Beirut. El presidente sirio, Bashar el Asad, dijo este domingo que los levantamientos en todo el país habían sido copados por milicianos, pero que estaba confiado en que serían controlados y advirtió que cualquier acción bélica contra su país tendría consecuencias.

Asad afronta llamamientos de Occidente para dimitir por la dura represión ejercida en los cinco meses de protestas durante las cuales las Naciones Unidas afirman que 2.000 civiles han muerto, pero dijo que Siria no aceptará interferencia externa.

"Con respecto a la amenaza de una acción militar (...) cualquier acción contra Siria tendrá importantes consecuencias (para quien la lleve a cabo), mayores de lo que pueden tolerar", dijo Asad en una entrevista en la televisión siria.

"Primero, por la ubicación geopolítica de Siria y segundo (debido) a las capacidades sirias. Ellos saben parte de esto, pero no saben otras partes y no son capaces de hacer frente a los resultados", afirmó.

Siria, que tiene fronteras con Israel, Líbano, Irak, Turquía y Jordania, tiene una influencia regional por su alianza con Irán y su papel en Líbano, a pesar del final de los 29 años de presencia militar en el país, que terminaron en 2005.

Su influencia también se extiende a Irak y su apoyo llega a grupos militarizados como Hamás, la Yilad Islámica y Hezbolá.

Ningún país ha propuesto hasta el momento acciones contra Siria como la que las fuerzas de la OTAN han llevado a cabo en apoyo a los rebeldes libios que buscan derrocar a Muamar el Gadafi.

Pero Estados Unidos y Europa pidieron la renuncia de Asad la semana pasada y Washington impuso nuevas sanciones, incluyendo la congelación de los activos estatales sirios y la prohibición de las importaciones desde Siria.

Naciones Unidas estima que unos 2.000 civiles han perdido la vida en las ofensivas militares sirias para aplacar las manifestaciones.

Los estados árabes y Turquía, una potencia regional, también aumentaron sus críticas contra Asad después de que Damasco enviara tanques y tropas a algunas de las mayores ciudades del país a fin de aplastar a los disidentes durante el mes sagrado musulmán de ramadán, que empezó el 1 de agosto.

Siria puede aceptar los consejos de los países de la región, "pero nosotros no permitimos que ningún país interfiera en nuestra decisión", dijo Asad.

El gobierno de Asad ha culpado a grupos armados de la violencia y dijo que más de 500 soldados y policías han muerto desde que estallaron las protestas en marzo.

"En cuanto a la situación de la seguridad, (ésta) se ha vuelto más militarizada en las últimas semanas", estimó Asad. "Nosotros somos capaces de enfrentarlo (...) yo no estoy preocupado", agregó

Asad dijo que espera que las elecciones parlamentarias se celebren en febrero después de una serie de reformas que permitirán que otros grupos políticos se presenten en los comicios.

"El momento previsto para celebrar las elecciones parlamentarias es febrero de 2012", dijo.

Los activistas rechazaron sus promesas de reformas y muchas figuras de oposición han rechazado su llamamiento para un diálogo nacional, afirmando que no puede haber negociaciones mientras las fuerzas de seguridad continúan matando a manifestantes.

Los activistas afirman que docenas de personas fueron arrestadas el domingo durante redadas en Idlib, una provincia del norte, mientras que las fuerzas de seguridad irrumpieron en el barrio de Khaldieh en Homs.

Un equipo de la ONU llegó el sábado a Siria para evaluar las necesidades humanitarias en el país, dijo una responsable del organismo. El organismo estuvo pidiendo permiso para el ingreso de la delegación desde mayo.