Tokio. Japón bombeó este jueves nitrógeno en uno de los reactores nucleares de la central de Fukushima Daiichi, tratando de evitar una acumulación explosiva de hidrógeno, mientras el peor desastre nuclear en 25 años avivaba el debate sobre la energía atómica en Estados Unidos.

En una señal de creciente inquietud internacional sobre la radiación procedente de la planta japonesa, muy dañada por el terremoto del mes pasado, algunos colegios de la vecina Corea del Sur cerraron sus puertas ante el temor de los padres de que la lluvia pudiera ser tóxica.

Mientras tanto, los últimos datos mostraron que los turistas extranjeros estaban evitando Japón durante la que normalmente sería una de las temporadas más populares para visitar el país.

Los ingenieros llevan trabajando desde el miércoles por la noche para inyectar nitrógeno en la vasija de contención del reactor número uno de Fukushima, que quedó destrozada por el tsunami con olas de 10 metros que se produjo tras el terremoto del 11 de marzo.

Un responsable del operador de la planta, Tokyo Electric Power (Tepco), insistió en que era una medida de precaución y que las posibilidades de que se produjera otra explosión de hidrógeno como las que afectaron a dos reactores al inicio de la crisis era "extremadamente baja".

Pero aunque el gobierno ha dicho que la situación se ha estabilizado en la devastada planta, situada a 240 kilómetros al norte de Tokio, aún está lejos de ser controlada.

"Los datos muestran que los reactores están en una situación estable, pero aún no estamos fuera de peligro", dijo a los periodistas el secretario jefe del gabinete japonés, Yukio Edano.

Un responsable de Tepco dijo que se inyectarían 6.000 metros cúbicos de nitrógeno al reactor número 1 y que la instalación estaba preparando inyecciones de gas para los reactores número 2 y 3 de los seis que tiene la planta como medida de precaución.

Los ingenieros lograron detener el miércoles una filtración en el reactor número 2, pero aún necesitan verter 11,5 millones de litros de agua contaminada al océano por la falta de espacio de almacenamiento en la instalación. El agua marina fue usada para enfriar barras de combustible sobrecalentadas.

Los trabajadores siguen tratando de volver a poner en marcha las bombas de enfriamiento - que reciclan el agua - en los cuatro reactores dañados.

Hasta que estén arregladas, deben bombear agua desde fuera para evitar que los reactores se sobrecalienten y se provoque una fusión del núcleo.

Preocupación por la seguridad. En Viena, el jefe de un organismo científico de Naciones Unidas dijo que el accidente nuclear en Japón no tendría graves repercusiones para la salud, según la información disponible hasta el momento.

Wolfgang Weiss, presidente del Comité Científico de las Naciones Unidas para el Estudio de los Efectos de las Radiaciones Atómicas (UNSCEAR, por sus siglas en inglés), dijo también que el desastre nuclear de Fukushima fue menos dramático que el de Chernóbil en 1986, pero "mucho más grave" que el de Three Mile Island en 1979.

Los vecinos Corea del Sur y China, sin embargo, están preocupados por la contaminación radiactiva desde Japón. El Ministerio de Sanidad de China encontró rastros de radiactividad en espinacas en tres provincias chinas y medios surcoreanos han informado de temores a una lluvia contaminada.

En Washington, legisladores demócratas se preguntaron si los reguladores y la industria nuclear estaban haciendo lo suficiente para garantizar que los reactores estadounidenses puedan resistir un desastre de similares características.

La inquietud se concentró en una planta nuclear en Pensilvania que cuenta con el mismo diseño de reactor que la instalación en Fukushima.

Algunos legisladores sostuvieron que esa planta podría estar en riesgo de una fusión del núcleo en caso de una emergencia grave.