Las llegadas de inmigrantes a España prácticamente cesaron en 2010 debido a la crisis económica, tras una década de aumentos, aunque se prevé que el país vuelva a necesitar trabajadores extranjeros dentro de cuatro años, alertaron este jueves varios expertos.

En 2010, el número de trabajadores extranjeros aumentó sólo en 6.000, después de casi 100.000 en 2009, de 400.000 en 2008 y de crecer en 550.000 anuales entre los años 2000 y 2007, indicó el economista Josep Oliver en la presentación del Anuario de la Inmigración en España-2010.

En 2010, "los retornos" voluntarios de trabajadores extranjeros a sus países "han compensado a las entradas que siguen produciéndose, aunque más levemente que en años anteriores, deparando un balance prácticamente nulo" de crecimiento de la inmigración, explicó el catedrático Joaquín Arango.

Además, el año pasado "la caída de la oferta de empleo ha llevado a una entrada prácticamente en cero de trabajadores extranjeros con permisos iniciales", es decir, con contrato de trabajo, precisó la secretaria de Estado para la Inmigración, Anna Terrón.

"2010 es el año en que por primera vez ha bajado la presencia global de extracomunitarios (ciudadanos de fuera de la Unión Europea) en España, en 1,4%", añadió.

El número de extranjeros residentes en España, que era sólo de 500.000 en 1996, aumentó exponencialmente desde entonces y a inicios de 2010 alcanzaba los 5,7 millones, es decir, el 12,2% de la población (en alza del 0,9% frente al año anterior) para una población total de 47 millones, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

De los 5,7 millones, 1,7 millones son iberoamericanos (América Latina y Caribe), la mayor comunidad no europea (29,8% del total de extranjeros).

Oliver subrayó que a pesar de la crisis, el peso de los trabajadores extranjeros en el total de la población activa ha aumentado, pasando del 15% al 18%.

Además indicó que el desempleo entre el colectivo inmigrante, que es del 30% de la población activa -10% más que el desempleo total-, se debe sobre todo a que durante la crisis "han entrado nuevos activos que no han encontrado empleo", por lo que "el 80% de nuevos parados inmigrantes es gente que no había trabajado con anterioridad".

La crisis ha frenado sobre todo las llegadas de extranjeros jóvenes, de menos de 35 años, que además tienen más facilidad para retornar a sus países, frente a los mayores de 35, que siguen llegando o no retornan debido a que apuestan por la reagrupación familiar.

Ello ha llevado a que con la disminución paulatina de las llegadas, en 2009 y 2010 ha habido unos 150.000 jóvenes inmigrantes menos, según Oliver, lo que se suma a los 550.000 jóvenes nativos "perdidos" en esos años debido al descenso del número de nacimientos en España.

Esto provocará que "en la segunda mitad de la década, el mercado de trabajo vuelva a necesitar una mano de obra que no va a encontrar en los jóvenes nativos que no nacieron, ni en los inmigrantes que, probablemente, habrán abandonado el país", previó Oliver.

Por eso habló de "choques migratorios" al "final de la década", en la que la falta de mano de obra joven llevará a "una nueva entrada migratoria".