En lo que probablemente se  constituya en una de las vueltas de campana más notables de la historia de la medicina, un estudio masivo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York (NYU por sus siglas en inglés) demostró que una de las bacterias “villanas” –la helicobacter pylori, causante desde la gastritis a la úlcera gástrica, pasando por el cáncer gástrico– puede proteger a quienes la tienen del cáncer al pulmón y de los Accidentes Cerebro Vasculares (ACV).

La evidencia surgió tras el seguimiento de casi 10 mil personas durante doce años y fue difundido en la revista GUT, el 9 de enero recién pasado. La evidencia mostró que aquellas personas que tienen en su cuerpo una variante particularmente virulenta de H. pylori, conocida como cagA, tienen 55% menos posibilidades de riesgo de muerte debido a un ACV que aquellos no infectados; en tanto que, en lo que hace al cáncer de pulmón, las posibilidades de un deceso disminuyen 45%.

A decir verdad, ya existía un antecedente de la acción benéfica de la bacteria: Martin J. Blaser, profesor de medicina interna microbiología de NYU y su colega Yu Chen, profesor asociado de salud pública y medicina medioambiental, demostraron previamente que ella protegía contra el asma infantil a los niños naturalmente infectados, develando así el misterio del aumento de las tasas de asma infantil en los países de desarrollo medio y alto, en los cuales los niños –por el amplio uso de antibióticos– pueden carecer regularmente de ella.

Justamente, los dos científicos son quienes lideran el equipo que llegó a las conclusiones revolucionarias. “El hallazgo más interesante fue que existe una fuerte asociación inversa con el ACV” (en presencia de H. pylori), dice el Dr. Blaser. “Hay un precedente para esto y es posible que las mismas células que H. pylori induce a proteger contra el asma infantil podrían ser los agentes de protección (contra el ACV y el cáncer de pulmón). Sin embargo, los resultados deben ser confirmados”.

Importa recordar que alrededor de la mitad de la población mundial carga en su cuerpo a la bacteria y que ella suele heredarse familiarmente.

El trabajo de Blaser y Chen es un ladrillo más en un nuevo edificio conceptual que crece rápidamente en la medicina con la aparición del concepto de “microbioma”. Éste indica que las bacterias que habitan en una persona pueden y deben ser vistas como parte de su material genético o genoma, ya que con su acción influyen en su funcionamiento fisiológico con igual fuerza. Reforzándolo, el mismo número de GUT, dio a luz a otro trabajo –esta vez de un colectivo de entidades científicas españolas– que señala que, tras la utilización de antibióticos en un tratamiento común, el sistema digestivo muestra una capacidad menor de absorción de hierro, también de digerir ciertos alimentos y producir moléculas esenciales para el organismo.

Así, resulta que los tratamientos con antibióticos alteran la relación entre los 10 billones de bacterias que vive en un persona (hay diez bacterias por cada célula del cuerpo y su peso total equivale al del cerebro) y su metabolismo. “Mientras que algunos de los cambios son oscilatorios y pueden ser revertidos al final del tratamiento, otros parecen ser irreversibles”, explica al respecto Andrés Moya, del Instituto de Biodiversidad y Biología Evolucionaria del Parque de la Ciencia en la Universidad de Valencia.

No se trata de cuestiones menores. Según el trabajo, las bacterias podrían ser responsables de mejorar el delicado sistema de comunicación entre el hígado y el colon y relacionarse con la producción  de moléculas esenciales como los jugos biliares, hormonas y derivados del colesterol.