Río de Janeiro. Los desalojos forzados de residentes de favelas para los Juegos Olímpicos del 2016 son una señal preocupante de que los derechos humanos podrían sufrir de los preparativos de Brasil para el evento, dijo este lunes el director de Amnistía Internacional.

Río de Janeiro planea construir tres autopistas para autobuses antes del 2016 que pasarán por varias favelas, que albergan a miles de residentes.

Pese al crecimiento económico de Brasil en los últimos años, millones de habitantes de favelas aún viven una existencia precaria en grandes ciudades y han sufrido por largo tiempo de abusos a los derechos humanos.

Las autoridades comenzaron a realizar demoliciones en algunas favelas en los últimos meses, ofreciendo compensaciones por las viviendas o nuevas casas, que los residentes se quejan a menudo que quedan en las afueras de la ciudad, lejos de sus lugares de trabajo y de las comunidades.

Los desalojos planeados han recordado los preparativos de China para los Juegos del 2008, cuando el gobierno local forzó a desplazarse de sus hogares a 1,5 millones de personas para la restauración de la ciudad.

"Nuestra preocupación es que por los Olímpicos esto pueda escalar muy significativamente", dijo el secretario general de AI, Salil Shetty, quien está comenzando una visita de una semana al gigante sudamericano.

Pese a que el número de desalojos hasta ahora ha sido bajo, Shetty dijo que las señales iniciales de cómo Río está tratando a sus residentes localizados en la vía de proyectos de infraestructura "no han sido buenas".

"Todos entienden completamente que podría ser inevitable algún grado de movimiento cuando realizas un proyecto tan grande, pero el tema es si se está siguiendo el debido proceso", sostuvo.

"A estas personas les han entregado casas que están a 50 kilómetros de sus lugares de trabajo, o compensaciones que son una miseria. Las comunidades realmente no están involucradas", agregó.

Shetty se reuniría con residentes de las comunidades afectadas y dijo que presentaría el tema más tarde esta semana en Brasilia ante funcionarios del Gobierno, incluyendo probablemente a la presidenta Dilma Rousseff.

Ecos de Pekín. Los desalojos planeados han recordado los preparativos de China para los Juegos del 2008, cuando el gobierno local forzó a desplazarse de sus hogares a 1,5 millones de personas para la restauración de la ciudad.

Los desalojos en Río no alcanzarán ese nivel, pero son una prueba importante sobre la postura de Brasil respecto a los derechos humanos, en que a menudo se ha dado una diferencia entre palabras y acciones, sostuvo Shetty.

Río de Janeiro, una ciudad costera que también será una de las sedes del Mundial de fútbol 2014, ha comenzado a cambiar su violenta reputación en años recientes a través de un programa de seguridad que ha sacado a bandas de narcotraficantes de las favelas e instalado a policías comunitarios entrenados.

Hasta el momento, las ocupaciones sólo han alcanzado a poco más de 12 favelas, varias de ellas cerca de zonas ricas, de las cerca de 1.000 que existen en la segunda mayor metrópolis de Brasil.

"Puedes crear algunas islas de excelencia pero eso no va a hacer una diferencia a escala para el problema", sostuvo Shetty, oriundo de la India.

"El sistema policial aquí necesita de una reforma bastante profunda (...) la corrupción y violencia están muy enraizadas en las favelas y en la sociedad misma", agregó.

Rousseff, que comenzó su mandato el 1 de enero, fue torturada durante la dictadura militar en Brasil y ha dado una mayor prioridad a los derechos humanos que su predecesor, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

AI quiere que el Gobierno de Rousseff abra investigaciones de torturas cometidas en la época de la dictadura (1964-1985) y otros abusos, un área en que Brasil ha realizado muy pocos avances en comparación a sus vecinos sudamericanos.

"La gente dice ¿por qué quieres abrir viejas heridas? Pero el tema es que no es una vieja herida. Es una herida actual si no tienes justicia ni responsabilidad", declaró Shetty.