Río de Janeiro. El ministro brasileño de Deportes, Aldo Rebelo, evaluó positivamente el Mundial de fútbol organizado por el país y justificó las multitudinarias protestas que lo antecedieron con la insatisfacción de la población por deficiencias importantes de Brasil.

"La gente tiene razón en su insatisfacción. Hay deficiencias importantes en Brasil", dijo el ministro en una entrevista a Efe al ser interrogado sobre el respaldo del 34% de los brasileños a las manifestaciones contra el Mundial, según la encuesta del propio gobierno divulgada la semana pasada.

Rebelo matizó que "no solo se puede ver el aspecto de las deficiencias" cuando se analiza a Brasil, y puso como ejemplo la creación de 16 millones de puestos de trabajo en los últimos años y los programas de transferencia de renta del Gobierno, "los mayores del mundo".

"Mientras que el centro del capitalismo avanza hacia la concentración de riqueza, en la periferia, que es Brasil, hacemos el movimiento opuesto", declaró el veterano dirigente comunista.

El ministro hizo una lectura muy positiva del Mundial y destacó que los aeropuertos, hoteles y dispositivos de seguridad y movilidad urbana están funcionando correctamente.

"La infraestructura es buena. Hay gran calidad técnica en el campo y eso, junto al toque humano, completa la fiesta", afirmó Rebelo, quien destacó principalmente el "excepcional nivel técnico" del fútbol exhibido por las 32 selecciones en las canchas.

El titular de Deportes rechazó las críticas sobre la cesión de parte de la soberanía nacional a la FIFA a través de la Ley Nacional del Mundial, que permitió, entre otras cosas, que el rector mundial del fútbol registrara los derechos comerciales de varias palabras y suprimiera la prohibición de vender cerveza en los estadios y los descuentos que Brasil garantiza en el precio de entradas para estudiantes y jubilados.

"La FIFA es una entidad sin poder de facto. Hay quienes quieren hacer de ella una OTAN del fútbol", expresó Rebelo.

Sobre la proximidad del Gobierno brasileño con la FIFA, origen de varias críticas sociales en el país, el ministro destacó su buena relación con el secretario de la FIFA, Jérôme Valcke, aunque admitió que "al principio hubo desentendidos sobre la organización".

"Es una entidad exitosa desde el punto de vista geopolítico, como el Vaticano. Además, la FIFA es más representativa que la ONU, tiene más países y acoge en pleno derecho a Israel y Palestina", expresó.

Según fuentes oficiales, Brasil invirtió US$10.000 millones en la construcción y modernización de la infraestructura deportiva y de transportes de cara al Mundial.

Varios colectivos sociales y de la oposición criticaron la construcción de "elefantes blancos", como los estadios de Manaos, Brasilia y Cuiabá, ciudades que no tienen equipos de primera división.

"Esa es una visión del mercado. Esas ciudades tienen incluso más tradición de fútbol que Río y Sao Paulo", respondió.

Sobre las denuncias de que miles de familias fueron desalojadas para dar espacio a las obras de infraestructura, aseguró que "no hay ningún desplazado por el Mundial. Los desalojos son consecuencia del programa de aceleración de crecimiento (un programa económico para inversión en infraestructuras) y varias áreas fueron desalojadas porque estaban ocupadas ilegalmente".

El titular de Deportes manifestó su reconocimiento a las familias de trabajadores fallecidos durante la construcción de los estadios y apoyó la petición de una plataforma social para construir un monumento en memoria de estos fallecidos.

"Pronto tendremos los Juegos Olímpicos. Hay que fortalecer la seguridad de los trabajadores para que esto no pase más", declaró.

El ministro dijo no estar preocupado por lo que suceda después del Mundial, en alusión a los comicios de octubre próximo, y opinó que "serán unas elecciones difíciles porque hay una oposición muy fuerte pero la presidenta (Dilma Rousseff) ganará en la segunda vuelta de acuerdo a las previsiones".