Ciudad del Vaticano. El fallecido Papa Juan Pablo II quedó este domingo un paso más cerca de la santidad para la Iglesia Católica, luego de una jubilosa ceremonia que atrajo a casi un millón de personas, la mayor multitud en Roma desde su funeral hace seis años.

"De ahora en adelante el Papa Juan Pablo deberá ser llamado 'beato'", dijo con solemnidad el Papa Benedicto XVI en latín, estableciendo que el día festivo de su predecesor será el 22 de octubre, cuando Juan Pablo II inició su histórico pontificado en 1978.

Ante las ovaciones de cientos de miles de personas, un enorme tapiz que mostraba la cara sonriente de Juan Pablo II fue desplegado segundos después de la proclamación de beatificación por parte de Benedicto XVI, quien vestía resplandecientes túnicas en blanco y dorado.

La Plaza de San Pedro estaba atestada de gente y la multitud llegaba hasta el río Tíber, a más de un kilómetro de distancia.

La multitud de devotos, muchos portando banderas naciones y cantando himnos, llegó hasta la zona del Vaticano desde todas las direcciones desde antes del amanecer, a fin de poder ver la misa de cerca.

La policía estimó que había casi un millón de personas. Muchos acamparon fuera durante la madrugada en la plaza, que estaba repleta de pósters y fotografías del fallecido pontífice, además de carteles con una de sus citas más famosas: "No tengáis miedo!".

Muchos provenían de la nativa Polonia de Juan Pablo II. Decenas de banderas polacas en blanco y rojo podían verse por sobre la multitud y se escucharon ovaciones cuando un grupo de polacos liberó globos con un enorme cartel con las palabras "Gracias, Dios".

"Nosotros estuvimos para el funeral y teníamos que estar aquí para ver la beatificación", dijo Janusc Skibinski, de 40 años, quien condujo 29 horas con su familia desde su casa, cerca de la frontera con Bielorrusia.

Un puesto de honor fue reservado para la hermana Marie Simon-Pierre Normand, una religiosa francesa que sufría de enfermedad de Parkinson, pero cuya inexplicable cura ha sido atribuida a la intercesión de Juan Pablo II ante Dios para realizar un milagro, permitiendo la beatificación del Papa.

El Vaticano tendrá que atribuir otro milagro a Juan Pablo II tras su beatificación antes de declararlo santo.

El Papa fue beatificado el día en que la iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, que este año cae el 1 de mayo, la festividad más importante en el mundo comunista.

La coincidencia es irónica, dado que muchos creen que el Papa tuvo un rol clave en la caída del comunismo en el este de Europa.

Delegaciones de todo el mundo. Unas 90 delegaciones oficiales de todo el mundo, incluyendo miembros de las cinco familias reales europeas y 16 jefes de Estado, tenían previsto estar en la beatificación.

Entre ellos se incluye al presidente de Zimbabue, Robert Mugabe, quien ha sido ampliamente criticado por antecedentes de abusos a los derechos humanos en su país. Mugabe tiene prohibición de viajar a la Unión Europea, pero el Vaticano - un Estado soberano - no es miembro del bloque.

El ataúd de Juan Pablo II fue exhumado este viernes de su cripta debajo de la Basílica de San Pedro y será colocado frente al altar principal. Permanecerá ahí y la basílica seguirá abierta para recibir a todos los visitantes que deseen verlo.

Luego será trasladado a una nueva cripta situada bajo un altar en una capilla cercana a la estatua de la Piedad de Miguel Angel. La losa de mármol que cubrió su primer lugar de sepultura será enviada a Polonia.

La beatificación de Juan Pablo II estableció un nuevo récord en los tiempos modernos, puesto que se llevó a cabo seis años y un mes después de su muerte, ocurrida el 2 de abril de 2005.

Aunque un abrumador número de católicos acogió la proclamación, una minoría se opuso y algunos consideraron que el proceso había sido demasiado rápido.

Liberales en la Iglesia Católica afirman que el fallecido pontífice fue demasiado duro con los disidentes teológicos que querían ayudar a los más pobres, especialmente en América Latina.

Algunos dicen que, en última instancia, Juan Pablo II debería ser considerado como el responsable por los escándalos de abusos sexuales que han sacudido a la iglesia, dado que éstos ocurrieron o fueron develados durante su pontificado.

Ultra-conservadores sostienen que el papa polaco fue demasiado abierto con otras religiones y que permitió que la liturgia se viera "infectada" por culturales locales, como bailes africanos, durante sus viajes al extranjero.