Santiago. La nube de cenizas de un volcán en Chile podría seguir afectando el tráfico aéreo por un tiempo ya que la actividad volcánica no muestra señales de estabilizarse en el corto plazo, dijeron expertos este martes.

Las cenizas de la cadena chilena de volcanes Puyehue-Cordón Caulle entró en erupción el 4 de junio tras décadas de inactividad y desde hace días mantienen en jaque la operación de algunos aeropuertos argentinos, además de afectar terminales del sur de Brasil y hasta Oceanía.

Decenas de vuelos fueron cancelados y el caos impactó la actividad de aerolíneas como la chilena LAN, las brasileñas TAM y Gol, o las australianas Qantas Airways Ltd y Virgin Australia.

"No hay indicios de la que la situación (del volcán) cambie, o tienda a estabilizarse en el corto plazo", dijo Enrique Valdivieso, director del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin).

"Si se trata de la ceniza esta última que hemos tenido, más fina, puede durar meses, si la columna sigue siendo de hasta 8 o 9 kilómetros podría extenderse con más facilidad. Cuanto más alta es la ceniza, más vuela", añadió.

El especialista señaló que era difícil predecir por cuánto tiempo más la cenizas seguirían afectando los vuelos o si la erupción podría intensificarse en las próximas semanas.

Argentina informó el martes que los aeropuertos de Buenos Aires, los mayores del país, retomarán sus operaciones por la noche gracias a una súbita mejora de las condiciones climáticas, dando una tregua tras 10 días de trastornos.

El fenómeno afectó las ciudades cordilleranas patagónicas cercanas al volcán, donde se decretó la emergencia agropecuaria y las calles están cubiertas de cenizas. Las aerostaciones de esa zona continúan cerradas.

Islandia. El mes pasado, el tráfico aéreo del norte de Europa y Gran Bretaña fue interrumpido luego de que el volcán más activo de Islandia, Grimsvotn, lanzará al cielo una columna de ceniza y humo de 25 kilómetros de extensión.

Y en abril del año pasado, la erupción de otro volcán en ese país, Eyjafjallajokull, forzó la cancelación de 100.000 vuelos y afectó el tránsito de 10 millones de personas con un costo de 1.700 millones de dólares.

"Si tomamos ejemplos anteriores, como el caso del Lonquimay, en Chile en 1989, la pluma (de cenizas) se mantuvo más o menos unos dos meses y luego comenzó a salir lava. Y cuando empieza a salir lava, la actividad de cenizas comienza a disminuir", explicó Felipe Aguilera, vulcanólogo de la Universidad de Atacama, en Chile.

"Los volcanes de Sudamérica tienen la capacidad de emitir cenizas por mucho más tiempo (que los de Islandia)", agregó.

Autoridades brasileñas reportaron el martes que la ceniza había llegado a las ciudades sureñas de Porto Alegre y Florianópolis.

Incluso Nueva Zelanda y Australia fueron golpeados por el fenómeno iniciado en Chile, obligando a cancelar o retrasar vuelos programados.

Este fue el último episodio de una serie de erupciones volcánicas ocurridas en Chile en los últimos años. En el 2008, el Chaitén entró en actividad por primera vez en miles de años, arrojando al cielo una masa de lava y una densa columna de ceniza que llegó hasta la estratósfera.

La cenizas lanzadas por el Chaitén cubrieron poblados de Argentina y era posible verla desde el espacio.

El volcán Llaima, también en Chile y uno de los más activos de Sudamérica, entró en erupción en el 2008 y al año siguiente.

La cadena vulcánica chilena es la segunda a nivel mundial después de Indonesia. Esta integrada por unos 2.000 volcanes, de los cuales unos 500 tienen potencial para entrar en actividad y otros 50 o 60 ya lo han hecho.