La mayor feria de defensa y seguridad de América (LAAD, por sus siglas en inglés) se realiza en un centro de convenciones ubicado en la avenida Salvador Allende, de Barra da Tijuca, Rio.

En su última versión, LAAD convocó a 600 proveedores, entre fabricantes de armamento, equipos de protección personal, defensa nuclear y biológica y sistemas de simulación y entrenamiento. El ánimo era exultante, y no es para menos. Según la propia organización, el gasto militar se duplicó en la región entre 1999 y 2008.

¿Qué está pasando para que, en la década de la integración comercial y financiera, los países desconfíen tanto del vecino? La señal más contundente es el famoso programa de submarinos de Brasil, anunciado por el presidente Lula da Silva con bombos y platillos en diciembre de 2008. Un programa de US$ 8.300 millones para adquirir cinco sumergibles franceses, de los cuales uno tendrá propulsión nuclear.

Según cifras del think tank sueco Sipri, el país con el mayor gasto militar de la región es Colombia, que incrementó el gasto desde un 2,4% del PIB en 1988 a un 3,7% en 2008. Le sigue Chile, que en ese mismo lapso cayó desde un 4,9% a un 3,5%. En el otro extremo están Argentina, que lo redujo a la mitad (0,8%), y México, que se mantuvo estable en el 0,4%.

 

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“La inversión en gasto militar no va a caer, porque han surgido nuevos actores  que están en las mismas zonas donde estaban las FARC y asociados no sólo con narcotráfico, sino con minería ilegal, de donde se financian”, dice en Bogotá Daniel Mejía, profesor de la facultad de Economía de la Universidad de los Andes.

Aunque acorraladas, las FARC no han izado la bandera blanca. Y se estima que las llamadas bandas emergentes tienen unos 6.000 hombres, entre desertores del proceso de paz, paramilitares desmovilizados o que nunca entregaron las armas. Para 2011 el presupuesto de defensa colombiano es de US$ 11.900 millones, 4,1% del PIB. Como en otros países, el 80% está destinado al pago de  pensiones. Por otra parte, la ayuda estadounidense a través del Plan Colombia  se ha ido reduciendo en los  últimos años: Colombia recibirá en 2011 US$ 255 millones y, posiblemente, US$ 205 millones en 2012. Según Mejía, no será necesario suplir los, pues el narcotráfico sí está a la baja.

Balas locas. Si en las últimas décadas los países se han dotado de modernos sistemas militares,  los civiles no se han quedado atrás. Según un estudio del International Action Network on Small Arms, de los 20 países en todo el mundo con mayor número de homicidios por arma de fuego, 17 se encuentran en el continente americano. La lista la encabezan Colombia, Honduras y El Salvador, y la cierran Estados Unidos, Uruguay y Argentina.

“Almirante […] hablando de México […] las bandas trasnacionales de crimen organizado de las drogas usan cada vez armamento más sofisticado […] ¿Podría decirnos usted de dónde vienen esas armas?”, le preguntó en abril de 2011 el senador estadounidense Jack Reed a James Winnefeld Jr., líder del Comando Norte. La respuesta fue titubeante: las armas vendrían de muchos lados, pero sobre todo de EE.UU. y de diferentes partes de América Latina.

La pregunta fue entonces planteada a Douglas Frase, jefe del Comando Sur. “Más del 50% de las armas de tipo militar que circulan a lo largo de la región tienen su origen en América Central, son remanentes de las guerras y los conflictos del pasado”, contestó.

En un estudio realizado por Rachel Stohl y Doug Tuttle, investigadores del Center for Defence Information (CDI) de Washington, D.C., se indica que en los años 70 y 80 la Unión Soviética y sus aliados enviaron armas a Cuba, las que posteriormente fueron transferidas a Nicaragua. En respuesta, EE.UU. armó a los contras nicaragüenses también con armas soviéticas, a través de Israel y otros países, para negar su participación en el conflicto.

Esos mismos rifles de asalto AK-47 son los que hoy proliferan entre los cárteles mexicanos de la droga. Los llaman “cuernos de chivo” por la forma curva de su cargador, explica Jorge Chabat, uno de los mayores especialistas en temas de seguridad nacional y narcotráfico en México. “Cada día es más fácil usar armas, es una tecnología sencilla, no se necesita demasiado entrenamiento”, dice. El mismo Mijaíl Kalashnikov, inventor de la AK-47, lo hizo pensando en soldados que no habían completado la instrucción secundaria.

“El gobierno de Estados Unidos ha tomado conciencia de que las armas ligeras antitanque y granadas suministradas a Honduras en el marco del programa de Ventas Militares al Extranjero fueron recuperadas en México y Colombia”, dice un cable diplomático del 10 de febrero de 2008 divulgado por wikileaks.

Se ha demostrado que El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá y Costa Rica son el origen de más de un tercio (36%) de todas las armas que han ingresado a México en los últimos años. Sin embargo, la Investigadora Asociada del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos – Colombia (CERAC) Katherine Aguirre Tobón, afirma que los países fronterizos a Colombia (Venezuela, Brasil, Perú, Ecuador y Panamá) son también fuente y ruta de tráfico de armas, pues se han encontrado armamentos con marcajes propios de arsenales oficiales de países vecinos. “Esto puede relacionarse tanto con el robo de armamento como con el desvío por parte de elementos corruptos de las Fuerzas Armadas y la Policía de estos países”.

Lo que fuera la Gran Colombia comparte algo más que historia y arepas. De acuerdo con un reporte de la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo de Ecuador, la frontera norte, en especial las provincias de Esmeraldas, Carchi, Imbabura y Sucumbíos, sufren los efectos de “derrame del conflicto colombiano”. Por su parte, Venezuela se ha convertido en uno de los principales abastecedores de armas a Colombia, pero al mismo tiempo es receptor y país de tránsito de armas ilegales, y es posible que dentro de poco también lo sea de armas legales, luego de la instalación de una planta para la producción de fusiles de asalto Kalashnikov en Maracay, estado de Aragua.

Estimaciones del Ministerio de Defensa venezolano sitúan el número de armas en el país en 6 millones. Sin embargo, para Rocío San Miguel, presidenta de la ONG venezolana Control Ciudadano, dichas cifras carecen de valor metodológico, puesto que no ha habido grandes decomisos ni existen controles fronterizos que permitan generar una estimación. Según la organización, el número real se sitúa entre los 9 y los 14 millones.

No es cosa sólo de machos. Para muchos latinos la tenencia de armas es sinónimo de masculinidad. En su libro Tráfico de Armas en México, la investigadora Magda Coss afirma que “nueve de cada diez defunciones por armas de fuego son hombres. En México, en Latinoamérica y en muchos otros países, la masculinidad está asociada al uso de armas y a la violencia. Incluso en algunas culturas, cuando los adolescentes se convierten en ‘hombres’ se les regala un arma de fuego”.

Esa cultura de violencia fue propagada en cierta medida por el cine mexicano, donde el macho bebe tequila, canta como Jorge Negrete (de quien se dice defendió a punta de balas al gremio de los actores cuando fue líder sindical) y trae la pistola al cinto. Con las pandillas y los cárteles de narcotraficantes la imagen ha perdido su romanticismo. Sin embargo, Magda Cross llama la atención sobre el rol de las mujeres en la cultura de la violencia, incitando a que el hombre defienda su honra o la de la familia. “En algunos casos el nacimiento de un hijo varón es visto como la llegada de un arma más al arsenal familiar”, escribió la autora.

Todos estos factores, y la falta de reglamentación y controles estrictos por parte de los países fabricantes, son los que hacen pensar que el fenómeno no sólo no se reducirá, sino que podría aumentar de la mano del las bandas multinacionales del crimen organizado. A menos que se adopten leyes duras y se erradique la corrupción, habrá bala para rato.