Moscú. Un supuesto suicida con bomba atacó el mayor aeropuerto de Rusia, dejando al menos 35 muertos y poniendo en jaque los esfuerzos del Kremlin por aplastar la insurgencia armada y enfrentar las tensiones nacionalistas en el corazón del país.

Nadie reivindicó inmediatamente la responsabilidad por el ataque del lunes en el aeropuerto Domodedovo, pero este tiene las características de los milicianos que luchan por un Estado islámico independiente en la región del Cáucaso Norte.

El denso humo ocupó la sala de ingreso de la terminal y el fuego atravesó una pared.

"Los conductores de taxis que hacían fila en el área de arribos volaron (por la explosión). Quedamos cubiertos con partes de sus cuerpos", dijo a Reuters Artyom Zhilenkov, de 30 años, mostrando los pedazos de carne humana que tenía sobre su ropa.

Los rebeldes del Cáucaso Norte prometieron ataques contra ciudades y blancos económicos antes de las votaciones parlamentarias de este año y las elecciones presidenciales en 2012.

Pero la elección de un ataque en Domodedovo, que resultó en la muerte de varios extranjeros, sugiere que los atacantes buscan aumentar la incertidumbre más allá de las fronteras rusas.

Rusia celebrará los Juegos de Invierno 2014 en Sochi, región que algunos militantes consideran "ocupada". El país también será anfitrión de la Copa Mundial de Fútbol 2018.

El presidente ruso, Dmitry Medvedev, prometió perseguir y castigar a quienes estén detrás del ataque, que también dejó a unos 150 heridos. Medvedev ordenó incrementar la seguridad en los centros de transporte y lugares de reunión pública.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, condenó el ataque, calificándolo como un "atroz acto de terrorismo contra el pueblo ruso", y ofreció asistencia a Moscú.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, dijo que estaba conmocionado, informó la televisión estatal.

El primer ministro, Vladimir Putin, que comparte el poder en un "tándem" con Medvedev, puso en juego su reputación política al intentar combatir a los rebeldes en el Cáucaso.

Putin lanzó una guerra a fines de 1999 en Chechenia para derribar al gobierno secesionista. La campaña logró su objetivo inmediato y le ayudó a ganar la presidencia meses después. Pero, desde entonces, la insurgencia se ha expandido a las áreas vecinas de Ingusetia y Dagestán.

"Podría haberse tratado de islamistas del Caúcaso Norte. De haber sido ellos, este sería un ejemplo de que el éxito en Chechenia generó una amenaza más difusa y peligrosa", dijo Neil MacFarlane, profesor de Relaciones Internacionales en el St. Anne's College, Oxford.

"¿Las consecuencias? Más abusos contra personas originarias de Cáucaso en Moscú y el resto de Rusia (...) una respuesta militar y policial más intensa en la región hará que el problema sea más severo, debido a los métodos que posiblemente serán empleados, y la búsqueda de retribución", agregó.

Violencia nacionalista. La expansión de la violencia desde el Cáucaso Norte, originada por una combinación de corrupción, pobreza y rivalidades entre clanes así como el radicalismo religioso, aviva la militancia nacionalista en el corazón de Rusia.

Las tensiones entre los rusos étnicos y los 20 millones de musulmanes que representan una séptima parte de la población se incrementaron dramáticamente el mes pasado en una serie de choques.

Estos involucraron a miles de nacionalistas rusos que atacaron a transeúntes de apariencia no eslava, muchos de ellos procedentes del Cáucaso Norte.

Los incidentes causaron alarma en el Kremlin.

Analistas dijeron que estos ataques, de continuar, podrían plantear dudas sobre la participación extranjera en la economía rusa, aunque no hubieron señales de una reacción seria en los mercados rusos al ataque del lunes.

La oficina del fiscal informó que el ataque "probablemente fue perpetrado por un atacante suicida".

La televisión estatal reportó que el ataque fue obra de un "smertnik", o atacante suicida.

El incidente fue el peor de su tipo desde marzo de 2010, cuando dos suicidas mujeres de la región de Dagestán detonaron sus explosivos en el metro de Moscú, provocando la muerte de 40 personas.

El peor hecho que involucró a rebeldes del Cáucaso Norte ocurrió en 2004 cuando milicianos asumieron el control de una escuela en Beslán. Cuando tropas rusas asaltaron el edificio intentando poner fin al sitio, 331 rehenes, la mitad de ellos niños, murieron.