Argel, Argelia. Treinta y siete trabajadores extranjeros murieron en un complejo gasífero ubicado en el desierto y siete continúan desaparecidos tras el ataque lanzado por milicianos islamistas, dijo este lunes el primer ministro de Argelia, que adjudicó el liderazgo del asalto a un hombre canadiense.

El primer ministro Abdelmalek Sellal dijo que 29 milicianos islamistas murieron y tres fueron capturados con vida cuando las fuerzas argelinas recuperaron la instalación el sábado, poniendo fin a la peor crisis internacional de rehenes en décadas.

Más temprano, una fuente de seguridad argelina dijo a Reuters que documentos encontrados tras registrar los cuerpos de dos milicianos los identificaron como canadienses, después de que fuerzas especiales revisaran el complejo tras el letal desenlace del asedio.

"Había un canadiense entre los milicianos. Él estaba coordinando el ataque", sostuvo Sellal ante periodistas.

El Departamento de Asuntos Exteriores de Canadá dijo que estaba revisando información, pero refirió toda posible implicación a un solo ciudadano canadiense.

Trabajadores estadounidenses, británicos, franceses, japoneses, noruegos, filipinos y rumanos resultaron muertos o desaparecidos como consecuencia del ataque de los islamistas, que lo describieron como una represalia por la intervención militar de Francia en Mali.

El veterano combatiente islamista Mokhtar Belmokhtar se adjudicó la responsabilidad por el ataque perpetrado en nombre de Al Qaeda, y una fuente oficial argelina dijo que entre los atacantes había personas que no eran africanas.

Sellal dijo que inicialmente los atacantes habían tratado de secuestrar un autobús que transportaba a trabajadores extranjeros a un aeropuerto cercano para tomarlos como rehenes.

"Ellos comenzaron a disparar al autobús y recibieron una firme respuesta de los soldados que escoltaban el vehículo", explicó el primer ministro. "Fracasaron en su intento, que era secuestrar a los trabajadores extranjeros del autobús", agregó.

Sellal dijo que fuerzas especiales y unidades del ejército fueron desplegadas contra los milicianos, que habían plantado explosivos en la planta de gas con el objetivo de volarla.

Un grupo de milicianos trató de escapar en algunos vehículos, cada uno de los cuales transportaba también tres o cuatro trabajadores extranjeros. Algunos de ellos llevaban explosivos pegados a sus cuerpos.

Tras lo que llamó "una feroz respuesta de las fuerzas armandas", los vehículos de los atacantes chocaron o explotaron y uno de sus líderes murió allí.

Jihadista veterano. La crisis de rehenes expuso la vulnerabilidad de las operaciones internacionales en las instalaciones de gas y crudo en una importante región productora, y colocó la creciente amenaza de los grupos militantes islamistas del Sahara en una posición prominente para la agenda de seguridad de Occidente.

Belmokhtar -un miliciano tuerto que peleó en Afganistán y en la guerra civil de Argelia de la década de 1990, cuando el Gobierno secular se enfrentó a radicales islamistas- vinculó el ataque a la planta de gas con la intervención de Francia en Mali, que busca derrocar a rebeldes extremistas.

"Nosotros, en Al Qaeda, anunciamos esta bendita operación", dijo Belmokhtar en un video, de acuerdo con Sahara Media, un sitio web regional. Agregó que unos 40 atacantes participaron en la operación, más o menos coincidiendo con las cifras del Gobierno sobre combatientes muertos y capturados.

Belmokhtar exigió el fin de los ataques aéreos de Francia contra los combatientes islamistas en la vecina Mali.

La campaña militar francesa comenzó cinco días antes de que, al amanecer del miércoles, milicianos en Argelia capturaran la planta ubicada en el medio del desierto, la cual produce el 10 por ciento de las exportaciones de gas natural del país.

Sin embargo, funcionarios estadounidenses y europeos dudan que un ataque tan complejo pueda haber sido organizado lo suficientemente rápido como para haber sido concebido como una respuesta directa a la intervención militar francesa.

La organización que se atribuyó la toma de rehenes, la Brigada Mulathameen, también amenazó con perpetrar más ataques similares si las potencias de Occidente no suspendían lo que describió como un asalto a los musulmanes de Mali, de acuerdo con el servicio SITE, que realiza seguimientos de declaraciones de islamistas.

En un comunicado publicado por una agencia de noticias mauritana, los autores del secuestro masivo dijeron que habían ofrecido sostener negociaciones para liberar a los rehenes, pero que las autoridades argelinas estaban resueltas a poner fin a la crisis por la fuerza militar.

La crisis se agudizó el jueves, cuando el Ejército argelino abrió fuego diciendo que los combatientes trataban de escapar con sus prisioneros. Sobrevivientes afirmaron que las fuerzas argelinas hicieron estallar varios camiones de un convoy que transportaba tanto a rehenes como sus captores.

Cerca de 700 trabajadores argelinos y más de 100 extranjeros escaparon, cuando los combatientes fueron expulsados ​​del sector residencial del complejo. Algunos captores permanecieron escondidos en la instalación industrial hasta el sábado, cuando finalmente fueron doblegados.

El derramamiento de sangre ha tensado las relaciones de Argelia con sus aliados occidentales, algunos de los cuales se han quejado de que no se les informó la decisión de asaltar el recinto. Sin embargo, Gran Bretaña y Francia han defendido la acción militar argelina.