Lo ha dicho con todas sus letras: Hugo Chávez aspira a que la revolución que inició hace 14 años “cruce la barrera de la irreversibilidad”. Es su principal obsesión. La de sus contrincantes, aprovechar la que muchos ven como la última y más sólida oportunidad para destronar al carismático líder.

Hasta ahora, el mandatario no ha perdido ni una sola elección presidencial y la última de 2006 la ganó por un 62,84% de los votos. Ha llovido bastante desde entonces y la oposición de hoy se encuentra unida y renovada bajo el liderazgo de tono conciliador de Henrique Capriles, ex gobernador del segundo mayor estado del país y abogado de 40 años. Pero Hugo Chávez no deja de ser el líder de un proceso que ha cambiado la forma de hacer política en Venezuela y marcado pauta, para bien o para mal, en toda la región.

¿Qué será del país con las mayores reservas mundiales de petróleo tras el 7 de octubre?¿Qué podría implicar para la región un cuarto mandato del líder bolivariano?

Casa propia. Esyalisa Figueroa, ama de casa y viuda de 62 años, no encuentra palabras para agradecer al presidente Chávez su nuevo hogar. Ella era una de las 130.000 personas damnificadas por las fuertes lluvias que azotaron Caracas a finales de 2010. Perdió su casa en el popular barrio de Catia y, durante más de un año y medio, vivió refugiada en dependencias del gobierno. A finales de julio, su suerte cambió y fue beneficiada por uno de los nuevos programas estrella del gobierno, la Gran Misión Vivienda Venezuela. “Les digo a los demás refugiados como yo que tengan la esperanza, que van a tener también su casa”, dice emocionada.

Semana tras semana, las pantallas de la televisión estatal retransmiten en directo entregas de casas subsidiadas como la de Esyalisa. Es el llamado “Jueves de Vivienda”, el show que promociona el ambicioso programa gubernamental que pretende resolver en siete años el déficit de tres millones de casas que se calcula que hay en el país. Pese a que los niveles de construcción están lejos de la meta -el año pasado se entregaron 150.000 viviendas y este año se espera hacer lo propio con 200.000 más- muchos venezolanos siguen aferrándose a esa “esperanza” de la que habla Esyalisa. Hasta tal punto que ni la ineficiencia gubernamental, ni unos índices de violencia que superan la media latinoamericana (más de 19.000 homicidios anuales), ni una galopante inflación (27,9% en 2011) han podido quitar apoyo al líder del llamado socialismo del siglo XXI.

En el libro Un Dragón en el Trópico,  los académicos Javier Corrales y Michael Penford identifican el impacto crucial del gasto social en la política venezolana, particularmente en un contexto de baja o ninguna rendición de cuentas: “Por un lado fomenta el clientelismo; por el otro, quizá lleva a un gobierno que sea imposible de derrotar electoralmente. La oposición nunca podrá igualar el volumen de recursos desplegado por el Estado”.

Y cuando la oposición promete mejorar la treintena de planes sociales que Chávez ha venido lanzando en materia educativa, sanitaria o alimentaria desde 2003, el presidente ironiza: “A la burguesía le falta decir que son chavistas (sic). Ahora los invisibles y los pobres de hace 200 años tienen algún valor para ellos”.

Veinte años son nada. Si Chávez fuera reelegido para el periodo 2013-2019 y permaneciera en el poder por un total de 20 años, el proceso que encabeza se profundizaría, según coinciden analistas venezolanos y extranjeros consultados por AméricaEconomía.

Para el politólogo Nicmer Evans, profesor de la Universidad Central de Venezuela, un cuarto mandato del presidente supondría la “consolidación” de lo que el gobierno denomina como el Plan Socialista. “Habrá la presencia de un Estado fuerte, pero no absoluto”, considera Evans. Según el analista, el sector privado, que ha sido víctima de expropiaciones y amenazas a lo largo del gobierno de Chávez, se preservará aunque con una voluntad “desmonopolizadora” en sectores como el energético o de infraestructuras, al tiempo que habrá una “emergencia” de la economía comunal. “Su promesa es radicalizar el proceso”, advierte, por su parte, el secretario general de la alianza opositora venezolana, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Ramón Guillermo Aveledo.

Para Aveledo, si los venezolanos renovaran su confianza en Chávez, el militar retirado aumentaría la “hegemonía comunicacional y económica”, disminuyendo el espacio de la propiedad privada e incrementando el centralismo.

Otro de los aspectos controvertidos de la era Chávez ha sido su política exterior “antiimperialista”. Las relaciones con países sancionados por la comunidad internacional como Irán, Siria o la Libia de Gadafi no han sido bien vistas por el “mundo unipolar” que tanto rechaza el presidente. En la región, Chávez se ha erigido como abanderado de la unión latinoamericana y ha mantenido relaciones preferenciales con los países de la alianza bolivariana del ALBA -con Ecuador, Bolivia o Cuba al frente- así como con los países caribeños a los que ofrece petróleo en condiciones muy favorables.

Como señalan Corrales y Penfold en su libro, “Venezuela ha pasado a ocupar uno de los primeros puestos, por no decir el primero, en el rango de ayuda destinada al desarrollo como porcentaje del tamaño de su economía”. Ahí están los subsidios petroleros para Cuba, la compra de la deuda argentina para sacar del camino al FMI, ayudas en efectivo a Bolivia, médicos para Nicaragua y un largo etcétera que incluye el apoyo a candidaturas políticas afines al proyecto bolivariano. Todo ello en base a la bonanza petrolera.

Según Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis y profesor de la escuela de negocios IESA, el mandatario persistirá en su política, pese a que “muchos países de la región jamás van a seguir el modelo de Chávez, ni lo reconocerán como líder”, pero podrán usarlo como una suerte de poder para decirle al mundo: “Yo no soy Chávez, pero tengo influencia sobre él”. Evans difiere totalmente y asegura que la propuesta de Chávez “tiene la mayor vigencia posible” en la región, ya que existe una Latinoamérica “antes y después de Chávez”.

Pero nada es más contradictorio en la política exterior de Chávez que su confrontación casi teatral con Estados Unidos. Mientras denunciaba el “olor a azufre” en la Asamblea General de la ONU, el villano George W. Bush se convirtió en el mayor socio comercial de la revolución bolivariana. Según cifras oficiales estadounidenses, Venezuela tuvo el año pasado un superávit comercial con EE.UU. por US$ 31.000 millones.

¿Dónde más sino en Texas se pueden refinar comercialmente los petróleos pesados de Venezuela? Coquetear con China y con Irán para contrarrestar el poder saudita en la OPEP tampoco ha desembocado en una mayor influencia internacional. Nada raro entonces que el presidente Obama haya señalado que “lo que ha hecho el Sr Chávez en los últimos años no ha tenido un impacto serio a la seguridad nacional”.

¿Seré yo, maestro? A nivel interno, la pregunta no es tanto si Chávez ganará las elecciones como si podrá terminar su mandato, dadas las incertidumbres acerca de su salud. “Nadie es eterno. El presidente no va a vivir 800 años y, si el proyecto socialista bolivariano tiene como intención trascender en la historia, debe desarrollar cuadros de relevo a mediano y largo plazo”, dice Evans, quien cree que actualmente no hay un candidato que pueda sustituir a Chávez, sino “varios liderazgos” que podrían ejercer una “conducción más colectiva y menos personalista”.

El cáncer que le fue detectado a Chávez en junio del año pasado y por el que ha pasado tres veces por el quirófano, “todavía está ahí”, considera Luis Vicente León, pese a que el presidente se haya declarado “libre” de la enfermedad y el tema haya desaparecido inesperadamente del debate electoral. El presidente de Datanálisis apunta a que, en el caso de que se precisaran, existen liderazgos alternativos al de Chávez, pero “ninguno toma fuerza con él presente”. Esto porque el propio presidente eliminó de raíz la competencia interna en su movimiento al modificar la Constitución e instaurar la reelección indefinida.

De acuerdo a León, existe un clúster ejecutivo integrado por el vicepresidente, Elías Jaua, y el canciller, Nicolás Maduro, que son los “de más arraigo popular”; otro más cercano al poder militar, con el presidente del Parlamento, Diosdado Cabello, o el antiguo vicepresidente y periodista José Vicente Rangel, “que no son tan populares, pero tienen un respaldo institucional”. A ellos se suma el clúster familiar, con el hermano del presidente Adán Chávez y su hija María Gabriela, “que sería una estrategia de marqueteo para mantener la simbología” del proceso.

Sin embargo, un hecho claro emerge del análisis de los resultados electorales de todo el período chavista. El chavismo obtiene muchos menos votos que el presidente: en las presidenciales de 2006 el mandatario superó los 7,3 millones de votos (62,8%). Al año siguiente, en el referéndum  constitucional de 2007, el oficialismo apenas recogió 4,3 millones. Éstos han sido los únicos comicios que ha perdido, si se exceptúa el mediocre triunfo parlamentario de 2010, donde alcanzó 5,4 millones.

Por su parte, enérgico y joven, Henrique Capriles encarna una nueva generación de políticos de tono más moderado. “Aspiro a ser el presidente de todos los venezolanos”, es su frase recurrente. Inspirado en el modelo brasileño de progreso con inclusión social, Capriles ganó por paliza las primarias de febrero pasado, en las que participaron más de tres millones de venezolanos. Es optimista, además, por la última fotografía electoral de 2010, cuando la oposición sacó la mitad de los votos en el Parlamento. “Será un presidente sensato, que respetará a la oposición y que va a llamar a participar a todo el mundo”, asegura Ramón Guillermo Aveledo. El coordinador de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una alianza que se ve reflejada en el ejemplo “modélico” de la Concertación chilena, considera que la plataforma tendrá futuro “mientras sea necesaria”. Al resaltar la vocación latinoamericana del eventual gobierno opositor, Aveledo asegura que Capriles “apuesta por una Latinoamérica moderna, mucho más afín con lo que está pasando en Brasil, Perú o Chile”.

¿Podrá Capriles arrebatarle al chavismo medio millón de votos y superar los 5,5 millones, su marca histórica? ¿Podrá convencer a personas como Eyalisa de que él también cuidará de los más desfavorecidos? ¿Está Venezuela preparada para un cambio? La respuesta llegará el 7 de octubre.

*Escrito con Montserrat Nicolás en Washington DC y Carlos Tromben en Santiago.