Al menos seis bandas controlan el narcotráfico en Iquique, al norte de Chile, y una de ellas está directamente relacionada con Bolivia, desde donde se importa la droga que luego es acopiada en casas de seguridad de esta ciudad de la primera región del país, y en la localidad de Alto Hospicio, revela un diagnóstico hecho por policías y autoridades de esa región y remitido al ministro del Interior de este país, Rodrigo Hinzpeter, revela una publicación de El Mercurio.

El propio Hinzpeter sostuvo que en la ciudad chilena el negocio de la droga está controlada por seis grupos. Dichas declaraciones fueron respaldas por el jefe de la Primera Zona Policial, general Gustavo Navarrete, y por el fiscal regional Manuel Guerra, acota el matutino chileno.

La primera banda identificada es la que tiene estrecha vinculación con Bolivia. Se trata de un grupo delictivo que tiene contactos familiares de origen aimara y que incluye a personas que residen permanentemente en Bolivia, hay otros que simulan actividades lícitas en Chile, están los que hacen los contactos y ventas, y los "burreros" para sortear la frontera y a los transportistas.

El segundo tipo de organización, que también funciona como "mayorista", trae droga en grandes cantidades, pero no la acopia y se deshace rápidamente de ella. La vende tanto en Iquique como en Santiago. Estos grupos pueden llegar a movilizar entre 60 y 100 kilos al mes, con ganancias sobre 80 millones de pesos chilenos (unos 1,2 millones de bolivianos).

Una tercera forma de organización ligada al narcotráfico tiene su base en verdaderos clanes familiares, los que se abastecen de los "mayoristas" y se encargan de redistribuir entre microtraficantes. Ellos no toman contacto con los consumidores y tienen sectores poblaciones que son de su dominio. Según el periódico El Mercurio, estos delincuentes no tienen empacho en demostrar sus ganancias y compran el silencio de los vecinos con favores y regalos.

Las autoridades chilenas identificaron que otra organización es la que roba vehículos en Iquique y los saca del país para cambiarlos por droga.

Esta banda tiene residencia en Iquique y en zonas rurales de la provincia del Tamarugal (en la primera región). Un ejemplo claro, cita el matutino chileno, es la banda de la familia Palape Lucas de la localidad de Pica, que participó en el robo de -al menos- 800 vehículos. El clan vivía en el oasis de Pica y para capturar a 12 de ellos se necesitaron años de investigación, más de 1.400 horas de escuchas telefónicas y un operativo en el que participaron 70 carabineros.

Una quinta forma de organización es más pequeña, pero más violenta. Se incrusta en poblaciones en riesgo social y genera lazos de protección a través del dinero y de la adicción de sus clientes y ayudantes. Tienen droga en bajas cantidades, pero siempre están recibiendo "mercadería". La venta se realiza en casas, en cuyos alrededores hay "pilotos" (vendedores) y "soldados" (guardias). Muchos de los integrantes de estas bandas portan armas y no dudan en usarlas.

El último tipo de organización es la que se encarga del "transito" de burreros, los cuales en su mayoría son reclutados en Perú y Colombia y a quienes se les instruye para cruzar por pasos fronterizos ilegales. En Iquique se deben reportar con sus contactos y luego siguen al sur.

El Mercurio de Santiago informa de que el alto nivel de organización y medios de los narcotraficantes permite que muchas veces hayan burlado el trabajo de sus perseguidores. Así cuentan fuentes cercanas a las investigaciones, que detallan que después de que se detectan los falsos cargamentos, los narcos usan las líneas telefónicas para burlarse y organizar fiestas. También contratan a personas ajenas a las bandas, las mandan a rutas, alertan anónimamente a la policía y así miden sus tiempos de reacción. Ya detenidos, invierten sus roles, nunca reconocen el delito y reparten los bienes a su familia y terceros "limpios". Así, éstos sólo se pueden decomisar y no se inician acciones por lavado de activos.