Copiapó. Los mineros atrapados desde hace más de dos meses en el norte de Chile comenzaron a emerger de las entrañas de la tierra en la madrugada de este miércoles, mientras familiares y socorristas festejaban el emotivo rescate que quedará en la historia.

Bocinas y aplausos llenaron el aire, mientras que globos con los colores de Chile subieron al cielo cuando Florencio Avalos, el jefe de la mina, fue el primero de los 33 encerrados en las fauces del yacimiento en ver de nuevo la luz de la luna sobre el Desierto de Atacama poco después de la medianoche del martes.

En un hito de supervivencia bajo tierra y después de que en un principio se los diera casi por muertos, Avalos y colegas soportaron atrapados a unos 700 kilómetros de profundidad desde un derrumbe el 5 de agosto que bloqueó la pequeña mina San José.

"Estoy feliz, orgullosa. Florencio siempre fue tan fuerte, tan valiente", dijo Priscila Avalos, hermana del primer minero en salir de la tierra en una cápsula especial, una imagen que conmovió al mundo entero, que vio cada paso gracias a un despliegue de la televisión estatal chilena en vivo y directo.

Los mineros eran izados uno a uno en una angosta cápsula por un ducto de poco más de 600 metros de roca sólida, en un inédito operativo que comenzó en la medianoche del martes y duraría hasta dos días.

Ya cerca del amanecer de este miércoles, casi siete horas después del inicio de la fase final del operativo, los socorristas habían sacado a ocho mineros, entre ellos al único boliviano entre el grupo de chilenos.

"Bienvenido a la superficie, a la vida", dijo el presidente chileno, Sebastián Piñera, cuando dio un abrazo de bienvenida al cuarto evacuado, el boliviano Carlos Mamani, de 23 años y quien llevaba cinco días en la mina cuando todo ocurrió.

Piñera sostenía en sus manos la bandera de Bolivia, cuyo presidente Evo Morales también saludará personalmente al minero este miércoles durante una visita que hará al norte de Chile.

Algunos familiares de Mamani viajaron 35 horas desde la ciudad boliviana de Cochabamba hasta el hospital de la ciudad de Copiapó, cercana al Campamento Esperanza, fundado por los familiares de los mineros primero para presionar por su búsqueda y después para seguir paso a paso el proceso.

"Me siento muy contenta, muy feliz de volver a abrazar a mi hermano (...) Realmente me siento muy feliz, emocionada, no puedo decir más", dijo su hermana Nelia Mamani quien lo esperaba en el hospital de Copiapó, donde todos serán trasladados por helicóptero para chequeos y tratamientos.

La noche se transformará en día: los expertos en rescate prometieron no parar hasta sacar al último trabajador de la mina que producía una pequeña cantidad de cobre y oro antes de su colapso.

"Todavía nos queda una larga jornada", dijo un emocionado Piñera ante cientos de periodistas nacionales y extranjeros que seguían los avatares del rescate que ha cautivado al mundo.

Abrazos y rocas. Cuando Avalos, de 30 años, pisó la superficie después de un ascenso de 15 minutos, su hijo menor y su esposa corrieron a abrazarlo. Poco después, Piñera lo estrechó en sus brazos, gesto que tuvo, hasta ahora, con los primeros cuatro rescatados.

Casualmente, el rostro de Avalos había sido el primero en dar la vuelta al mundo cuando 17 días después del derrumbe dieron señales de vida, pese a que todos los daban por muertos, y se obtuvieron imágenes que mostraban a los mineros.

La escena de alegría se repitió con los otros mineros rescatados, como el extrovertido Mario Sepúlveda, que celebró su cumpleaños 40 bajo tierra; Juan Illanes, de 51 años que prometió dejar la minería tras el susto del accidente y Jimmy Sánchez, el más joven de los mineros con sus 18 años.

A ellos le siguió Osmán Araya, de 29 años y quien se había quejado de las malas condiciones en la mina.

Pocos minutos después emergió del ducto José Ojeda, destacado por ser quien escribió el mensaje "Estamos bien en el refugio los 33" que conmovió al mundo el 22 de agosto cuando pocos confiaban en que estuvieran vivos.

Más tarde fue el turno de Claudio Yáñez, a quien lo esperaba su pareja y su pequeña hija, que lloraba de emoción.

Los mineros abandonaban la mina en la cápsula que apenas les permite moverse y que está equipada con un tubo de oxígeno y equipo de comunicación.

Y vestían trajes especiales para soportar la abismal diferencia térmica entre los 30 grados de la mina y la fría noche del desierto, también con lentes oscuros para no quedar cegados por las luces después de haber vivido en penumbras.

Mientras tanto, los familiares estaban reunidos en torno a fogatas y rezaban y cantaban para calmar sus ansias.

Con un humor a prueba de balas, Sepúlveda -uno de los pilares morales para sus compañeros mineros- al salir abrió un bolso y le entregó pedazos de roca del fondo de la mina al presidente y otros funcionarios.

"Estuve con Dios y estuve con el diablo, me pelearon, me ganó Dios. Me agarré de la mejor mano", dijo horas después Sepúlveda, rodeado de sus familiares, en declaraciones transmitidas por la televisión estatal chilena.

Todo sobre ruedas. Los primeros mineros en ser izados son los más hábiles, luego los más débiles y finalmente los más fuertes, según las autoridades.

Todos han salido de la cápsula en aparente buena condición de salud, no obstante, van a ser trasladados al hospital de Copiapó, a donde ya ingresaron -caminando- los dos primeros para chequear su condición clínica.

En el centro de salud de la ciudad medio centenar de personas seguían la transmisión televisiva del rescate en vivo mientras esperaban la llegada de los rescatados.

"Fue hermoso, estoy muy feliz, como todos los chilenos viví esto con mucho sufrimiento sin saber si estaban vivos y ahora verlo ahí (al primero) fue emocionante", dijo María Cristina Avila, mientras bocinas sonaban en las calles de la ciudad.

Hasta el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, dijo que acompañaba a la distancia a los mineros, sus familias y los rescatistas.

"Aunque falta mucho para que ese rescate concluya y queda trabajo arduo por delante, oramos para que, con la gracia de Dios, los mineros puedan salir a salvo y regresar pronto a sus familias", dijo Obama en un comunicado.

Desde Perú, el presidente Alan García también envió sus saludos. "Esto fue un milagro de Dios y no creo que los milagros Dios los hace a medias", dijo.