San José. Unos 3,3 millones de electores han sido convocados este 1° de abril a elegir al futuro presidente que gobernará el país a partir del 8 de mayo durante el período 2018-2022. Según la última encuesta de la Universidad de Costa Rica (UCR), los dos candidatos , el conservador evangélico Fabricio Alvarado y el oficialista, de discurso progresista, Carlos Alvarado, se encontraban en empate técnico al cerrar la campaña.

"Son escasos los momentos en la historia de Costa Rica en los que tenemos esta corta distancia entre los candidatos, la diferencia es de 1% en la intención de voto, pero un 15% de indecisos decidirá en el último momento”, afirma Ilka Treminio, Directora de Flacso, en Costa Rica. 

Fabricio Alvarado, la carta conservadora. Fabricio Alvarado Muñoz es el candidato a la Presidencia de Costa Rica que mejor representa al más arraigado conservadurismo del país.

El salmista de 43 años y oriundo de San José llegó a la segunda vuelta electoral al ganar en los comicios celebrados el pasado 4 de febrero el 24,9% de los votos, mayoritario, pero muy distante del 40% requerido.

Alvarado es el candidato del evangélico Partido Restauración Nacional (PRN), una agrupación política no tradicional fundada apenas en febrero de 2005, pero que este 2018 logró sus mejores resultados de la historia con una propuesta populista y religiosa.

Hasta ahora, el PRN había conseguido apenas un diputado en cada uno de los últimos dos periodos electorales; sin embargo, en las elecciones de febrero consiguió 14 de los 57 escaños posibles.

La campaña sin precedentes estuvo comandada por el carismático ex periodista, cantante y predicador evangélico, quien el próximo domingo, 1 de abril, buscará ganar la Presidencia.

El candidato no terminó la universidad, pues empezó a trabajar en televisión en 1998, algo que no le impidió que ejerciera el periodismo.

Fabricio Alvarado fue uno de esos dos diputados, entre 2014 e inicios de 2018, junto con el fundador del partido, Carlos Avendaño, un pastor evangélico que será diputado por segunda vez con su partido y tercera desde que inició en la política con el partido evangélico Renovación Costarricense (2002).

La llegada de Alvarado a la política está ligada a Avendaño. Según cuenta, llegó para trabajar en la comunicación del partido en 2014, pero sus habilidades para expresarse en público y su personalidad le valieron para finalmente terminar siendo el candidato a diputado, punto de partida de su corta carrera política.

No obstante, este débil currículo no ha sido obstáculo para su impulso en estas elecciones, en las que saltó como una opción verdadera cuando fue el primero y más intenso aspirante en oponerse al reconocimiento de las identidades de género y al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Esta posición cobró fuerza y fue atractiva para el sector conservador de Costa Rica tras un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH), que solicitó al gobierno costarricense garantizar esos derechos, a dos semanas de los comicios de febrero.

Ante esa situación, Alvarado incluso llegó a amenazar con retirar a su país del Sistema Interamericano de Derechos Humanos (SIDH) "de ser necesario", algo que generó un gran impacto en su campaña, pero que últimamente ha retractado como una opción verdaderamente factible.

Desde entonces, se convirtió en la candidatura del conservadurismo del país centroamericano, dejando en la lucha a varios partidos que apostaron por atraer a ese sector de la población.

La propuesta conservadora de Alvarado fue la más atractiva de todas, logrando la atención de una buena parte de los sectores religiosos católicos y cristianos, que se sintieron identificados con lo que Alvarado llamó "la defensa de la vida y la familia".

Lo único que ha hecho flaquear esa propuesta ha sido la reconocida postura evangélica de Alvarado, que no termina de convencer a la población mayoritariamente católica.

A este sector, Alvarado se ha dirigido con fuerza en los últimos días, como parte de un proceso en el que ha buscado aliviar las tensiones a través de alianzas con figuras de otros partidos.

Según las últimas mediciones del Centro de Investigación y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica (CIEP-UCR), entre católicos, evangélicos y pentecostales suman más de un 74% de la población (un 52% por el lado católico).

Por basarse en temas evidentemente morales, a la campaña de Alvarado se le ha acusado de mezclar a la religión con la política, algo que el candidato ha intentando negar aunque su experiencia política no le respalda.

Sus contrincantes le han criticado por falta de preparación y la propuesta de ideas poco concretas, así como por algunas otras que sí son concretas pero muy controversiales como cerrar el Instituto de la Mujer para crear uno de la Familia, o impulsar la extracción de minerales metálicos, actualmente prohibida por razones ambientales.

No obstante, la principal queja de sus adversarios sigue centrada en la unión hecha por Alvarado de temas religiosos y políticos, situación que ha provocado todo tipo de denuncias.

Recientemente, medios universitarios de la UCR incluso denunciaron, con audios y videos, la solicitud expresa de Alvarado a líderes religiosos para potenciar su campaña (algo totalmente prohibido en la legislación costarricense).

No obstante, la intención de proteger "los valores cristianos" manifestada por Alvarado en distintas ocasiones sigue siendo su bandera de campaña, e incluso la ha dejado plasmada en su plan de gobierno.

Fabricio Alvarado comanda la intención de voto de cara a la segunda ronda, aunque apenas por un punto y con un empate técnico, según la última encuesta del CIEP-UCR, por lo que se espera unas votaciones con porcentajes estrechos.

Como su contrincante Carlos Alvarado, Fabricio Alvarado refleja una candidatura joven y proveniente de una clase media, junto con su esposa Laura Moscoa y sus dos hijas, Fabiana y Dariana, de ocho y tres años, respectivamente.

No obstante, su trabajo en campaña ha buscado llamar la atención especialmente de las poblaciones más pobres, focalizadas en las costas y en el norte costarricense, con las que ganó cuatro de las siete provincias disputadas en febrero pasado.

Ahora, tan cerca de la Presidencia, también ha atraido a sectores empresariales que encuentran en Alvarado una posibilidad de influencia, a la que además se han sumado adhesiones de figuras de los partidos tradicionales, especialmente las más ubicadas hacia la derecha y el conservadurismo.

Carlos Alvarado, el joven oficialista. Carlos Alvarado Quesada, de 38 años, es la carta del oficialismo que busca reelegirse en los comicios del próximo 1 de abril, tras el actual mandato del presidente Luis Guillermo Solís.

Comenzó su camino sin tropiezos, y los resultados del 4 de febrero pasado, en una primera vuelta, lo colocaron en segundo lugar con 21,6 por ciento de los votos.

Carlos Alvarado es la cara del Partido Acción Ciudadana (PAC), de centro-izquierda, una agrupación que lidera como el aspirante más joven de los dos que quedan en pugna, aunque también se trata del que tiene una mayor experiencia política.

Periodista y politólogo de la Universidad de Costa Rica (UCR), con una maestría en Estudios para el Desarrollo de la Universidad de Sussex, Alvarado ya fue ministro de Desarrollo Humano y de Trabajo en esta administración (entre 2014 y 2017), cuando llegó al Ejecutivo tras varios años como asistente en el Congreso.

Alvarado se ha descrito a sí mismo como "la continuidad del cambio", una frase que resume su deseo de continuar con la bandera de su partido, que llegó al mando 12 años después de su primera puesta en escena, para acabar con 28 años de un gobierno alternado entre los tradicionales Liberación Nacional (PLN) y Unidad Social Cristiana (PUSC).

Sin embargo, su imagen continuista no fue un gran atractivo en esta campaña, en la que no se perfiló como favorito.

El crecimiento de los partidos conservadores tradicionales y de su hoy contrincante, Fabricio Alvarado (por el evangélico Restauración Nacional), han avivado al sector progresista, que hoy representa la base de votantes de Carlos.

A pesar de ser sólo seis años menor que Fabricio, el contendiente oficialista muestra posturas mucho menos tradicionales, especialmente en campos como los derechos humanos de las poblaciones con orientaciones sexuales diversas, un tema que ha polarizado a Costa Rica en estos comicios.

Este punto de quiebre llegó con un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) en el que indicó a Costa Rica su deber de garantizar el reconocimiento de las identidades de género y el matrimonio entre personas del mismo sexo, algo ante lo que Carlos Alvarado se posicionó como el único de los principales candidatos con una visión favorable.

Además, el oficialista logró posicionarse como el candidato de las ideas más frescas en temas ambientales y sociales, en los que ha hablado de la necesidad de impulsar soluciones eléctricas al transporte público y descarbonizar la economía.

De cara a la segunda ronda, también ha conseguido alianzas importantes, como un pacto firmado para un gobierno "de unidad" (coalición) con el hasta hace unas semanas candidato del PUSC, Rodolfo Piza, con quien suscribió una carta en la que se estipularon ideas compartidas para atender situaciones como el problema fiscal.

Al respecto, ambos políticos propusieron una estrategia para cerrar el déficit en al menos 3 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), lo que significa la mitad de lo que actualmente representa el déficit financiero (con el pago de intereses) y casi la totalidad del déficit primario (sin ese rubro).

Además, el candidato se ha situado muy cerca del fundador del partido que hoy dirige, Ottón Solís Fallas, un actual diputado de buena reputación ética que fue tres veces candidato y casi alcanza la Presidencia de Costa Rica en 2006, cuando perdió por un estrecho margen ante el Nobel de la Paz, Óscar Arias Sánchez.

Con Solís, Alvarado ha buscado concretar alianzas y acercamientos con los demás partidos políticos, un proceso que han avisado continuará en caso de llegar a la Presidencia.

En su proceso político, Alvarado además ha tenido que sobreponerse al esperable desgaste que ha sufrido el novato PAC como partido de gobierno, una posición en la que nunca había estado y a la que llegó con enormes expectativas, tras la elección que ganó Luis Guillermo Solís -en segunda ronda- con más de un millón de votos (más del 65 por ciento del total).

No obstante, el ex ministro ha tratado de mostrarse como el candidato más preparado por sus logros como ministro dentro de la gestión pública, como el trabajo conjunto con la vicepresidenta Ana Helena Chacón para aplicar la estrategia contra la pobreza llamada "Puente al Desarrollo", y la aplicación de un Índice de Pobreza Multidimensional para atender el problema con menos asistencialismo.

También ha recordado que, como ministro de Trabajo, impulsó la entrada en vigencia de la Reforma Procesal Laboral, dirigida por su predecesor en el cargo Víctor Morales Mora, su jefe de campaña y uno de los diez diputados electos de su partido.

Ahora mismo, Alvarado continúa buscando alianzas, pues cuenta con apenas 10 de los 57 congresistas totales, cifra que no le alcanzaría para dar gobernabilidad en caso de llegar a la Presidencia. Este punto tampoco beneficia a su contrincante, Fabricio Alvarado, que apenas cuenta con 14, en un parlamento completamente dividido.

Además de periodista y político, Alvarado fue vocalista de bandas de rock progresivo en su época universitaria y, recientemente, ha publicado varios libros como escritor, incluida una novela llamada "La vida de Cornelius Brown", premiada por la Editorial Costa Rica como mejor propuesta joven.

En el plano personal, está casado con Claudia Dobles, una reconocida arquitecta con quien tuvo su único hijo llamado Gabriel, de cuatro años.

No obstante, a diferencia de su contrincante, Alvarado no ha salido en defensa de la "familia tradicional" ante el fallo de la Corte IDH en favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, algo que los sectores más progresistas han destacado y le han agradecido con su voto.

Al respecto, Alvarado ha mostrado su apoyo al reconocimiento de los derechos humanos de la población LGTBI; así como la transformación de Costa Rica en un Estado laico y no confesional católico, como sigue siendo desde 1949.

En la primera ronda, Alvarado se llevó la mayor cantidad de los votos en las principales ciudades del centro costarricense, especialmente en aquellos con mejores índices educativos y de desarrollo social.

No obstante, su reto estuvo en las costas, donde su partido ni siquiera logro conseguir diputados, y en las que el actual gobierno no logró generar mayores impactos para reducir brechas, como tampoco lo hicieron las anteriores administraciones.