Asunción.  La comunidad brasileña asentada en el próspero sureste paraguayo está en jaque por la ocupación de miles de hectáreas de parte de campesinos "sintierra", un conflicto que amenaza con ahuyentar inversiones en el cuarto exportador mundial de soja, dijeron el miércoles productores.

La producción de la soja, cuya cosecha culminó en abril, no estaba directamente afectada, pero los agricultores dijeron que el clima de zozobra podía afectar el inicio de la siembra entre septiembre y octubre.

El problema suma cuestionamientos al proyecto de reforma agraria encarado por el gobierno del presidente Fernando Lugo y está vinculado con el caótico procedimiento de titulación de tierras en la frontera a lo largo de décadas.

El gobierno dejó en manos del Poder Judicial la solución al afirmar que son los jueces quienes deben dictaminar sobre la legalidad de los títulos.

El embajador brasileño en Asunción, Eduardo Dos Santos, tenía previsto encontrarse con el ministro del Interior para discutir el asunto que también motivó una reunión de gabinete tras el reclamo de importantes productores por la posibilidad de enfrentamientos violentos.

Paraguay alberga una de las mayores colectividades brasileñas en el exterior y según el canciller paraguayo, Jorge Lara Castro, el problema de las tierras de los "brasiguayos" fue discutido en una reunión bilateral entre los presidentes Lugo y Dilma Rousseff la semana pasada.

"Estamos todos unidos en el esfuerzo de evitar hostilidad, de evitar violencia (...) estamos en contacto con nuestras autoridades en Brasilia, atentos a esto", dijo Dos Santos a la radioemisora asuncena Ñandutí.

"Brasiguayos". Los campesinos sostienen que esas tierras, unas 18.000 hectáreas que pertenecen en su mayoría a los llamados "brasiguayos" -productores brasileños nacionalizados paraguayos o descendientes de brasileños que cultivan soja, trigo y maíz en la zona-, son un excedente fiscal.

"Nosotros nada más queremos demostrar a la gente que esas tierras no les pertenecen a ellos. Queremos la recuperación de la soberanía", dijo el líder campesino Victoriano López.

Industrias paradas. Las tierras ocupadas en el distrito Ñacunday, a unos 400 kilómetros al este de Asunción, pertenecen a 33 colonos brasileños y al Grupo Favero, el mayor productor individual de soja, principal producto de renta del país.

"Si vamos a perder todo lo que hicimos trabajando en 30 años, algo lícitamente adquirido, preferimos morir acá", dijo Tranquilo Favero, presidente del grupo.

En una zona aledaña, en la localidad de Santa Rita, un juez ordenó desalojar a otros colonos tras una aparente superposición de títulos, lo que sumó presión al conflicto.

El intendente de Santa Rita, Concepción Rodríguez, dijo que millones de dólares corrían riesgo de perderse. "Hay industrias que estaban avanzadas en su construcción que están paradas porque los propietarios no saben qué hacer", señaló.

Paraguay alberga una de las mayores colectividades brasileñas en el exterior y según el canciller paraguayo, Jorge Lara Castro, el problema de las tierras de los "brasiguayos" fue discutido en una reunión bilateral entre los presidentes Lugo y Dilma Rousseff la semana pasada.

En el departamento de Alto Paraná donde se encuentran las localidades en cuestión se cultiva cerca de un 40% de la producción nacional de soja, que se estima fueron unas 8,4 millones de toneladas en el ciclo 2010/2011. En Santa Rita se concentran silos y agroindustrias.