Londres. Sorprendidos con la guardia baja por la caída de los veteranos líderes en Egipto y Túnez, varios analistas de riesgos políticos discrepan sobre qué será lo próximo en la región.

¿Supondrá la revolución inesperada en Egipto el comienzo del fin de las autocracias en la región y otras partes del mundo? ¿O demuestra una remarcable capacidad para la supervivencia de las élites autoritarias?

Quizás las revueltas en el norte de África son una muestra de las cosas que sucederán en Rusia o China, a medida que las masas alimentadas por las redes sociales exijan democracia y derechos. ¿O quizás sea la última muestra del declive de Estados Unidos como fuerza geopolítica?

Ahora que la policía militar ha despejado a los últimos manifestantes de la plaza Tahrir, los analistas y expertos de riesgos que fallaron al no predecir la caída de los dirigentes de Egipto y Túnez ofrecen predicciones totalmente opuestas de qué ocurrirá ahora.

Para algunos, el mejor consejo es simplemente esperar lo inesperado.

"Hay mucho espacio para más revueltas en Egipto y otras partes en los próximos días o semanas", dijo Royal Bank of Canada en una nota, subiendo sus apuestas pero desafiando a quienes aseveran que la crisis de Egipto puede haber acabado.

"Estrategia: continuar el seguimiento en la región ya que hay muchas oportunidades para que el riesgo se materialice", añadió.

Para la consultora de riesgos políticos con sede en Estados Unidos Stratfor, lo que es sorprendente es lo poco que ha cambiado realmente. El presidente egipcio, Hosni Mubarak, se ha ido, pero el país sigue en manos de sus máximos generales.

"La semana comenzó con un viejo soldado dirigiendo Egipto. Terminó con soldados diferentes dirigiendo Egipto con incluso más poder formal del que tenía Mubarak", escribió Stratfor.

"No queremos ser aguafiestas ahora, dado que todo el mundo está tan animado y feliz. Pero deberíamos señalar que, pese a la multitud, nada ha cambiado aún en Egipto. No significa que no vaya a hacerlo, pero hasta ahora no lo ha hecho", añadió.

La mayoría de los analistas están de acuerdo en que los vecinos de Egipto, particularmente aquellos con las arcas vacías y una creciente frustración entre los jóvenes de las ciudades, tienen más riesgo de que se repitan acontecimientos similares. Pero las opiniones varían respecto a si habrá una marea de revueltas o si el ahínco revolucionario decaerá rápidamente.

"Sea de una u otra forma, continuamos pensando que los últimos acontecimientos en Túnez y Egipto probablemente supongan un cambio significativo para toda la región", escribió el analista político de Nomura Alastair Newton.

"Pero aún hay que ver la rapidez con la que otros regímenes pueden ser forzados a cambiar y qué dirección podrían tomar esos cambios", añadió.

¿Declive estadounidense? Quienes hace apenas tres semanas dijeron que era poco probable que los hechos de Túnez se repitieran en Egipto aseguran ahora que no ven un efecto dominó inmediato en la región. Las élites de poder en otros lados harán lo que sea para mantenerse en el poder, dijeron.

Para aquellos que buscan razones para alarmarse, Arabia Saudí surge como otro país con líderes ancianos, tensiones internas y un impacto potencialmente devastador sobre el suministro mundial de petróleo en caso de que haya problemas.

Las manifestaciones en el cercano Bahréin podrían ser una primera señal de alarma, sugieren.

Para liberales, radicales, sediciosos y académicos que esperaban desde hace tiempo el colapso de los hombres fuertes en la región, el levantamiento es una muestra de que están en el lado bueno de la historia.

Algunos lo ven como otra bofetada para Estados Unidos, que intentó exportar la democracia a Irak por la fuerza con un resultado desastroso mientras apoyaba a dictadores en otros lugares.

"Es un cambio para el poder de Estados Unidos en la región", dijo Rosemary Hollis, profesora de estudios de Oriente Próximo en la Universidad de la Ciudad de Londres. "Han estado ejerciendo su influencia a través de estos regímenes autocráticos y ahora la marea está cambiando".

Para aquellos obsesionados con la subida de China - que superó a Japón el lunes para convertirse en la segunda economía del mundo -, hay varias formas de seguir los acontecimientos en el norte de África.

Claramente, la velocidad con la que ha crecido la revuelta ha alarmado al menos a algunos en Pekín, llevándoles a bloquear las búsquedas de la palabra "Egipto" en las redes sociales.

¿Impacto más allá de la superficie? Pero China, más rica y creciendo más rápido, es muy diferente a Egipto, y algunos argumentan que los hechos que han ocurrido en El Cairo podrían beneficiar a Pekín.

Aseguran que la forma en que las capitales occidentales dieron la espalda a Mubarak y Ben Ali, dejando claro que no apoyarían represalias sangrientas, podrían llevar a algunos de los aliados autocráticos más complicados de Washington a buscar nuevos amigos.

"El verdadero impacto puede estar por debajo de la superficie", dijo Anthony Skinner, director asociado de la consultora británica de riesgo político Maplecroft. "Los estados autoritarios dependientes de Estados Unidos estarán preocupados. Pueden buscar apoyo en otros lados. La ayuda china tiene menos compromisos".

Tanto Irán como Myanmar sofocaron las revueltas con daños económicos mínimos, principalmente porque ninguno dependía de la ayuda o inversión occidental.

Zimbabue, Sudán y Sri Lanka también han encontrado en las ofertas de apoyo chinas un bastión contra las críticas de Occidente.

Puede que no haya amenaza inmediata. En una nota de investigación el lunes, el Bank of New York Mellon sugirió que la lección clave de Egipto y Túnez fue el riesgo político de elevar los precios de los alimentos. La sequía en China podría hacer subir aún más los precios y provocar más revueltas en otras partes, advirtió.

Sin embargo, Ian Bremmer, presidente de la consultora de riesgo política Eurasia Group, dice que algunos expertos y medios se han dejado arrastrar por la emoción de los acontecimientos en las calles y advierte en contra de sacar demasiadas conclusiones en otros lugares.