Pocos días después del tsunami del 6 de febrero del presente año que causó once muertos en las islas Salomón y Santa Cruz, medio centenar de funcionarios y especialistas de organismos de gestión de riesgos y protección civil de Centroamérica y México intercambió experiencias y mejoró conocimientos técnicos en unas jornadas de una semana llevadas a cabo en El Salvador.

Estos trabajos fueron conducidos por expertos del Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWC, por sus siglas en inglés), del Centro Internacional de Información de Tsunamis de la Administración Nacional de Océanos y la Atmósfera (ITIC-NOAA) de Estados Unidos y otros organismos científicos internacionales.

El propósito fue "que esta región pueda estar mejor preparada para tsunamis" (olas gigantes provocadas por terremotos en el mar), explicó el director general del PTWC, con sede en Hawai, Charles McCreery.

En otras palabras, que cuando haya un tsunami las autoridades alerten a tiempo a la población para ponerse a salvo.

"Somos responsables por proteger las vidas de estos peligros, pues no podemos evitar los tsunamis, pero sí podemos prepararnos para ellos", aseveró McCreery.

UBICACIÓN DE RIESGO

Centroamérica y México se asientan sobre el "Cinturón de fuego del Pacífico", una sucesión de placas tectónicas que constituyen uno de los lugares de más alto riesgo sísmico y volcánico del planeta, sacudido por unos 7.000 temblores al año, la mayoría moderados.

Este enorme cinturón bordea casi toda la costa del Pacífico, desde Australia y el sudeste de Asia hasta Suramérica, pasando por Japón, China, Estados Unidos, México y Centroamérica.

En esta región la actividad sísmica es provocada principalmente por las placas tectónicas Cocos y Caribe, aunque también hay otros sistemas de fallas, que igualmente pueden provocar tsunamis.

Centroamérica se ha visto impactada desde 1539 por, al menos, 49 tsunamis, 37 en el Pacífico y 12 en el Caribe, que causaron medio millar de muertos, según un estudio del experto costarricense Mario Fernández publicado en 2002 por la Revista Geológica de Centroamérica.

Los tsunamis más trágicos hasta ahora son el que causó 185 muertos entre Guatemala y El Salvador en 1902 y el que dejó 170 víctimas mortales en Nicaragua en 1992, que también produjo la ola más alta registrada en Centroamérica, de 9,5 metros, señala el estudio.

El Salvador sufrió un tsunami local el 26 de agosto de 2012, que no causó víctimas, después de un sismo de una magnitud de 6,7 en la escala abierta de Richter.

Ese tsunami impactó la península de San Juan del Gozo, situada en la bahía de Jiquilisco, en el centro de El Salvador, con olas que alcanzaron los 2,3 metros de altura y penetraron hasta 300 metros tierra adentro, según el ministro salvadoreño de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Herman Rosa Chávez.

El PTWC también lanzó una alerta de tsunami desde Estados Unidos hasta Perú, aunque la suspendió poco después, por el terremoto de magnitud 7,6 que sacudió Costa Rica el 5 de septiembre de 2012 y que causó un único muerto y daños materiales menores.

Pero fue "después de lo que pasó en el 92 en Nicaragua" que los países centroamericanos empezaron a preocuparse por los tsunamis y, aunque nunca estarán totalmente listos, "siempre hay que seguirse preparando", dijo a Efe la directora del ITIC-NOAA, Laura Kong.

Esta experta comentó que algunas lecciones recientes se pueden tomar del tsunami de las islas Salomón y del que, en 2011, causó en Japón más de 18.000 muertos y desaparecidos, así como cerca de 320.000 desplazados, además de graves daños a la central de Fukushima Daiichi, que generaron la peor crisis nuclear tras la de Chernobil, en 1986.

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AMENAZA PERMANENTE

El director del PTWC destacó que "se han dado muchas mejoras" en el mundo para enfrentar tsunamis después del que impactó el océano Índico en 2004, provocado por un terremoto de magnitud 8,9 y que mató a casi 230.000 personas en una docena de países.

McCreery recordó que "las fuerzas tectónicas que mueven la Tierra" producen los tsunamis, por lo que en Centroamérica, "al igual que en muchas otras regiones alrededor del mundo, no es una cuestión de si van a ocurrir, sino de cuándo".

Tsunamis devastadores como el de Japón y el del Índico (donde no había sistema de alerta), que algunos expertos consideran como el mayor de la historia conocido hasta ahora, "podrían ocurrir sólo una vez cada cientos de años", señaló McCreery.

"Pero otros tsunamis más pequeños", como el de las islas Salomón y algunos registrados en Centroamérica, "ocurren casi todos los años en alguna parte; por eso es que este peligro requiere un esfuerzo constante y continuo", advirtió.

Ese potencial mortífero se demuestra en que "a lo largo de la historia el 90% de las muertes causadas por tsunamis han sido provocadas por tsunamis locales que atacan líneas costeras en decenas de minutos", remarcó Laura Kong.

El secretario técnico del Sistema de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWS), Bernardo Aliaga, coincidió en que "el problema (principal) es con los tsunamis locales, que son de muy rápido desarrollo y demoran entre diez y 20 minutos en llegar" a la costa.

"En estos casos, la coordinación entre las instituciones" responsables es importante" porque en cuestión de minutos tendrán que enfrentar el fenómeno, enfatizó.

Por el contrario, indicó Aliaga, ante "los tsunamis que ocurren en fuentes lejanas hay más tiempo para reaccionar".

Tres años después, en Chile sigue levantando olas la descoordinación que el 27 de febrero de 2010 llevó a los organismos de emergencia a descartar que, tras el terremoto de 8,8 grados de magnitud, se pudiera producir un tsunami en las costas chilenas.

Finalmente sí hubo un devastador tsunami que causó al menos 156 muertos y 25 desaparecidos, pese a haberse recibido, incluso, avisos reiterados del PTWC.

El terremoto estremeció a Chile durante casi tres minutos, es considerado el quinto más grande de la historia y causó 526 muertos, 800.000 damnificados y US$30 millones en pérdidas.

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SALVAR VIDAS

Aunque aquí los tsunamis no son tan frecuentes, Centroamérica y México deberían definir "planes operacionales estándar entre las agencias de gestión de riesgos, trabajar coordinadamente y así dar una misma información" a la gente, a través de los medios de comunicación y otras vías, coincidieron Aliaga y Kong.

La comunicación y la coordinación también deben darse entre organismos especializados internacionales y países, así como entre las agencias nacionales.

Aliaga puntualizó que "lo más importante es que la población sepa cómo reaccionar" y para ello hay que capacitarla y orientarla.

Algunas lecciones básicas para la población costera en caso de tsunami son que las familias sepan a qué lugares seguros dirigirse tierra adentro, que tengan planificado quién se hará cargo de los niños, acordar puntos de reencuentro o contar con implementos caseros para emergencias, refirió el experto del PTWS.

Durante el encuentro regional celebrado en San Salvador se intercambiaron experiencias y se conocieron avances en ciencia y tecnología, detección, monitoreo, evaluación, emisión de alertas, evacuación, coordinación y otras áreas relacionadas con tsunamis.

Además, el PTWC, explicó su director general, presentó nuevos sistemas de información y alerta temprana que pondrá a prueba en los próximos meses.

Todo esto se hace "buscando prepararnos para salvar vidas" ante un tsunami, insistió McCreery.

Aliaga recordó que, aunque el Pacífico es "el océano que ha tenido más tsunamis", en esta región -en el Caribe- también "hay que poner atención".

IMPREDECIBLE Y VELOZ

Un tsunami es "una perturbación del nivel del mar producida por un cambio brusco del fondo del mar por un terremoto", viaja a "una velocidad inmensa" y al igual que otros fenómenos naturales "no conoce fronteras", definió el secretario técnico del PTWS.

Aliaga explicó que el terremoto "levanta el fondo" marino "y automáticamente levanta toda la columna de agua que, cuando se acerca a la costa, se eleva y con la altitud pierde velocidad".

Comparó que la masa de agua a "4.000 metros de profundidad viaja más rápido que un jet, 800 kilómetros por hora, y cuando llega a la costa viaja más rápido que un caballo, 25 kilómetros por hora".

Charles McCreery, del PTWC, señaló que un tsunami es "una de las fuerzas de la naturaleza más impredecibles y que se están dando con mayor frecuencia".

El tsunami que, en 1960, siguió a un terremoto de magnitud 9,5 en el Pacífico en el sur de Chile, indujo a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) a crear, en 1965, un sistema internacional de alerta en el Pacífico, cuyo centro es el PTWC, recordó Laura Kong.

El PTWC había sido creado en 1946 y es operado por la NOAA. La directora del ITIC-NOAA explicó que el objetivo principal de este sistema de alerta "es identificar y mitigar los peligros presentados por los tsunamis locales y distales".

Los tres "complementos claves" del sistema son la detección de peligros y su pronóstico, la evaluación de amenazas y la emisión de las alertas, señaló.

Kong insistió en que, sean locales o distales, los tsunamis son "eventos impredecibles, de rápida evolución", que "van a atacar en minutos".

Hoy, un problema adicional es que "en las últimas décadas ha aumentado la cantidad de personas en riesgo en las costas, por razones turísticas u otras", advirtió la directora del ITIC-NOAA.

"El problema que tenemos ahora, que antes no lo teníamos tan grave, es que la costa está mucho más poblada" en El Salvador y el resto de Centroamérica, señalaba el ministro salvadoreño de Medio Ambiente en 2011.

Si un tsunami como el que causó 185 víctimas en 1902 ocurriera ahora, "tendríamos miles de muertos" porque la población de las costas es mayor, advertía Rosa Chávez.

El director de Protección Civil de El Salvador, Jorge Meléndez, remarcaba también en 2011 que sólo en este país se estimaban "782.000 personas residentes en puntos vulnerables de la costa".

EL SALVADOR SE PREPARA

Rosa Chávez y Meléndez subrayaron en la reciente reunión regional con el PTWC que El Salvador ya cuenta con un diagnóstico de cómo impactaría un tsunami en cada uno de los sectores de la zona costera, donde también se ha organizado a las comunidades.

Sin embargo, "no tenemos recursos" suficientes y, en caso de emergencia, las autoridades tendrán que "dar respuesta como puedan y con lo mejor" que haya disponible, indicó Meléndez.

Precisó que la costa occidental, la bahía de Jiquilisco y el estero de Jaltepeque (centro) "son quizás las zonas más vulnerables" a tsunamis en El Salvador, pues son "muy planas" e incluso tienen ciertos sectores "por debajo del nivel del mar".

Y como son "planicies bastante extensas", agregó, en algunos de esos lugares llevaría "hasta una hora llegar al lugar más seguro".

El ministro Rosa Chávez dijo que debido al crecimiento de la población y el turismo se ha incorporado la prevención ante tsunamis al ordenamiento ambiental en la zona costera.