ganaron las elecciones de 1990, entonces hubo muchas voces a favor de la despolitización total de las Fuerzas Armadas siguiendo los ejemplos de Costa Rica y Panamá”.

Por estas razones, los militares no desempeñaron un papel especial en Nicaragua ni durante la década del 90 ni después del cambio de siglo. Únicamente luego de la creciente concentración del poder en manos de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, podría observarse una tendencia hacia la politización militar, destaca Kurtenbach.

El beneficio de la duda.- Con la declaración militar del fin de semana y el llamado al diálogo, el Ejército ha dado una señal a favor de las negociaciones políticas entre el Gobierno de Ortega y las fuerzas opositoras bajo la tutela de la Conferencia Episcopal.

"El Ejército se ha puesto en juego como actor político y es capaz de mover la balanza para cualquiera de los dos lados", dice Elvira Cuadra, directora del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticos en Managua. Este posicionamiento de los militares es una "buena señal”, añade, aunque no se sabe si los militares asumirán un rol en ese diálogo, ni cuál será en tal caso. "En este momento le doy al Ejército el beneficio de la duda”, dice Cuadra.

"A muchos les gusta Ortega y su esposa”

Sebastian Huhn, experto en América Central de la Universidad de Osnabrück, se muestra sorprendido y satisfecho por el actuar militar. "El Ejército nunca llegó a ser un títere de Ortega. El Ejército tiene una política interna y nunca jugó ningún papel en el conflicto. Ortega no costruyó su poder con los militares, sino en base a su populismo. Las medidas represivas no fueron necesarias durante mucho tiempo”, explica Sebastian Huhn.

Sabine Kurtenbach está de acuerdo con esta evaluación, pues "la influencia y el poder de Daniel Ortega no se basan en el Ejército ni en la represión”. En cambio, Ortega ha logrado ingeniosamente asegurar su influencia política sobre el clientelismo y el populismo, sin reprimir. "Pero los hechos recientes muestran que no controla todas las instituciones en el país", afirma.

Después de once años en el gobierno, la situación es incierta, incluso para un populista experimentado como Ortega. La reforma a la seguridad social que se considera el detonante de las protestas que se iniciaron a mediados de abril, se retiró hace tiempo. Pero las manifestaciones no se detuvieron, sino que incluso derivron en sangrientas batallas callejeras. La organización nicaragüense de derechos humanos CENIDH ha denunciado al menos 50 víctimas fatales.

A pesar de todo, Ortega, según el sociólogo Huhn, disfruta de una alta valoración entre la ciudadanía. "A muchas personas les gusta Ortega y su esposa”, dice. Las últimas elecciones de noviembre de 2016 le dieron el triunfo a Ortega con un extraordinario 72,5 por ciento de los votos. "Ortega siempre ha regalado pequeños obsequios a la gente, pero ahora el dinero que viene de Venezuela lentamente se acaba”, dice Huhn, quien espera que la popularidad de Ortega descienda, pero no debido a su estilo de gobierno, cada vez más autoritario, sino porque ya no podrá comprar su popularidad con regalos a los ciudadanos. "Pasará mucho tiempo antes de las próximas elecciones, que serán en 2021, pero sospecho que su popularidad disminuirá”. "Se está erosionando en muchos lugares, pero aún no es algo crítico”, dice Sabine Kurtenbach, del Instituto GIGA.

El papel del hermano.- Irónicamente, incluso dentro de la propia familia Ortega parece haber un serio desacuerdo sobre la situación del país. Según la agencia de noticias dpa, fue el propio hermano de Daniel Ortega, Humberto Ortega, exsecretario de Defensa y general retirado del Ejército, quien ha llevado al actual jefe del Ejército, Julio Avilés, a desempeñar un papel más activo en el conflicto. Este hermano, dos años menor que el presidente, ha expresado repetidas veces en los últimos días la necesidad de un diálogo abierto para poner fin a la violencia.

"El diálogo siempre es bueno”, dice Sabine Kurtenbach, "pero siempre es fácil estar en contra de alguien, ya sea contra Ortega, o en el caso de Venezuela, contra Maduro. Eso no ayuda si es la única posición y no hay una visión global de lo que debería hacerse", dice la investigadora del Instituto GIGA.