Rikuzentakata. Viviendas temporales se están erigiendo junto a un centro de evacuación en la norteña ciudad japonesa de Rikuzentakata, uno de los primeros lugares donde comenzó la reconstrucción tras el devastador terremoto y tsunami de hace diez días.

Las autoridades pretenden comenzar a mudar familias desde los abarrotados albergues donde han vivido sobre colchonetas, separados de sus vecinos sólo por cartones, hacia casas para fines de mes.

"No tienen privacidad. No pueden ni siquiera estirar sus piernas durante la noche mientras duermen porque podrían golpear a otra persona", dijo Tstutomu Nakai, quien ayuda a administrar el centro de evacuación en el gimnasio de una pequeña escuela secundaria en Rikuzentakata.

"Tenemos cerca de 1.000 personas albergadas aquí en la escuela y creo que serán las primeras en tener casas. Esperamos permitir que la gente se mude a estos albergues temporales apenas estén terminados", sostuvo Nakai.

En el estacionamiento de la escuela se erigieron estructuras de acero, con muros y piso de madera. La escuela se encuentra en una cima con vista a los escombros y restos de la devastada ciudad.

La costera ciudad de Rikuzentakata tenía una población de 23.000 habitantes, en su mayoría ancianos. Unos 740 murieron en el terremoto y tsunami, mientras que más de 1.700 siguen desaparecidos.

Donde alguna vez se levantó la ciudad hay kilómetros de montículos de barro esparcidos, tablones de madera, vidrios y piedras de las casas arrasadas. Los bomberos siguen buscando cuerpos lentamente entre los escombros.

"La (parte de la) ciudad donde estaban cerca del 70 por ciento de los residentes desapareció", comentó Katsutoshi Tomiyama, de 69 años, cuyos bar de jazz de tres meses y cafetería resultaron destruidos.

Cerca de 15.000 hogares en el noreste de Japón fueron destruidos por el desastre y más de 100.000 están dañados.

En Rikuzentakata, algunos de sus cientos de edificios siguen en pie, destrozados y retorcidos. Residentes y trabajadores tientan a la suerte ingresando a las estructuras para buscar cosas que rescatar.

La enfermera Miho Itoh utilizó cuerdas para elevarse hasta el segundo piso de la clínica donde solía trabajar.

"El doctor desapareció cuando estaba ayudando a los pacientes a escapar", indicó, sosteniendo el estetoscopio del médico que encontró en las ruinas.