París. La periodista francesa Edith Bouvier temió que su intento por escapar de Homs terminara en un oscuro túnel de tres kilómetros - usado por rebeldes para entregar suministros al distrito de Baba Amro - cuando el Ejército sirio bombardeó la salida.

Con una pierna rota por un proyectil que mató a dos periodistas extranjeros unos días antes, Bouvier fue abandonada sobre una camilla, mientras rebeldes y decenas de heridos huían de las explosiones y trataban de regresar al asediado vecindario.

"Uno de ellos colocó su arma Kalashnikov sobre mí. Puso su mano sobre mi cabeza y rezó una oración. No fue muy alentador. Entonces se fue", dijo Bouvier al diario Le Figaro, para el cual estaba trabajando en Siria.

"No sabía lo que estaba pasando. La salida estaba bloqueada? ¿Los soldados sirios iban a entrar? Yo quería irme de ahí pero luego recordé que estaba atada a la camilla", relató.

Bouvier y el fotógrafo francés William Daniels, que permaneció con ella durante la experiencia, finalmente fueron rescatados por un rebelde que los condujo devuelta a Baba Amro.

Los dos periodistas franceses llegaron a Homs el 21 de febrero para unirse a un pequeño grupo de corresponsales que registraba el asalto contra la ciudad por parte de las fuerzas leales al presidente Bashar al-Assad, parte de una represión que ha causado la muerte a más de 7.500 personas, según la ONU.

"Cuando cayeron las bombas, nos dijeron 'ese es Bashar diciendo buenos días'", recuerda Bouvier de su primer día, mientras los ataques se acercaban más a la casa donde se estaban quedando los periodistas.

Temiendo por sus vidas, los periodistas decidieron dejar el edificio de tres pisos, sólo para verse atrapados por una explosión cuando llegaban a la calle, donde Bouvier fue herida y murieron la veterana corresponsal de guerra estadounidense Marie Colvin y el fotógrafo francés Remi Ochlik.

Llevada a un improvisado hospital rebelde, se le hizo una radiografía a Bouvier y le dijeron que su fémur estaba roto.

"Me dijeron 'tienes que ser operada pronto. Tienes que ser evacuada'. Ahí fue donde empezó el gran escape", sostuvo.

Recordando la historia de su odisea de una semana, Bouvier destacó la valentía de los rebeldes sirios que arriesgaron sus vidas para ponerla a ella y a Daniels a salvo mientras el cuerpo de elite de la Cuarta división del Ejército sirio, comandado por el hermano del presidente, Maher al-Assad, atacaba la ciudad.

Rechazando las afirmaciones del Gobierno sirio de que los rebeldes habían intentado usar a los periodistas como escudos humanos, Bouvier dijo que estaban demasiados asustados para salir con un convoy de la Media Luna Roja que llevaba civiles heridos por causa del fuego de los francotiradores del Ejército.

Pasando de refugio en refugio, cambiando de vehículo frecuentemente y tomando caminos por las rocosas montañas en medio de una tormenta de nieve, los periodistas y su escolta rebelde demoraron cuatro días en viajar los 40 kilómetros a la frontera con el Líbano. En todas partes, extraños los saludaban por sus nombres, recibiéndolos cálidamente.

"Realmente se pusieron en peligro a ellos mismos por nosotros. Lo hicieron todo por nosotros", dijo Bouvier, que llamó a sus padres tan pronto entró al Líbano.

"No les dije dónde estaba, sólo que estaba segura y bien", declaró.