Ankara. Al menos 86 personas murieron el sábado cuando dos supuestos suicidas detonaron explosivos en una manifestación pro-kurda y de trabajadores afuera de la principal estación de trenes de Ankara, pocas semanas antes de las elecciones, en el peor ataque de este tipo ocurrido en territorio turco.

Pero el opositor Partido Democrático de los Pueblos (HDP) dijo que la cifra de muertos había trepado a 97.

Cuerpos cubiertos de banderas y carteles, incluyendo los del HDP pro-kurdo, yacían en una carretera entre manchas de sangre y partes de cuerpos. La agrupación culpó al Gobierno, al que acusó de tener sangre en sus manos.

Imágenes difundidas por CNN en Turquía mostraron una línea de hombres y mujeres tomados de las manos y bailando y luego sobresaltándose por una enorme explosión ocurrida detrás de ellos, que afectó a personas con pancartas del HDP y de partidos izquierdistas.

El presidente Tayyip Erdogan, que prometió terminar con una insurgencia kurda desde el colapso de un cese al fuego y el reanudamiento de la violencia en julio, pidió en un comunicado "solidaridad y determinación" para enfrentar a los atacantes.

"Como otros ataques terroristas, el de la estación de trenes de Ankara apunta contra nuestra unidad, solidaridad, hermandad y futuro", dijo Erdogan en un comunicado.

El ministro de Salud, Mehmet Muezzinoglu, dijo en una conferencia de prensa que 86 personas habían muerto y 186 habían resultado heridas, 28 de las cuales estaban en cuidados intensivos.

Testigos dijeron que las dos explosiones ocurrieron con segundos de diferencia poco después de las 10:00 horas mientras cientos de personas se reunían para una protesta por la muerte de cientos de personas desde que se reanudó el conflicto entre las fuerzas de seguridad turcas y el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el sudeste del país.

"Primero escuché una gran explosión y traté de cubrirme cuando se rompieron las ventanas. Enseguida vino la segunda", dijo Serdar, de 37 años, quien estaba trabajando en un puesto de diarios en la estación de trenes.

"Hubo gritos y llantos y me quedé bajo los periódicos por un tiempo. Podía oler carne quemada", agregó.

Ningún grupo se atribuyó la responsabilidad por el ataque, que llega en momentos en que aumentan las amenazas externas para Turquía, miembro de la OTAN, con crecientes enfrentamientos a lo largo de su frontera con Siria e incursiones de aviones de guerra rusos en su espacio aéreo durante la última semana.

Pero el primer ministro Ahmet Davutoglu dijo que Estado Islámico, militantes kurdos o de extrema izquierda podrían haber perpetrado el ataque. Había fuertes indicios de que dos suicidas con bomba serían los responsables.

El líder del HDP, Selahattin Demirtas, culpó al Gobierno y dijo que el ataque formaba parte de la misma campaña de una explosión ocurrida en una manifestación en la ciudad sudoriental de Diyarbakir en vísperas de unas elecciones en junio y de un ataque suicida con bomba en julio en Suruc, cerca de la frontera con Siria, atribuido a Estado Islámico y que dejó 33 muertos.

Davutoglu acusó a Demirtas de "provocación abierta".

Por la cantidad de víctimas, los ataques fueron más graves que los de 2003, cuando dos sinagogas, la sede central del banco HSBC en Estambul y el consulado británico fueron atacados, con un total de 62 muertos. Las autoridades dijeron que esos ataques tuvieron las características de al Qaeda.

Las explosiones del sábado se producen tres semanas antes de las elecciones parlamentarias y en un momento de múltiples amenazas para la seguridad, no sólo en el inestable sudeste del país, sino también por parte de miembros de Estado Islámico en la vecina Siria y de insurgentes de izquierda turcos.